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La dictadura dinástica Ortega-Murillo se encuentra crecientemente aislada en el continente americano y con proyecciones de un mayor aislamiento en 2026, acompañado ahora de las graves consecuencias económicas que podrían conllevar la aplicación de las sanciones propuestas por la Oficina Comercial de Estados Unidos (USTR) como resultado de las comprobadas violaciones a los derechos humanos, particularmente desde la crisis sociopolítica del 2018.
Políticamente ha perdido un aliado, Bolivia que ha dejado el llamado socialismo del siglo XXI y con el presidente electo Rodrigo Paz se apresta a retomar el rumbo democrático. Como una muestra de ello, ha anunciado que no invitará a la toma de posesión a los dictadores del continente americano, entre ellos Daniel Ortega.
Las elecciones generales que se realizarán este 30 de noviembre en Honduras prevén, según las encuestas, la pérdida del poder del partido Libre, otro socio en el vecindario que perderá la dictadura con el probable triunfo del candidato liberal Salvador Nashralla.
La contundente victoria del partido La Libertad Avanza de Javier Milei en las pasadas elecciones del Congreso argentino marcan esta tendencia de un giro hacia la derecha que está dando el continente americano.
Para completar el círculo de aislamiento continental a la dictadura dinástica de Nicaragua, faltan las probables derrotas electorales de Petro en Colombia, el 31 de mayo de 2026; Brasil, el 4 de octubre del mismo año, y Chile el próximo 16 de noviembre, países donde también es previsible un giro hacia la derecha.
Por su parte la dictadura de Maduro en Venezuela vive sus peores momentos y los pronósticos no son nada halagüeños, y Cuba se hunde en un permanente “apagón económico”.
¿Quién vendrá al rescate de la dictadura cuando entren en vigencia, que es lo más probable, las sanciones propuestas por la USTR, ya sea la salida del DR-Cafta, o la aplicación del 100 por ciento de tarifas, que viene siendo lo mismo?
La retórica de la dictadura finca sus esperanzas en China y Rusia; pero es del conocimiento público que las exportaciones nicaragüenses no pueden ser sustituidas por China y mucho menos por Rusia, ni los territorios ucranianos conquistados en la guerra.
Tal como afirma el economista y exviceministro de Finanzas, Juan Sebastián Chamorro, en una reciente entrevista a Confidencial: “El éxito que ha tenido el DR-Cafta desde que entró en vigor en el 2006, es precisamente la causa de la mayor vulnerabilidad de Nicaragua. Si un 100 por ciento de arancel se hubiese aplicado a Nicaragua en el momento previo al Cafta, Nicaragua no estaría tan expuesta al comercio internacional como lo está actualmente. El porcentaje de las exportaciones más importaciones como parte del Producto Interno Bruto es altísimo”.
La retórica anti Cafta que maneja la pareja dictatorial desde 2006 choca ahora contra una realidad abrumadora: ¿qué van a hacer ahora sin el Cafta para salvar la economía?
Lo que buscan los chinos, ha quedado claro, es la industria extractiva, como las concesiones mineras y los préstamos que han otorgado para obras de infraestructura, están cubiertos con préstamos comerciales, los que a su vez han sido contratados bajo el presupuesto de una economía sana, la que está basada a su vez en la bonanza de los mercados de exportación y en las remesas familiares.
Pero, ¿qué pasará si estos presupuestos dejan de estar basados en la realidad y la frágil economía nacional no puede ya hacer frente al creciente costo financiero del endeudamiento externo? ¿Financiarán las cuentas de solidaridad y servilismo que acumula la dictadura?
Por su parte Rusia, su otro aliado estratégico, está viviendo una economía de guerra y tiene graves problemas que no le permitirán acudir a salvar a su aliado. No lo han hecho por Venezuela, menos por Nicaragua.
Por otra parte, la retórica antimperialista que han mantenido no le permite a la dictadura optar por la alternativa de dar un salto de pragmatismo como quizás hubieran hecho en otras épocas cuando no habían avanzado tanto en el proceso de radicalización y violación a los derechos humanos.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.