Rafael Ángel Calderón Guardia y Anastasio Somoza García posan en ropa de baño. A la par de Somoza se encuentra Óscar Sevilla Sacasa, canciller de Nicaragua, junto a oficiales de la Guardia Nacional. LA PRENSA / ARCHIVO REDES

La guerra que no fue: el fracaso militar de Somoza en Costa Rica

El dictador involucró a Nicaragua para apoyar a su viejo amigo Rafael Calderón Guardia, quien quiso retomar el poder por la fuerza, convirtiéndose en un fracaso militar.

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Anastasio Somoza García gobernaba con mano de hierro Nicaragua, sometiéndolo como sabía hacerlo: a través de las armas y la fuerza. Ese pensamiento autoritario lo llevó a creer que podía imponer su voluntad también en otras naciones, como ocurrió con Costa Rica, que atravesaba un conflicto político tras la Revolución de 1948 liderada por José Figueres Ferrer. 

Somoza era enemigo declarado de Figueres, quien a su vez contaba con el respaldo de la Legión del Caribe, un grupo de revolucionarios cuyo objetivo era derrotar las dictaduras de derecha que, en aquella época, se encontraban en ascenso en todo el hemisferio. 

Como consecuencia de la derrota política y militar sufrida en Costa Rica, el expresidente y caudillo Rafael Ángel Calderón Guardia se vio obligado a solicitar asilo en Nicaragua, donde encontró apoyo en su amigo Somoza García. Desde ese país se planificó una invasión militar con el propósito de devolver a Calderón al poder por la vía armada. 

El intento de invasión se inició el 11 de enero de 1955 y fue planeado y auspiciado por el dictador nicaragüense con la finalidad de derrocar al gobierno de José Figueres Ferrer. 

También colaboraron los regímenes dictatoriales de Rafael Leónidas Trujillo, en República Dominicana; Marcos Pérez Jiménez, en Venezuela; y Carlos Castillo Armas, en Guatemala. Los grupos militares que partieron desde territorio nicaragüense estaban conformados, en su mayoría, por costarricenses exiliados que años atrás habían perdido la guerra civil de 1948, comandados por el expresidente Rafael Ángel Calderón Guardia y su hermano Francisco. 

Ante la invasión de enero de 1955, la reacción del pueblo costarricense fue ponerse a disposición del gobierno, conformando un ejército de aproximadamente diez mil voluntarios. 

Por su parte, el gobierno venezolano facilitó a los invasores una flotilla de siete aviones C-47 y, días después, San José fue ametrallada por una de estas aeronaves. 

Rafael Leónidas Trujillo utilizó a la Guardia Nacional de Nicaragua como intermediaria para entregar armamento moderno a los invasores, como aporte de su gobierno a la causa bélica. Guatemala fue el aliado más cauteloso de la operación, limitándose únicamente al envío de un avión de combate P-38, piloteado por el estadounidense Jeffry Delarm, veterano de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. 

Somoza García negó rotundamente la participación de su ejército y del territorio nacional en el ataque contra la nación vecina, intentando —como se dice popularmente— tapar el sol con un dedo, además de soportar los fuertes reclamos del gobierno de los Estados Unidos. 

Finalmente, la escaramuza duró poco tiempo, del 11 de enero al 21 de febrero de 1955, provocando la derrota de los rebeldes calderonistas y de las fuerzas invasoras, que se vieron obligadas a replegarse hacia Nicaragua. El ejército de voluntarios comandados por José Figueres Ferrer lograron detener y defender la invasión extranjera y de los Calderonista, logrando muchas bajas y capturando a sus enemigos, fue una guerra de baja intensidad y rápida debido a la experiencia militar de Pepe Figueres y sus soldados. 

Este fue el último conflicto militar que enfrentó Costa Rica, consolidando la paz y una democracia que ha perdurado por décadas. En contraste, Nicaragua continuó sumida en ciclos de autoritarismo, primero bajo la dinastía somocista, luego con la dictadura sandinista y, en la actualidad, bajo el régimen Ortega-Murillo, que ha negado al pueblo nicaragüense paz, libertad y democracia. 

En la década de los cincuenta, la región estaba dominada por caudillos y ejércitos; ninguna figura política podía sostenerse sin alianzas externas. La amistad Calderón–Somoza fue, más que una relación de admiración mutua, un pacto de supervivencia en un entorno regional inestable. LA PRENSA / ARCHIVO REDES
Rebeldes calderonistas apoyados por Anastasio Somoza García, con armamento y municiones aportadas por el dictador Rafael Leónidas Trujillo, de República Dominicana. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Soldados leales a José Figueres Ferrer en el campo de batalla. Para entonces, Costa Rica ya había abolido el ejército, el 1 de diciembre de 1948. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Imagen del expresidente de Costa Rica, Teodoro Picado Michalski (1944-1948), durante su exilio en Nicaragua, con un ejemplar del diario La Prensa anunciando el conflicto militar. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Rebeldes capturados en Villa Quesada, en enero de 1955. Rafael Calderón Guardia dirigió una invasión a su país desde Nicaragua, a control remoto, en complicidad con su amigo, el dictador Anastasio Somoza García. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Soldados de Costa Rica se mofan del dictador Anastasio Somoza García con una leyenda escrita sobre restos de un avión invasor derribado. LA PRENSA / REVISTA LIFE
El gobierno de Figueres hizo un llamado a la ciudadanía para unirse como voluntarios en defensa de la soberanía nacional, y miles respondieron. En la imagen, los héroes de Palmares de 1955. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Vehículo antiaéreo Autocannone da 20/65 su FIAT-SPA 38R, de origen italiano, utilizado por el ejército costarricense contra los invasores calderonistas procedentes de Nicaragua. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Un soldado armado con fusil y bayoneta posa sobre un tanque militar del ejército invasor de Rafael Calderón Guardia. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) que llegó a San José para mediar en el conflicto. LA PRENSA / REVISTA LIFE
El rebelde Carlos Salazar (centro), capturado por la Guardia Nacional de Costa Rica. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Las mujeres también participaron en el conflicto militar para repeler la invasión y atender el llamado patrio realizado por José Figueres Ferrer. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Un soldado junto a un cañón antiaéreo en las afueras de la Penitenciaría Central de San José, hoy Palacio de los Niños. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Uno de los cuatro aviones de combate Mustang P-51D vendidos por Estados Unidos, a un costo simbólico de un dólar cada uno, al gobierno de José Figueres Ferrer. El conflicto, que involucró a países como Costa Rica, Nicaragua, Venezuela y República Dominicana, puso en una posición incómoda a Estados Unidos, cuyos aliados estaban enfrentados entre sí. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Fuerzas del gobierno de José Figueres Ferrer en el terreno de combate, intentando frenar la invasión procedente de la frontera nicaragüense. LA PRENSA / REVISTA LIFE
Costarricenses celebran la victoria cargando en hombros al coronel Marcial Aguiluz Orellana, fiel soldado y amigo de José Figueres Ferrer. LA PRENSA / REVISTA LIFE
La Prensa Domingo Costa Rica Nicaragua Somoza archivo

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