Las falsas ofertas de empleo para labores de modelo, que han encendido alertas en Nicaragua por ser posibles mecanismos para estafas o captación de víctimas de trata de personas, no son la forma más predominante de captación, advierte la antropóloga Gabriella Sánchez, investigadora de temas de tráfico ilícito de migrantes y trata de personas, y consultora de ONU Mujeres.
En Centroamérica —afirma— la captación ocurre sobre todo a través de redes “de confianza”, que pueden estar integradas por familiares, amistades o conocidos.
En dichas redes de confianza —explicó la especialista— se ofrece a las potenciales víctimas de trata de personas supuestas oportunidades laborales, cuyo vínculo de confianza dificulta que las víctimas identifiquen la explotación y violencia, y hace que sean casos que no se denuncian.
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“La accesibilidad de las redes sociales y el hecho de que las personas pasan mucho tiempo dentro de ellas nos expone a todos a esos anuncios, a ese tipo de publicidad. Y en muchas ocasiones sí hay ofertas que parecen demasiado buenas para ser ciertas, y sabemos que algunas personas sí pueden ser explotadas o reclutadas por medio de ese tipo de publicidad. Pero lo que también sabemos a nivel centroamericano es que la mayoría de los casos de trata de personas no vienen de estos contextos”, afirmó Sánchez.
Captación de víctimas disfrazada de «favores»
Resaltó que para que exista la trata de personas “debe haber un vínculo de confianza”, por lo que “la mayoría de los casos de trata de personas ni siquiera son vistos o identificados o reportados como tales, porque muchas veces las ofertas vienen de amigos, de familiares, personas conocidas a las familias. No se ven como explotativas, sino incluso como favores que se le están haciendo a las familias, a los conocidos, para que puedan trabajar”.
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En ese tipo de situaciones, cuando la trata de personas ocurre por medio de redes de confianza, lo que sucede —indicó Sánchez— es que “algunas condiciones de estos trabajos, por ejemplo, van cambiando. A mí me dijeron, por ejemplo, que me fuera a trabajar a la ciudad con una familia que me va a tratar muy bien; ya cuando llego allá es otra familia que no me trata tan bien y no me pagan lo que me dijeron o no me pagan”.
“La mayor parte de los casos de trata que se conocen, que se identifican, que se persiguen, no tienen nada que ver con el elemento de las redes sociales, sino más que nada con la proximidad de las víctimas y las personas que ejercen su explotación”, reiteró la experta.
Múltiples formas de explotación
Sánchez explicó que la trata de personas no solo se da a través de formas de explotación sexual, sino que también incluye “explotación laboral, extracción de órganos, mendicidad forzada, matrimonio forzado”.
“La explotación se da en muchas dinámicas que se enfrentan, en la mayoría las mujeres; no es solamente la explotación sexual. Las dinámicas son especialmente, o entre ellas, la desigualdad económica y social, las diferencias o desigualdades que existen entre hombres y mujeres, y la manera en que muchas prácticas o relaciones de poder ven a las mujeres como inferiores o como que pertenecen a lugares o prácticas específicas”, apuntó.
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Destacó que algunos elementos que hacen a las personas estar en mayor condición de vulnerabilidad a la trata de personas incluyen falta de trabajo, educación, salud y, en muchos casos, la migración.
“Las personas que se han quedado estancadas ahora que los procesos de asilo y que los Estados Unidos no están aceptando personas que llegan a las fronteras va causando esta vulnerabilidad de las personas en tránsito; no solo a las personas que radican o viven en esos países y que viven situaciones muy críticas, sino a personas que van quedándose sin recursos”, afirmó.
Mejorar condiciones de vida para frenar la trata de personas
Valoró que la estrategia más sencilla para contrarrestar este tipo de vulnerabilidades que exponen a las personas al delito de trata “sería la disponibilidad de trabajos dignos para todos y todas; la existencia de mecanismos que permitieran el trabajo regular para todas las personas; acceso a servicios de salud, de atención y cuidado para sus hijos e hijas, para que ellas puedan ir a trabajar sin tener que preocuparse por quiénes están cuidando a sus hijos e hijas”.
También recomendó que, ante cualquier oferta de empleo, se procure “consultar a otras personas sobre la autenticidad de estas ofertas; preguntar sobre la compañía; hacer caso a un instinto como tal —si siento que es demasiado para ser verdad, no seguir—, porque muchas de las ofertas se creen y no son reales”.
La gestión del régimen Ortega-Murillo en relación con frenar la trata de personas en Nicaragua, en los últimos años, ha sido ampliamente cuestionada. El Departamento de Estado de EE. UU., en su informe 2025 sobre Trata de Personas (TIP Report), en el que clasifica a los países en “tiers” o niveles, de acuerdo con qué tanto cumplen los estándares mínimos para combatir este delito, nuevamente ubicó a Nicaragua en el nivel más bajo: el Tier 3.
Las autoridades estadounidenses resaltaron que el régimen de Nicaragua sigue «minimizando la gravedad del problema de la trata en Nicaragua», advirtiendo que esto «obstaculizó los esfuerzos para informar y educar al público y hacer cumplir su ley contra la trata».