No por mucho madrugar amanece más temprano

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En mi último artículo adelanté que abordaría el tema sobre la finalidad de los partidos políticos. Cumpliendo con dicho ofrecimiento les comparto mi apreciación sobre el tema y como dijera en mi comentario, lo haré con la delicadeza de quien se come un pescado lagunero.

Comienzo; Qué es un partido político, les dejo un resumen resumido de lo que encontré. Un partido político es una organización de ciudadanos que comparten intereses e ideas comunes para participar en la vida democrática de un país y acceder al poder público mediante el voto. Su función principal es presentar candidatos para cargos públicos en época de elecciones. Para funcionar deben cumplir con ciertos requisitos legales, como registrarse conforme a las leyes del país que pretenden gobernar y regirse por principios y programas claros. 

Características principales. Presentan y seleccionan a los candidatos que competirán por puestos de elección popular (presidente, diputados, alcaldes etc.) en las elecciones. Se basan en programas, principios e ideologías comunes y definen su visión sobre cómo manejar el país.

Ahora, la pregunta del millón de dólares. ¿Qué cualidades debe tener un aspirante a dirigente de partido político?

Un dirigente de partido político debe poseer una combinación de habilidades comunicativas, carisma, integridad y una visión clara. También se requieren capacidad de análisis para resolver problemas complejos, habilidad para liderar un equipo de manera democrática, y la habilidad para construir relaciones sólidas.

¿En qué se diferencia un dirigente político del líder? La principal diferencia es que un dirigente tiene un rol formal, con responsabilidades operativas y estratégicas dentro de un partido y está sujeto a plazos. Un líder, en cambio, inspira y moviliza a través de su ideología y visión y puede existir más allá de un cargo oficial, el líder no pretende representar a nadie, se representa a sí mismo, son sus ideales y ejemplo, los que inspiran y hacen que otros lo sigan.

He abordado este espinoso tema después de leer en las páginas sociales la creación de varios partidos políticos que pretenden apoyarse en liderazgos ajenos para agenciarse una legitimidad que algunos grupos de personas les cuestionan. Mi humilde consejo a esa persona es que tenga cuidado, extremo cuidado en involucrar su liderazgo en una causa que, aunque de apariencia noble, podría comprometer su propia causa o ser motivo de futuros ataques innecesarios, de quienes no comulgan con las acciones y visión de quienes solicitan su apoyo.

En mi artículo anterior que titulé calidades y cualidades de un buen mediador, hice una semblanza de algunas características esenciales de un aspirante a ser buen mediador. Y la persona que aparentemente buscaron los dirigentes de los noveles partidos a los que me refiero, tiene suficientes motivos personales y políticos de qué ocuparse para echarse encima uno más, por lo que mi vaticinio, sin ser sajurín ni adivino, es que tanto los dirigentes de dichos partidos, sus partidos, sus partidarios y el posible mediador saldrán chamuscados (nicaraguanismo que significa quemado) si la mediadora en cuestión aceptara la solicitud que le han hecho. La razón es muy sencilla, los partidos en exilio usualmente no tienen patria donde ejercer sus funciones, además existe el principio de que los partidos parten, no unen.

Para finalizar, les comento que la frase que da título a este artículo, la cual no es para nada antojadiza, tiene su razón de haber sido escogida y tengo la plena seguridad que tanto mis amigos como mis dilectos lectores, la descifrarán sin mayores problemas.

El autor es analista político.

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