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El día 20 de noviembre de este año dos acontecimientos históricos han ocupado las páginas de los diarios, radios, televisión, prensa escrita y redes sociales. Son dos acontecimientos que ocupan distintos puestos en la historia de España. El primero es el recuerdo de la muerte de Francisco Franco Bahamonde, el 20 de noviembre de 1975, en la cama de un hospital de Madrid, y el segundo es la histórica sentencia que dictó el Tribunal Supremo en este mismo día contra el fiscal general del Estado. Ambos como es natural los analizaremos por separado.
Empecemos por la muerte de Franco en la fecha indicada, en el hospital de la Paz en Madrid, después de una enfermedad que empezó con una tromboflebitis y que al complicarse terminó en parada cardíaca que no hubo manera de superar. Murió a los 82 años, después de gobernar en España durante cuarenta años, desde el fin de la guerra civil en 1939 hasta su muerte en 1975. Por lo tanto, se conmemoran los cincuenta años desde su muerte.
Franco junto con otros mandos desarrolló parte de su carrera en África y con otros generales se sublevó contra la República que estaba bajo la jefatura del histórico Manuel Azaña, líder del Frente Popular, y fue llamado por otros generales con gran predicamento en el ejército como Miguel Cabanellas, Emilio Mola, Gonzalo Queipo del Llano, José Millán Astray y Luis Orgaz y otros, quienes impulsaron y proyectaron una guerra civil que según historiadores dejó un saldo de un medio millón de muertos en ambos bandos.
Establecieron su cuartel general primero en Salamanca y posteriormente se trasladaron a Burgos donde se estableció la Junta de Defensa Nacional primero en forma colegiada, que gobernaba con plenos poderes en los lugares en que iban ganando en la contienda con poder absoluto y de allí se puso al frente de la Junta el general Franco, aunque algunos de los generales que se iban sumando al movimiento nacional, se opusieron en poner a la cabeza del alzamiento a Franco.
Franco fue un militar fogueado en las guerras del norte de África donde estaba colonizando España y allí ganó mucho prestigio como táctico y estratega en campo de batalla, y fue debido a ello que los sublevados en la España continental lo llamaran para integrarse plenamente al l golpe contra la República cuya ideología era marcadamente socialista y comunista apoyada por la entonces Unión Soviética.
La guerra terminó el 1 de abril de 1939, con la victoria total del bando nacionalista, y dicha guerra se originó por la polarización política y el intento fallido de golpe del Estado del Ejército en 1936. Los bandos enfrentados eran el republicano apoyado por sindicatos, partidos socialistas, comunistas y anarquistas que recibió ayuda de la Unión Soviética como dijimos antes y las brigadas internacionales formada por voluntarios extranjeros.
El bando nacionalista liderado por Franco contó con apoyo de la Iglesia católica, grupos conservadores de terratenientes y antiguos monárquicos y el ejército y la Falange en el frente interno. Recibió ayuda de la Alemania nazi y de la Italia fascista. Quienes ya en la II Guerra Mundial recabaron el apoyo de Franco, pero este se negó a sumarse a los más tarde perdedores de la guerra mundial. Incluso llegó a tener un encuentro con Hitler en Hendaya el 23 de octubre de 1940, cuyo objetivo era negociar la posible entrada de España en la II Guerra Mundial.
Franco gobernó con mano fuerte durante los primeros años de su nombramiento como jefe de Estado y Generalísimo de los ejércitos, siendo los pilares de su mando tanto el Ejército en tres ramas, la Falange, y la Iglesia católica que había sufrido en carne propia los horrores de la guerra fratricida entre hermanos. Había dividido a familias enteras, hermanos en un bando y otros en el otro bando, padres contra hijos, etc. No permitió la implantación de partidos políticos ni movimientos que estuvieran fuera de su égida. Tuvo como consecuencia el exilio de miles de españoles a Francia y otros países entre ellos México en Iberoamérica. Sin embargo, a su muerte se decía que todo había quedado atado y bien atado, sucediéndole en el mando el rey Juan Carlos de Borbón I, que no era el heredero de la corona, sino su padre D. Juan de Borbón y Battenberg, el primero en la línea de sucesión del rey Alfonso XIII a quien destronó la República y tuvo que exiliarse en Italia.
La segunda noticia muy trascendental e histórica en la España democrática ha sido la sentencia dictada por la Sala Segunda del Tribunal Supremo, contra el fiscal general de España, Álvaro García Ortiz, que condena al mencionado a la suspensión de su cargo en la cabeza de la Fiscalía General de España, por dos años, al pago de una indemnización al perjudicado de diez mil euros y el pago de las costas procesales ocasionadas.
Lo histórico es que es la primera vez en la historia de España que se condena al defensor de la ley, por haberla vulnerado filtrando datos de un asunto en el que estaba involucrado el novio de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso, referente a un caso sobre supuesta defraudación fiscal de 350,000 euros, que era acusado por la Fiscalía en nombre de Alberto González Amador.
La Fiscalía bajo la jefatura de García Ortiz, para afectar a la bestia negra del PSOE, la presidenta Ayuso, filtró el nombre y los cargos que se le imputaban al parecer por instrucciones del presidente del Gobierno Pedro Sánchez, quien le nombró en el cargo, giró instrucciones a uno de sus subordinados a mandar a los diarios dicho nombre que por mandato legal estaba imposibilitado de hacer tal maniobra que afectaba al honor y la vida privada del imputado quien en defensa de sus derechos interpuso una querella, junto con otro grupo llamado Manos Limpias, e incluso por el decano del Colegio de Abogados de Madrid que reforzó la acusación que el Supremo aceptó y empezó las investigaciones del caso.
Una vez sustanciados los trámites del caso en los que el fiscal era defendido por otro fiscal y por un abogado del Estado, da una idea que lo que querían era a toda costa salvar al defensor de la ley en su papel de acusado.
En otro países de Europa democrática este hecho es suficiente para demostrar que nadie está por encima de la ley, máxime quien está encargado de defenderla con más ahínco y esto también es suficiente para llevar a la destitución del propio presidente del Gobierno su mentor en el cargo. En otro artículo analizaré con más profundidad este tema que es de suma trascendencia.
El autor es abogado y comentarista político nicaragüense residente en España.