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Cuando la periodista nicaraguense Sharon Bermúdez llegó a Países Bajos en 2022, no imaginaba que la maternidad la confrontaría con que su hijo creciera sin sentir el “voceo” nica, sin reconocer el sabor del pinolillo o sin saber que es nicaragüense. Eso, confiesa, fue uno de sus mayores temores. A miles de kilómetros de su familia, con un bebé que nació en un entorno completamente distinto al suyo, descubrió que criar en el exilio significa también defender una identidad.
“Me da mucho miedo que aquí aprenda otro idioma y se desconecte completamente de lo que él es, porque él es nicaragüense”, cuenta. Su hijo tiene menos de dos años, pero Bermúdez ya batalla para que no pierda el acento cuando crezca, para que escuche música nica, para que coma nacatamales y pinolillo, para que comprenda desde ahora que su origen es parte de él.

Una pausa nica entre la prisa
Jesús Elías Cáceres hizo el mismo viaje, pero en otra dirección. Partió en diciembre de 2023 hacia Estados Unidos. Su hijo nació allá, en una cultura que describe como “acelerada”, donde “los niños prácticamente se crían solos porque los padres están trabajando”.
Sin embargo, Cáceres insiste en hablarle español, en ponerle música de marimba, en que pruebe los nacatamales y en que algún día conozca el mercado donde él mismo se forjó en Nicaragua.
«Le digo a su mamá que cuando tenga edad lo mando a trabajar al mercado para que vea que las cosas cuestan”, dice entre risas, pero con convicción.
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Un reto que empieza desde el idioma y llega hasta la comida
Sharon Bermúdez resume la maternidad lejos de su familia como un gran reto. Llegó a Europa embarazada y enfrentó la maternidad lejos de su mamá, de su hermana y de su círculo de apoyo. Según narra, la ausencia física de la familia provoca que cada avance de su hijo sea algo que su familia conoce solo por videollamada.
Por otro lado, Cáceres relata que vive una experiencia distinta, puesto que su hijo va a la guardería desde los siete meses. Todo a su alrededor es inglés, en medio de la prisa.
“En todos lados aquí es inglés. Entonces en casa le hablamos español, le enseñamos palabras. Aunque esté chiquito, entiende todo. Uno extraña la comida de la casa. Tratamos de hacerla lo más parecida para que él sepa de dónde viene”, señala, a la vez que señaló que en su casa en EE. UU. buscan ingredientes para que el niño conozca los sabores de su origen.

“Familia nica” fuera de Nicaragua
En Países Bajos, Bermúdez forma parte de un grupo de 14 nicaragüenses que se reúnen para cumpleaños y fechas importantes.
“Aquí venimos a crear también una pequeña familia. Esa comunidad ha sido esencial para que mi hijo crezca escuchando voces nicas y compartiendo costumbres», relató.
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El futuro de viajar y conocer
Los dos padres saben que no pueden controlar los intereses futuros de sus hijos, pero sí pueden sembrarles un origen al que puedan regresar. Bermúdez quiere llevarlo a Nicaragua cuando pueda, que conozca dónde crecieron sus padres, que vea cómo es distinta la vida allá, no para mostrarle “lo que se perdió”, sino para mostrarle su raíz.
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Cáceres tiene un deseo similar. “Tal vez nosotros no volvamos a vivir allá, pero el niño sí va a ir de vacaciones. Que vea que las cosas cuestan, que conozca la cultura, que viva un poco lo que es Nicaragua”, señaló.