/ Knut Anton Mork

Cómo la especulación bélica de Noruega podría ayudar a Ucrania  

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Si bien las calificaciones crediticias no suelen considerarse un factor determinante en una guerra, esto podría haber cambiado con la lucha de Ucrania por sobrevivir frente al ejército invasor ruso. Mientras la Unión Europea trabaja en un mecanismo para aprovechar los activos soberanos rusos congelados para la defensa de Ucrania, los riesgos implícitos para las calificaciones crediticias de algunos países miembros se han convertido en un escollo. Pero existe una manera sencilla de sortear este impasse.  

El plan de la UE consiste en conceder a Ucrania un préstamo sin intereses de 140,000 millones de euros (163,000 millones de dólares), garantizado con activos rusos inmovilizados en poder del depositario central de valores belga, Euroclear. Sin embargo, el plan requiere respaldo adicional mediante garantías soberanas, y ahí radica el problema. Para los países miembros de la UE altamente endeudados, incluida Francia, asumir pasivos contingentes adicionales podría suponer un riesgo para la calificación crediticia soberana, con posibles consecuencias costosas para el servicio de la deuda.  

Por lo tanto, un préstamo para Ucrania depende de que se garantice a los Estados miembros que las agencias de calificación no considerarán sus garantías como acumulables a sus deudas. La Comisión Europea ha respondido a estas preocupaciones estructurando las garantías como pasivos fuera de balance a menos que se activen, y ha reforzado la responsabilidad colectiva de la UE. Sin embargo, esto no ha disipado las dudas de Bélgica como titular de los fondos rusos, y podría haber generado inquietudes adicionales.  

Ante el temor de posibles demandas o reclamaciones rusas en el futuro, el gobierno belga insiste en una indemnización legalmente vinculante a nivel de la UE para cubrir los riesgos legales y financieros asociados al préstamo y garantizar su importe total. Sin embargo, consolidar las garantías nacionales de los países de la UE corre el riesgo de revertir algunas de las garantías de calificación crediticia que Francia y otros países obtuvieron. Esto no es poca cosa, ya que una rebaja de calificación no solo tendría un grave impacto en sus costos de endeudamiento, sino que también podría afectar su capacidad para rearmarse como parte del fortalecimiento de la defensa conjunta europea.  

Por lo tanto, garantizar que el préstamo previsto para Ucrania no afecte la carga de deuda agregada del continente redunda en beneficio de todos. Para ello, Noruega, aunque no es miembro de la UE, podría desempeñar un papel decisivo. Cuenta con la calificación AAA de bonos más sólida de Europa, y posiblemente del mundo, gracias a su fondo soberano de inversión de 2 billones de dólares y a sus sólidas instituciones. Podría asumir por sí sola la responsabilidad contingente asociada a la nueva deuda ucraniana, sin que ello afecte a su calificación crediticia. De esta manera, el gobierno noruego reforzaría las defensas de Ucrania contra un agresor revanchista y reduciría los riesgos financieros para los esfuerzos de rearme de sus aliados europeos.  

Aunque el gobierno de Noruega ya contribuye financieramente al esfuerzo bélico de Ucrania, se ha resistido a las peticiones de donar los 109,000 millones de euros que generó en beneficios extraordinarios del gas natural en 2022 y 2023. Sin embargo, estas ganancias inesperadas fueron consecuencia directa del aumento repentino de los precios de la energía causado por la guerra de Rusia contra Ucrania. Al acaparar estos beneficios, el gobierno de Noruega convirtió al país en un especulador de la guerra, lo ha hecho por temor a sentar un precedente peligroso para las retiradas de su fondo soberano. Pero garantizar el plan de endeudamiento de la UE para Ucrania no requiere ninguna retirada. Como sabe cualquier banquero, las garantías nunca son completamente gratuitas, pero el coste político debería ser mínimo.  

Antes de emitir una garantía soberana, Noruega puede insistir en que los activos rusos permanezcan congelados mientras dure el préstamo. El reembolso de dicho préstamo solo se produciría después de que Rusia haya compensado a Ucrania por la destrucción causada por la guerra; mientras tanto, los activos rusos permanecerán inmovilizados de conformidad con la decisión del Consejo Europeo.  

En el improbable caso de que Rusia proporcionara a Ucrania una compensación adecuada, liberando así los activos rusos en poder de Bélgica, la responsabilidad contingente resultante podría recaer primero sobre la propia UE, con calificación AAA, y Noruega serviría de respaldo. Alternativamente, Noruega podría reducir aún más su estatus de especulador de guerra asumiendo directamente la responsabilidad contingente. Y lo mismo ocurriría en el improbable caso de que Rusia consiga interponer un recurso legal para recuperar los activos congelados.  

La cínica tacañería de Noruega con Ucrania ha dañado su reputación internacional, sobre todo ante los países escandinavos vecinos. Si bien sus asignaciones a Ucrania han aumentado recientemente, siguen siendo una fracción del total de sus beneficios bélicos.  

Jens Stoltenberg, exsecretario general de la OTAN que asumió el cargo de ministro de finanzas de Noruega el pasado febrero, escribió recientemente unas memorias sobre su gestión al frente de la alianza en un momento en que la invasión rusa era claramente el mayor desafío que había enfrentado desde el fin de la Guerra Fría. Debería reconocer que su legado corre el riesgo de verse empañado por la inacción a la hora de facilitar la defensa de Ucrania y el rearme de Europa. Él, el primer ministro Jonas Gahr Støre y el Parlamento noruego deberían reconocer la garantía soberana como, de hecho, un deber soberano que Noruega tiene hacia sus aliados y las democracias europeas.  

  Los  autores, Håvard Halland es execonomista sénior del Banco Mundial y la OCDE, profesor y presidente de Finanzas Sostenibles en la Escuela de Negocios de Edimburgo de la Universidad Heriot-Watt; Knut Anton Mork es profesor emérito de Economía en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología.  

 Derechos de autor: Project Syndicate, 2025.   
www.project-syndicate.org 

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí