La efectividad de la propaganda orwelliana 

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Dos noticias de Nicaragua que sobresalen esta semana relacionadas con el afán de los codictadores de saturar al pueblo de propaganda me han llamado la atención: la primera es las pantallas orwellianas de propaganda en el Mercado Huembes que irradian permanentemente las “maravillas” del régimen mientras la gente hace sus compras con su escaso presupuesto para satisfacer sus necesidades de su canasta básica. 

La segunda es el anuncio de la codictadora Rosario Murillo sobre la imposición de programación china en todos los canales de televisión del país que dicho en sus propias palabras: “Tenemos que vamos a estar presentando nuevos proyectos de entretenimiento, telenovelas, documentales, películas en todos los canales del pueblo de esta Nicaragua bendita y siempre libre, avanzando en la relación revolucionaria, evolucionaria, profunda, amistosa, entre nuestros pueblos”. 

¿Qué tan efectiva es esta propaganda orwelliana? La obsesión totalitaria de saturar la vida del ciudadano común con propaganda política ha sido una práctica en la historia de todos los regímenes totalitarios, pero la realidad ha demostrado que es poco efectiva en el tiempo en relación con la capacidad de discernimiento de la mente humana. 

Apenas han tenido una oportunidad los pueblos olvidan toda la propaganda y se rebelan como ha sido el caso de los países del bloque oriental después del colapso de la Unión Soviética, el comprador del Mercado Roberto Huembes cuando sale del mercado no recordará lo que por un oído le entró y por otro le salió, recordará que los precios están más altos que la semana pasada y que el presupuesto no le alcanza para la canasta básica. 

El mejor ejemplo del fracaso de la propaganda orwelliana es Cuba, 65 años de revolución y propaganda incesante no han mejorado las condiciones de vida de vida del pueblo cubano, que vive en un permanente apagón tecnológico y que a la primera oportunidad que tenga, escogerá su libertad. 

Orwell visualizó una sociedad totalitaria en los años 50 que ha sido perfeccionada con creces en el siglo XXI en países como Rusia, China, Nicaragua, Corea del Norte, Venezuela y Cuba, pero dejó entrever las ventanas de libertad que tiene la esencia misma del ser humano que tarde o temprano trastocan ese afán de control absoluto. 

Los chinos han construido una sociedad muy próspera, pero a base de la estatización y la pérdida de la libertad de su pueblo, de poco o nada servirá atiborrar los canales de televisión nacionales con programación china, que es una cultura e idioma totalmente diferentes a la nuestra.  

La única ganancia para la codictadora es una ganancia pírrica en su cuota de servilismo hacia esta potencia asiática en procura de algún apoyo, el cual a la hora de las piedras pómez —como dicen popularmente— no vendrá, ni de China, ni de Rusia, mucho menos de Cuba y Venezuela.  

En el mundo moderno que está lleno de información y que llega al pueblo por medios electrónicos, ya no es posible el control orwelliano de la información.  

El televisor encendido permanentemente en el Mercado Roberto Huembes no cambiará el destino inexorable de un régimen sostenido a base de la fuerza y la opresión, ni los pasos a desnivel, las carreteras y obras de progreso comprarán la voluntad de un pueblo amante de su libertad, que lo demostrará una vez más, a la primera oportunidad. 

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984. 

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