La NASA responde a Kim Kardashian: el alunizaje de 1969 sí ocurrió

Neil Armstrong y Buzz Aldrin ponen la bandera estadounidense en la luna

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La estrella estadounidense de telerrealidad Kim Kardashian dijo dudar de la veracidad de la misión de la NASA a la Luna en 1969, lo que llevó al jefe de la agencia espacial a confirmar la expedición histórica, objeto de teorías conspirativas. 

«Sí, ya hemos ido a la Luna… ¡seis veces!», escribió el jueves en X Sean Duffy, administrador interino de la NASA. 

En el último episodio de su serie «Las Kardashian», Kim Kardashian manifestó su escepticismo sobre la misión Apolo 11 de 1969, durante la cual los astronautas estadounidenses Buzz Aldrin y Neil Armstrong dieron los primeros pasos en la superficie lunar. 

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«Te estoy enviando un millón de artículos con Buzz Aldrin y el otro», dice Kim Kardashian a su coprotagonista, Sarah Paulson, en el programa. Luego lee una cita que atribuye a Aldrin, respondiendo a una pregunta sobre el momento más aterrador de la expedición. 

«No hubo un momento aterrador porque no ocurrió. Podría haber sido aterrador, pero no lo fue porque no sucedió», afirma ella. 

No queda claro a qué artículo se refiere, ni si los comentarios son realmente de Buzz Aldrin.

Kardashian volvió a afirmar poco después que la misión espacial es «falsa» ya que existen «algunos videos de Buzz Aldrin hablando de que no ocurrió». 

Según ella, «él lo dice todo el tiempo ahora en entrevistas». 

El responsable de la NASA etiquetó a Kardashian en su publicación y destacó la misión Artemis, el actual programa de exploración lunar de la agencia. 

«Ganamos la última carrera espacial y ganaremos esta también», dijo Duffy, quien invitó a Kardashian al Centro Espacial Kennedy, en Florida, para el lanzamiento de la misión, el cual aún no tiene fecha prevista.

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Vida Luna Nasa archivo

COMENTARIOS

  1. Hace 7 meses

    La estupidez humana y su eco mediático

    Pocas cosas describen mejor el estado intelectual de nuestro tiempo que ver al director de la NASA —una de las mentes responsables de expandir los límites del conocimiento humano— obligado a interrumpir su trabajo para responder la ocurrencia de una celebridad. Que un científico de alto rango deba abandonar sus labores astronómicas para desmentir a Kim Kardashian, quien insinuó que el alunizaje de 1969 fue falso, es una muestra perfecta de lo que el filósofo Carlo M. Cipolla llamaba la energía social de la estupidez.
    No hay nada más costoso para la inteligencia colectiva que cuando la estupidez se vuelve viral.

    Vivimos en una era en la que los reflectores no alumbran la verdad, sino al que grita más fuerte. Kim Kardashian, conocida por su imperio de cosméticos y su dominio de las redes, no necesitó datos ni argumentos: bastó con insinuar una duda absurda para que millones de seguidores comenzaran a debatir si el hombre realmente llegó a la Luna.
    Y lo peor no es su ignorancia —que podría ser inofensiva—, sino la validación mediática que la acompaña. Los periódicos, los noticieros y los portales digitales repiten sus palabras, multiplicando el eco del disparate. El resultado es un escenario en el que los científicos tienen que defender lo evidente, y las celebridades se erigen como fuentes de autoridad en materias que desconocen por completo.

    El fenómeno no es nuevo. Durante la pandemia del COVID-19 ocurrió lo mismo. La doctora Emmanuelle Charpentier, Premio Nobel de Química 2020 y pionera de la técnica CRISPR-Cas9, explicó con total claridad —basándose en estudios genómicos como The Proximal Origin of SARS-CoV-2 (Andersen et al., Nature Medicine, 2020)— que no existían señales de que el virus hubiera sido manipulado en laboratorio.
    Sin embargo, mientras la ciencia hablaba con prudencia y evidencia, una voz del espectáculo se alzó con tono de certeza: Lucía Méndez, en pleno evento en Key Biscayne, declaró que “ese virus fue creado por el hombre”.
    Yo estaba ahí. La escuché. Y también vi cómo el público asentía, como si en lugar de una cantante estuviera hablando una viróloga.
    Para muchos de los presentes, la verdad dejó de ser lo que la ciencia demostraba y pasó a ser lo que “la doctora Lucía Méndez” afirmaba.

    Ese momento condensó todo lo que está mal en nuestra cultura contemporánea: la sustitución del saber por la celebridad.
    Mientras Charpentier dedicaba su vida a descifrar los mecanismos del ADN, Méndez improvisaba teorías genéticas desde un escenario; y mientras la NASA investiga los confines del universo, Kardashian juega con las sombras de su propia ignorancia.
    El verdadero peligro no está en lo que ellas dicen, sino en el coro que las repite.
    La estupidez humana siempre ha existido, pero ahora tiene micrófono, cámara y patrocinador.

    El director de la NASA no debería tener que gastar un solo segundo de su tiempo desmintiendo a una modelo de televisión, así como una bioquímica no debería tener que explicar los fundamentos de la genética a una cantante. Pero en la era de la sobreexposición, el conocimiento serio ha sido desplazado por la opinión ruidosa.
    Y así, mientras los sabios trabajan en silencio, los necios conquistan la audiencia.

    Quizás el verdadero desafío del siglo XXI no sea volver a la Luna ni editar el genoma humano, sino aprender a callar frente a lo que no se sabe.
    Porque la humanidad ha demostrado que puede llegar al espacio, manipular moléculas y curar enfermedades, pero todavía no ha aprendido a curarse de su propia estupidez.

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