Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Hay alboroto en la oposición. Su origen fue el anuncio de Juan Sebastián Chamorro como coordinador del partido CxL (Ciudadanos por la Libertad) y de Félix Maradiaga como autor de un nuevo partido, Ruta del Cambio. Algunas voces han considerado esto como competencia electoral prematura, alegando que no es momento para promover partidos y que torpedea, además, la unidad opositora.
Para analizar con la validez de estas objeciones conviene analizar cuál ha sido el principal obstáculo para la unidad. Los egos y el individualismo juegan, indudablemente, un papel, pero hay otro factor estructural importante: el hecho del cómo está constituida la oposición nicaragüense en el exterior.
Tanto Monteverde, como la Gran Coalición Opositora, del padre Benito Martínez, como otras tantas plataformas opositoras están constituidas por una amalgama de oenegés, movimientos de la sociedad civil, gremios, representantes juveniles, regionales, partidos políticos e, incluso, personas a título individual. Juntos superan los cien. Y todos pretenden tener cierta representatividad e igualdad jerárquica en las votaciones.
Unir todos estos “vigores dispersos” es misión imposible. Los seis años que han pasado sin lograrlo es la mayor evidencia. Son muchos los caciques y desconocido el número de sus indios. Observaba al respecto José Antonio Peraza que una de las grandes dificultades actuales es carecer de herramientas que permitan medir la fuerza o peso específico de cada uno, y citaba a Max Weber: líder es quien tiene gente que lo siga.
La salida ante este problema es aglutinar la oposición en torno a partidos políticos. Estos son las instituciones a través de las cuales ciudadanos con similares visiones o preferencias se organizan para llegar al poder en las democracias. Si quieren tener peso deben conseguir gente que los siga y demostrarlo. No habría mayor problema si llegasen a surgir muchos, siempre y cuando sea posible discernir su capacidad de arrastre, tarea difícil pero técnicamente posible.
En este sentido es una buena noticia que CxL, que llegó a tener un fuerte tendido electoral en Nicaragua, y que aglutina buena parte del liberalismo, esté haciendo esfuerzos para construir una vasta red fuera del país. Y no hay nada novedoso o contraproducente en que haya elegido a Juan Sebastián Chamorro como coordinador.
Los otros movimientos opositores, como Unamos, de Suyén Barahona; Resistencia Nicaragüense, de Luis Fley; UNA, de Lésther Alemán; Alianza por la Libertad, de Álvaro Somoza, y otros, deben hacer lo mismo: fortalecer sus estructuras y competir entre sí, o juntarse con otros. Así se irá decantando el panorama y surgirán los verdaderos liderazgos. Estos tendrían más facilidad para unirse que las sopas de letras y generar así los más legítimos interlocutores de la oposición, ante el pueblo y ante la comunidad internacional.
Obviamente, lo más importante será conseguir la unidad de los más fuertes, y es aquí donde entra el problema de la aparición del nuevo partido de Félix Maradiaga. Pues para nadie es secreto que esto anuncia división en el bloque político liberal, que hoy es el más fuerte y visible. Lo agravante es que no se trata de una división por razones ideológicas y programáticas, sino por disputa de liderazgos. Su efecto es preocupante pues crea rivalidades y posibles fricciones dentro del propio liberalismo.
Puede tener Félix razones para sentir que en CxL no se le ha dado su espacio. Él es muy preparado, elocuente, y poseedor de grandes éxitos y reconocimientos en muchos foros internacionales. Es entendible que reclame un protagonismo privilegiado. No es lógico, sin embargo, que haya pretendido el endoso de CxL para incorporar su recién creado partido a la Internacional Liberal, pues era pedirle bendecir una división lamentable.
Ojalá puedan superarse estos escollos. Juan Sebastián y Félix son actualmente los líderes con mejores credenciales de la oposición nicaragüense. El primero cuenta con la red laboriosamente construida por CxL, y el segundo, con sus excelentes vínculos internacionales. Juntos harían un formidable frente unido liberal. Podría lograrse esto dialogalmente, pero con buenas dosis de patriotismo y humildad, o bien con primarias bien auditadas que elijan su directorio. Lo que ocurra pondrá a prueba la fibra moral de los involucrados.
El autor es sociólogo y exministro de Educación.