El Apátrida Nicaragüense como Personaje del Año 2025

LA PRENSA ha nombrado personaje del año 2025 al Apátrida Nicaragüense, la representación de todos los compatriotas a los que la dictadura, ya sea por medio de su legalidad totalitaria (asentada en la perversión del derecho), o por vías de hecho, los ha desterrado o forzado al exilio; los que han sido despojados de su nacionalidad o impedidos de regresar a Nicaragua; a quienes les han borrado sus registros legales o cancelado el acceso a ellos y de esa manera los han convertido en apátridas de hecho.

Técnicamente, de acuerdo con el derecho internacional establecido en la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas, aprobada por las Naciones Unidas (ONU) en 1954, los nicaragüenses que han sido forzados a esa condición por la dictadura no son exactamente apátridas. Pues, según el texto de dicha Convención, apátrida es “toda persona que no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado, conforme su legislación”.

Pero a los nicaragüenses que de una u otra manera la dictadura ha despojado de su nacionalidad, la comunidad internacional no los considera apátridas sino refugiados. Inclusive, el Gobierno del Reino de España les ha ofrecido y concedido a muchos de ellos la nacionalidad española.

Igualmente, condenar a las personas a la apatridia —ya sea “legalmente” o de hecho—, de manera formal no es un delito de lesa humanidad. Pero de hecho y en rigor de justicia sí lo es, porque en este caso la apatridia es consecuencia de la persecución, la deportación y el destierro, delitos gubernamentales que sí están tipificados como crímenes contra la humanidad. Y así los han calificado y denunciado los organismos nacionales e internacionales de derechos humanos, incluso el de la ONU.

El apátrida nicaragüense es una persona multidimensional. No solo sufre el rigor y las consecuencias de la represión, la dureza y precariedad de la sobrevivencia en el exilio y el destierro. Es también un héroe de la resistencia humana y ejemplo de la capacidad de adaptación a medios extraños (en ocasiones incluso hostiles), y de la voluntad de triunfar en los muy competitivos ámbitos educativo, académico, cultural, económico y social de otros países.

Algunas personas de mucha capacidad intelectual y formación política nos han dicho que el personaje nicaragüense de 2025 podría haber sido la codictadora Rosario Murillo, esa siniestra figura política que este año alcanzó la cima de su poder totalitario. Lo que logró mediante la imposición de una Constitución totalitaria, la subordinación total a ella de las instituciones y organismos del Estado y la barrida de obstáculos para su sucesión en el poder estatal familiar, hasta en las filas de su propio partido. O mejor dicho pandilla, porque del FSLN no se puede decir que en rigor de verdad es realmente un partido político.

En principio tienen razón esas personas. En realidad, para un medio de prensa independiente y profesional, el personaje del año no debe de ser solo alguien que durante ese lapso hizo acciones notables en beneficio de las personas, la sociedad y la nación.

También puede ser personaje del año un ser malvado que durante ese período realizó las peores acciones contra la gente, su propio país y hasta la humanidad. Por eso fue que la célebre revista Time escogió en 1938 a Adolfo Hitler como personaje de ese año. Y a quienes malinterpretaron y criticaron la decisión, la revista les aclaró que un medio de prensa profesional no distingue solo a quien se destaca por sus hechos bondadosos, sino también “a la persona que haya tenido el mayor impacto en los acontecimientos del año”. Así hubiera sido por el mal que hizo.

Pero en la cultura política nicaragüense no se comprendería que se nombrara como personaje del año a quien le ha hecho los peores males a Nicaragua, a la gente y al mismo Diario LA PRENSA, que ahora se edita solo en línea y en el extranjero porque sus periodistas están en el exilio debido a la represión y porque las instalaciones y demás propiedades del periódico fueron confiscadas por orden de esa misma persona que es como la encarnación del mal.

Pero, además, el apátrida nicaragüense que soporta con estoicismo esa condición inmerecida es quien mejor representa la fortaleza, la resiliencia y la esperanza de todos los nicaragüenses dignos que ansían la llegada del día luminoso cuando en Nicaragua vuelva a haber libertad. Y que los apátridas de Nicaragua, que nunca han dejado de ser nicaragüenses por su derecho natural, su conciencia y su corazón, puedan recuperar su condición jurídica formal y sus plenos derechos de ciudadanos en una patria materna por fin libre y democrática.

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