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En noviembre de este año, la campaña militar de los Estados Unidos frente a las costas de Venezuela recibió públicamente el nombre que encabeza estas líneas, cuyo original en inglés es Operation Southern Spear. Esta campaña dirigida por el Comando Sur de los EE.UU. se enfoca en operaciones antinarcóticos, vigilancia y acciones militares contra redes de narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico Oriental, especialmente en las proximidades de Venezuela.
Fuerzas militares de Estados Unidos fueron desplegadas cerca de Venezuela por primera vez en agosto de este año, como parte de un refuerzo inicial bajo el Comando Sur. El 15 de agosto la cadena de televisión CNN reportó la presencia en aguas del Caribe de unos 4,000 miembros de la Marina de Guerra y la Infantería de Marina de los EE.UU. a bordo de destructores armados con misiles y buques de asalto anfibios. Una de las primeras unidades mencionadas por la prensa fue la 22 Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina.
En la última semana de noviembre de 2025 el despliegue de fuerza militar estadounidense alcanza su punto máximo, al menos por ahora. El portaviones más grande del mundo, USS Gerald R. Ford, a propulsión nuclear, con una tripulación de 4,500 marineros y capacidad para 75 aviones de guerra, llegó a la zona el 11 de este mes y se encuentra 300 millas al norte de Venezuela, acompañado de su grupo de combate compuesto de siete destructores equipados con misiles tipo Tomahawk para ataques de precisión, y un crucero de misiles guiados para la defensa aérea y apoyo a combates de superficie.
El grupo de combate del USS Iwo Jima, buque de asalto anfibio, está desplegado en la zona desde agosto. Para la vigilancia encubierta los efectivos militares de EE.UU. cuentan con el submarino de ataque nuclear USS Newport News, que también podrá brindar apoyo a la acción militar que se emprenda. El buque MV Ocean Trader es la base flotante empleada para misiones de fuerzas especiales. A bordo lleva 150 Marine Raiders, especialistas en misiones contra personas (llamadas targets) de alto valor.
Además de su unidad expedicionaria antes mencionada, la Infantería de Marina cuenta con aviones de combate, entre ellos los Osprey MV-22B para rápida inserción y extracción de tropas.
No daré la lista completa de aviones de guerra, como los bombarderos estratégicos B-52H, los Stratofortress, verdaderas fortalezas volantes, o los F-35A situados en Puerto Rico. Basta señalar que si bien la operación está bajo la dirección de la Marina de Guerra, tanto el ejército como la fuerza aérea de Estados Unidos participan en la Operación Lanza del Sur, que como podrá ver quien sepa leer entre líneas ha sido diseñada cuidadosamente con arreglo a la doctrina militar vigente en los Estados Unidos. Sólo diré que no hay comparación válida con la operación militar llevada a cabo por los Estados Unidos en Panamá para capturar a Manuel Noriega. Hay parecidos, sí: dos dictadores rechazados por sus pueblos en las urnas. Pero la doctrina militar estadounidense ha cambiado desde 1989.
Paralelamente a la planificación militar, el Gobierno de Estados Unidos ha elaborado un andamiaje político y jurídico para la operación en curso. El aspecto político en su expresión pública está a cargo del presidente Trump. En reiteradas ocasiones, sea en respuesta a preguntas de periodistas o motu proprio, Trump viene enfatizando que actúa en defensa del pueblo de su país ante la amenaza mortal del tráfico de drogas, causante de cientos de miles de muertes de ciudadanos de los Estados Unidos. Señala al Cártel de los Soles como uno de los principales motores de ese tráfico, así como del envío de delincuentes, especialmente los integrantes del Tren de Aragua, como falsos refugiados políticos. De todo ello hace responsable a Nicolás Maduro como dirigente principal del Cártel de los Soles, quien detenta la presidencia de Venezuela ilegalmente por haber perdido las últimas elecciones.
Las acciones militares emprendidas en el Caribe y Pacífico Oriental contra lanchas de presuntos narcotraficantes se llevan a cabo para defender al pueblo estadounidense del flagelo de las drogas. Las acciones que pueda aprobar de ahora en adelante no van dirigidas contra el gobierno, ni mucho menos el pueblo de Venezuela, sino contra el narcotraficante Maduro, quien debe comparecer ante el tribunal federal del sur del estado de Nueva York, donde ha sido encausado.
Los argumentos legales están a cargo del secretario de Estado Marco Rubio, quien además es asesor de seguridad nacional del presidente de los Estados Unidos, interinamente. Cabe mencionar que desde que el célebre Henry Kissinger ocupó estos dos cargos simultáneamente, es esta la primera vez que se repite la hazaña.
El 24 de julio pasado, el Departamento de Comercio de EE.UU. completó los trámites para declarar al Cártel de los Soles como entidad terrorista global especialmente designada (SDGT por las siglas en inglés). El 16 de noviembre en curso, el secretario de Estado Rubio anunció la intención de su departamento de designar al Cártel de los Soles como organización terrorista extranjera (Foreign Terrorist Organization, FTO), con efecto el lunes 24 de noviembre de 2025. La designación FTO conlleva fuertes restricciones, incluyendo la congelación de activos y sanciones penales para quienes brinden apoyo material al cartel. El anuncio de Rubio ha sido visto por comentaristas y la prensa como un ultimátum a Maduro y sus principales cómplices para abandonar el poder antes de lo que aparenta ser una acción militar en suelo venezolano.
En pocas horas —lo presiento, no lo anuncio— veremos el resultado de toda la planificación que aquí he querido resumir. Hay mucho en juego, y no es sólo Venezuela. Se abre una nueva esperanza para el pueblo nicaragüense, y espero que así sea para mi sufrido y muy maltratado pueblo cubano.
El autor es abogado, politólogo y diplomático
cubano.