El papel de los factores culturales

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El título parafrasea la expresión “es la economía, estúpido” usada por James Carvill para alertar a Clinton sobre la importancia de este factor en el votante. No la usamos en relación con la cultura —los valores, creencias, normas, preferencias y conductas de la población— pues es un factor que los políticos y economistas suelen ignorar. Preguntados sobre cómo superar la pobreza muchos prescribirán cambios estructurales, políticas tributarias, estímulos a las inversiones o mejor gobernanza política. Pero muy pocos considerarán la cultura como una variable importante. 

No obstante, son más los científicos sociales que han venido llamando la atención sobre el gran papel que juegan los factores culturales. Uno de los pioneros fue Edward Banfield (Las bases morales de una sociedad atrasada, 1958). Tras estudiar una comunidad pobre del sur de Italia llegó a la conclusión de que en ella el sentido del deber y respeto a las normas sólo operaba con relación a sus familias y no hacia la comunidad exterior. El llamó a dicho síndrome “familismo amoral” y lo consideró como una de las causas fundamentales del atraso local. 

En mis años jóvenes, yo tuve, como sociólogo una experiencia algo parecida cuando la división de estudios sociales del Banco Central me encomendó visitar Puerto Morazán, una comunidad camaronera en el occidente del país. El propósito era averiguar por qué la cooperativa de pescadores local nunca tenía éxito a pesar de haber sido beneficiada con muchas donaciones: lanchas, motores nuevos, una cámara helada para conservar los camarones, vehículos para transportarlos etc. Para entonces yo estaba todavía influenciado por la ideología marxista, la cual ve a la pobreza como producto de estructuras sociales explotadoras.  

Lo que vi cambió mi percepción. Los tesoreros habían malversados los fondos, los conductores de los vehículos los usaban para sus familias o tareas personales, al punto de vender sus llantas y repuestos, la cámara helada no recibía mantenimiento y estaba arruinada. Finalmente, los pescadores que lograban ganancias no las reinvertían, sino que las gastaban en las cantinas y burdeles cercanos. El problema no era pues estructural o de injusticias. Sus raíces estaban en la falta de moralidad y preocupación por la comunidad, es decir, en la cultura local. 

El menosprecio de este factor, típico de la izquierda, le ha servido para culpar todos los males sociales; pobreza, desigualdad, crimen, etc. en factores sociopolíticos o estructurales, como la explotación capitalista o el racismo. Un sociólogo norteamericano, irónicamente negro, Thomas Sowell, ha rebatido esta especie de prejuicio analítico mostrando, entre otras cosas, como la movilidad social es afectada decisivamente por lo que llama “Capital Humano”, la capacidad productiva de la persona, que es a su vez grandemente influenciada por la cultura: aquellas que exaltan el logro y la laboriosidad producen personas que suben en la escala social más que aquellas que las menosprecian. Concurre en esta visión otro sociólogo, David McClelland, autor de The Achivement Motive (la motivación al logro) quien ilustró cómo las culturas que exaltan el valor del triunfo, muchas veces reflejado en sus cuentos infantiles, son las más prósperas del planeta.   

En el extremo contrario encontramos culturas que más bien celebran la pereza. Un ejemplo de ellas puede proporcionarlo el famoso merengue de los años sesenta El negrito del batey, expresión alegre de algunas culturas caribeñas: “A mí me llaman el negrito del Batey, porque el trabajo para mi es un enemigo, el trabajar yo se lo dejo todo al buey, porque el trabajo lo hizo Dios como castigo”.  

Pero quizás el factor cultural de mayor influencia en los chances de prosperar o fracasar, es el de la unidad familiar. En la línea de Sowell se ha demostrado como es la desintegración o el abandono familiar, que hoy plaga la inmensa mayoría de los hogares negros, y no el racismo, la mayor causa de la pobreza, desigualdad social, y alta criminalidad, que padecen. Y algo que está detrás de este fenómeno es que, en la cultura negra a diferencia de la blanca, no se estigmatiza al hombre que preña a una mujer y la abandona.  

Lo anterior es muy parecido a lo que ocurre en Nicaragua; algo que nos debe motivar a no caer en la estupidez de ignorarla.  

El autor es sociólogo, exministro de Educación. 

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