Blanca Ibáñez

La señora Blanca Ibáñez fue protagonista de la historia de Venezuela. Estuvo casada con un expresidente Jaime Lusinchi. LA PRENSA/Cortesía

Entre el poder y el silencio, una mirada desde primera fila a la convulsionada vida política de la Venezuela pre-chavismo

Entrevista a Blanca Ibáñez de Lusinchi, autora de una memoria sobre las pasiones, los errores, los aciertos y las consecuencias de haber estado en el poder en la Venezuela de la década del 80

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Acaba de presentar su libro Entre el poder y el silencio (Amazon) —de tono autobiográfico y testimonial— la señora Blanca Ibáñez de Lusinchi, quien en las dos últimas décadas del siglo anterior fue una figura relevante en los corrillos de la política de Venezuela.

Ibáñez fue primero asistente de Jaime Lusinchi, presidente de Venezuela entre 1984 y 1989. Ambos se casaron posteriormente. No obstante, se tejieron muchas historias que suscitaron algunas controversias y discusiones públicas. Para algunos, ella era vista como “la dama poderosa detrás del trono”.

Blanca Ibáñez es de conversación ágil, expresiones francas, manos finas y rostro acicalado. Tiene 77 años. Es viuda desde 2014. Nos habló de varios temas: desde la perspectiva agridulce de la naturaleza del juego político de su país y los recuerdos vividos junto al líder del ejecutivo de Venezuela entonces y líder de AD (Acción Democrática), Jaime Lusinchi.

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LA PRENSA entrevistó a Ibáñez en Coral Gables (Florida), en un patio de una residencia acogedora, bajo las sombras de árboles de mango y aguacate. Ella nos habló con convencimiento apasionado, como buscando reajustar o recomponer la historia.

Su voz surgía, a veces, con tonos entrelazados de nostalgia y cariño; otras veces con desconsuelo, marcado por las críticas traperas vividas; pero también mostrando sobresaltos emocionales por las satisfacciones de los logros alcanzados en aquel país hermano, obtenidos en la patria de Bolívar. El tiempo ha avanzado a zancadas. Hoy Venezuela lucha a brazo partido entre la búsqueda de la recuperación del republicanismo democrático o seguir en el horror y la continuación de la sangrienta tragedia chavista.  

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Usted ha estado involucrada en varias tareas públicas y sociales. Ha sido abogada, activista en derechos humanos, pintora y escritora. Y hoy nos presenta su segundo libro. Le preguntamos ¿quién es Blanca Ibáñez de Lusinchi?

Bueno, primero quiero darle las gracias a este renombrado Diario por permitirme llegar a tantos miles de sus lectores nicaragüenses.

Blanca Ibáñez es una activista venezolana-costarricense que ha estado involucrada en muchas actividades políticas de derechos humanos. Es política y también escritora; una mujer común dedicada hoy a su trabajo del cuidado de sus hijos. Me gusta leer, escribir y pintar. Es una mujer sincera, trabajadora. Igual que todas las mujeres que tenemos que enfrentar la vida para salir adelante.

¿Por qué publica Entre el poder y el silencio? ¿Qué objetivos persigue usted con este libro?

Mira, este libro se escribe primero porque era ya un compromiso conmigo misma. Era algo que yo me debía y era algo que también se lo debía a mis hijos. Y otro motivo fue el que no podía dejar que la historia me condenara solamente con los dichos de los demás. Esta es mi verdad y es lo que quise plasmar en este libro.

Escribo Entre el poder y el silencio porque ahí se cruzan las heridas y las esperanzas. El libro busca que el lector escuche lo que suele quedar oculto: la voz de quienes han resistido en silencio.

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¿Este libro significa todo el tiempo que usted esperó para darnos su versión de los hechos? ¿Por qué esperó tanto?

Yo digo que el tiempo es el mejor consejero para tú poder analizar cuando tienes un problema. Y yo no estuve callada los casi 40 años que he estado ausente de la vida cotidiana de los venezolanos. Y mucho menos en las redes. Yo escribí mi primer libro Crónicas de la persecución, en aquella época donde estaba todo ese auge de mentiras, de demandas de denuncias, ya que no podía publicar ese libro en los medios, pues tuve que hacer ese libro, que ya se está reeditando para el próximo año. Aun cuando no he estado en los medios, siempre he seguido a larga distancia todos los hechos de mi país y de Centroamérica.

¿Cuáles son los valores que Blanca Ibáñez defiende en este libro? ¿Y qué significó Jaime Lusinchi en la vida de la democracia en Venezuela?

Jaime fue un hombre dedicado, desde niño, desde los 14 años, a la política y a defender la democracia. Jaime era un estadista, un estadista completo, un demócrata a carta cabal. Y por eso yo lo defiendo. Yo lo defiendo en este libro mío, porque yo creo que presidente como él y hombres dedicados a su país, como él, dudo que existan. Era un hombre súper especial.

En este libro usted está tratando de señalar culpables, justificar los valores en los que usted cree. ¿No teme que la publicación va a generar mayores controversias?

Este libro no pretende señalar culpables de manera simplista, ni generar divisiones mayores. Mi intención es abrir un espacio de memoria y reflexión sobre el costo del poder y el silencio; y sobre los valores que considero esenciales para la vida pública o privada. Al compartir estas experiencias y convicciones, busco invitar al diálogo, a la comprensión y a la construcción de un sentido crítico que nos permita aprender del pasado. Si mi publicación genera debate, espero que sea un debate fecundo que nos ayude a pensar en cómo queremos vivir y liderar en el futuro.

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Pasemos ahora a su opinión y reflexión acerca de cómo ve a adecos (socialdemócratas) y copeianos (socialcristianos), cuando estuvieron en el poder. ¿Qué cree usted que hicieron mal para que facilitaran la llegada del chavismo al poder en Venezuela?

En aquella época los partidos políticos que estaban de moda eran: Copei, el MAS, el MEC, PRD. Todo aquello era una anarquía. Primero, la pelea entre ellos mismos. Era una guerrilla entre ellos el descalificarse y no sólo internamente, sino también entre todos los partidos. Yo creo que eso hizo que el discurso político de nuestra democracia cayera… o la gente se desilusionara. Y Chávez que venía avanzando, que ya era algo que estaba premeditado, pues encontró el camino fértil y ahí fue donde él se ubicó; los partidos políticos que existían para la época no se dieron cuenta, y empezaron a desacreditarse incluso públicamente. Entonces, yo creo eso fue lo que se sembró para que naciera lo que hoy existe en Venezuela.

Usted ha vivido mucho en el mundo de la política. ¿Cuáles son las tres lecciones aprendidas más importantes que Blanca Ibáñez saca de su experiencia al lado de la lucha por la democracia del pueblo venezolano?

Llegué de 22 años al poder político de Venezuela: al Congreso. Ahí pude ver cómo se desarrollaba todo. Y cómo se manejaba la política. Me siento que he aprendido y hoy día, ya a mi edad, cuando hago este libro… el pueblo necesita vivir en democracia. Eso es lo que yo siento que tiene que haber. Entonces el hecho de que los partidos no quieran entenderse, que no quieran unirse para el bien del país. Ahí es donde está el mal. Eso es lo que creo que he sacado. Un pueblo cuando vota por sus parlamentarios, por sus diputados, es para que el pueblo viva mejor. Pero eso no pasa cuando ya llegan ahí porque entonces es una pelea entre todos. Y el que sufre es el país. Eso es lo que siento.

El expresidente de Venezuela Jaime Lusinchi.

El expresidente de Venezuela, Jaime Lusinchi. LA PRENSA/Tomada de redes sociales

Hagamos una revisión de los que hizo Jaime Lusinchi después de haber dejado la Presidencia. Él fue el primero en convocar un foro de presidentes. ¿Cómo se llamaba esa organización y cuáles eran sus propósitos?  

Bueno, mira. Cuando nos vinimos ya aquí a la Florida; que nos estuvimos varios años por la persecución, Jaime iba y venía. Nunca se quedó aquí. Siempre estaba en Caracas… Tuve que venir acá y luego ir a Costa Rica para solicitar asilo político. Pero hicimos unas cosas muy bonitas acá en Miami. Creamos el Celac (Centro de Estudios para América Latina y el Caribe), que yo acá en mi libro lo reseño. Jaime acá hizo varios foros, en los cuales él y yo trabajamos mucho.

En ello estaban de directores varios expresidentes de América Latina: Belisario Betancourt, Alfonso López Michelsen, por Colombia; por Costa Rica, los expresidentes Rafael Calderón y Luis Alberto Monge; José Sarney, por Brasil —quien era muy amigo de Jaime—, y el presidente Julio María Sanguinetti, por Uruguay. Y también muy atento a ese trabajo que se quería hacer para no dejar que ningún gobierno viniera ningún movimiento a tomarse el país en la forma en que se vino dando lo de Venezuela. Pero ya para el año 2003 se fundó aquí el Celac. Después en Venezuela se nos robaron el nombre. Hasta eso.

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¿Qué cree usted que deban hacer los venezolanos y los latinoamericanos en general para evitar las terribles dictaduras socialistas en nuestros países?

Primero, debemos tener una voz clara y tener claro dónde estás, cómo vas a actuar; porque la gente se cansa. La gente ya no cree en la política; la gente que no cree que cuando se hace la campaña es que van a buscar el voto y después cuando llegan al gobierno ya no se ocupan del pueblo. Entonces, yo creo que hay que tener un nuevo discurso, un nuevo discurso que se tiene que llevar a nuestros países donde la gente sepa que cuenta con sus representantes. Eso es lo más importante para que no suceda lo que ha venido pasando en estos países donde no hay democracia y donde lo que reina es el caos.

Política Nicolás Maduro Venezuela archivo

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