Debo confesar que a mí me encanta esta saga maravillosa de ciencia ficción. Me fascina esta gran historia de lucha, coraje e integridad por la defensa de lo más preciado para un pueblo: su identidad, su modo de vida y sus valores únicos, por preservar lo que es y lo que lo define ante el embate brutal de un enemigo más poderoso.
La tercera entrega del director de Avatar, James Cameron, cuenta el siguiente episodio de la lucha del pueblo humanoide Na´vi, de piel azul, habitantes del planeta Pandora, ubicado a más de 40 mil millones de kilómetros de la Tierra , contra invasores humanos que quieren colonizar el exoplaneta para explotar sus recursos naturales.
La implacable, inescrupulosa y despiadada “gente del cielo” (Skypeople) —como las tribus nativas llaman a los invasores humanos que se desplazan en enormes naves espaciales— hará un nuevo intento de avanzar hacia sus objetivos.
Llevados por la codicia, planean una cacería masiva de tulkun, una especie de cetáceos que habita los mares de Pandora y que son usualmente pacíficos, pese a su tamaño y fuerza. Del cerebro de cada individuo adulto de tulkun, los cazadores humanos pueden extraer un litro de “amrita” , una sustancia rara y sumamente valiosa capaz de detener el envejecimiento humano, y, por lo tanto, es un negocio altamente lucrativo.
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¿Qué hay de nuevo en esta entrega?
Nuestro héroe principal, Jake Sully, un humano que decidió convertirse en un Na´vi y formar una familia con Neytiri, hija de un líder guerrero de un orgulloso clan, encabezará la lucha de los pueblos aborígenes contra la aplastante maquinaria bélica humana. En esta ocasión, los tulkun y otras criaturas marinas se unirán a la lucha para repeler a la temible “gente del cielo”.
El principal villano, el coronel Miles Quaritch, archienemigo de Jake Sully y los Na´vi, continuará sus esfuerzos para capturarlo y liquidarlo. Estará muy cerca de lograrlo.
En un giro que me recordó las tácticas de los conquistadores españoles en América, Quaritch forma una alianza con una tribu local, los Mangkwan, o “pueblo de las cenizas”, llamados así por untar su cuerpo con cenizas y que se dedican a asaltar caravanas viajeras y al pillaje. El coronel hace un trato con Varang, la “tsahik” (líder espiritual) del clan Mangkwan, implacable y sedienta de poder; a cambio de apoyo, les entrega armas de fuego.
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Kiri descubre su gran poder
Kiri, criada como hija por Neytiri y Jake, conocerá la verdad de que en realidad fue concebida y formada por partenogénesis, gracias a Eywa, la Madre Tierra (el diccionario de la RAE define el término como “modo de reproducción de algunos animales y plantas, que consiste en la formación de un nuevo ser por división reiterada de células sexuales femeninas que no se han unido previamente con gametos masculinos»).
Ella descubre que esa condición le concede un don singular de comunicarse con Eywa y usar la fuerza de esta. En la cultura de los Na’vi, ellos mismos y todos los seres vivos de Pandora son un todo inseparable unido a Eywa.

Esta tercera parte no trae nuevos y particulares efectos especiales en comparación a la segunda parte (Avatar 2 – El Camino del Agua), pero si querés potenciar la emoción y la formidable experiencia visual-sensorial de ver este filme te sugiero verla en 3D, aunque en versión 2D también será, sin duda, un momento de deleite audiovisual.
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Es parábola de nuestro mundo
Resulta muy evidente, a mi parecer, que la historia de “Avatar” es una parábola de nuestro propio mundo real, donde los pueblos nativos en todos los continentes luchan por proteger sus tierras, cultura y derechos ante el avance rapaz de un capitalismo voraz y salvaje que quiere apoderarse de recursos a toda costa.
El director y creador de la saga es James Cameron (Titanic). Es también el guionista junto a Rick Jaffa y Amanda Silver.
La podés ver este fin de semana en las salas de Cinemas y Cinemark en Managua, y en todas las salas de Cinermark y de Cinépolis en el GAM, en Costa Rica.
Solo te digo: ¡Andá vela ya! Ver tráiler oficial
El autor es periodista, exeditor de LA PRENSA (1997-2008), y un empedernido cinéfilo.