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El juego que Nicaragua está perdiendo

El país está pagando por los errores de sus dirigentes. Y mientras ellos se reparten las culpas, el pueblo sigue perdiendo su juego más importante

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Siempre he sido una persona directa. En el béisbol aprendí que los verdaderos líderes no se esconden detrás de excusas: enfrentan la realidad y asumen la responsabilidad. Por eso me resulta tan cobarde ver a quienes manejan el país culpar a otros por sus propios errores, como si el pueblo no pudiera distinguir quiénes son los verdaderos culpables.

Nicaragua está al borde de quedar fuera del CAFTA, el tratado que por casi veinte años ha sido una de las pocas puertas abiertas al empleo y al comercio justo con Estados Unidos. Los expertos advierten que, si eso ocurre, más de 100,000 nicaragüenses podrían perder su trabajo. Sería un golpe letal para la economía y una tragedia para miles de familias que ya viven al límite. Lo que más me indigna es el descaro de quienes gobiernan: se hacen de la vista gorda, como si nada pasara, demostrando que no les importa su gente.

El CAFTA no exige nada imposible. Pide cosas básicas: respeto a la libertad de asociación, erradicar el trabajo infantil y la trata de personas, garantizar los derechos laborales, mantener el Estado de derecho y ofrecer un trato justo. Pero los que están en el poder han hecho todo lo contrario: arrestan y amenazan a líderes sindicales, permiten el crecimiento del trabajo infantil, mantienen los salarios más bajos de la región y toleran abusos como robos y deducciones ilegales. También expropian empresas y revocan el estatus legal de organizaciones que no les convienen. Han tirado a la basura los acuerdos y las leyes, y cuando llegan las consecuencias de sus actos, le echan la culpa a los demás.

Una incoherencia total

Critican a quienes defienden los valores democráticos, los destierran, los despojan de su nacionalidad y los llaman vende patria. Pero los verdaderos vende patria son los que entregan los recursos del país a otros gobiernos para mantenerse en el poder. Dicen que no quieren injerencia extranjera, pero abren las puertas a potencias que vienen a saquear.

Nicaragua vive entre discursos falsos. Todo lo maquillan, todo lo esconden. Pero hay nicaragüenses valientes, dentro y fuera del país, que siguen mostrando la verdad y manteniendo viva la esperanza de un cambio.

En el béisbol aprendí que ningún error se borra con excusas. En la vida pasa igual: el país está pagando por los errores de sus dirigentes. Y mientras ellos se reparten las culpas, el pueblo sigue perdiendo el juego más importante: el de su futuro.

Deportes Dennis Martínez archivo

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