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Una de las llamadas madres de abril, Yadira Córdoba, se encuentra desde hace 24 días en un centro de detención en Texas, Estados Unidos, esperando la decisión final de las autoridades estadounidenses de si la deportan a Nicaragua o le conceden el asilo político.
Ella está bien, “llena de fortaleza y confiando en Nuestro Padre Celestial”, dice su hijo Ronald Córdoba.
Está bajo techo, le dan “los tres tiempos de comida”, tiene un médico que le realiza chequeos porque es prediabética, tiene medicamentos, acceso a un teléfono para hablar con su hijo y a una cuenta para que este último le deposite dinero para “comprar sus cositas”.
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Eso podría hacer pensar a cualquiera que Yadira Córdoba está en el paraíso, pero, aunque está llena de “fe en Dios” y es evangélica, la mujer lleva un gran sufrimiento por dentro.
El 30 de mayo de 2018, en horas de la tarde, recibió una llamada en la que le decían que su hijo menor, Orlando Córdoba, entonces de 15 años, había sido baleado en la marcha que se organizó ese día para acompañar a todas las madres que habían perdido a sus hijos en la represión que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo desató a partir de las protestas de abril de ese año.
Era hora pico y el tráfico estaba atestado y, mientras se dirigía al hospital Velez Paíz, el nuevo construido cerca del Siete Sur, Yadira Córdoba quería ir volando.

Al llegar al hospital, el médico, uno que pudo salvar la vida del joven Orlando, pero no lo hizo porque recibió órdenes de no atender a los heridos en las protestas, le dio la fatal noticia. Al escucharlo, Yadira Córdoba solo dijo: “Padre, en tus Manos encomiendo el alma de mi hijo”, explica Ronald Córdoba.
Desde entonces, Yadira Córdoba se metió al activismo en favor de todas las víctimas de la represión y de la libertad y democracia en el país, a pesar de que nunca se había inmiscuido en cuestiones políticas, sino que se dedicaba a lavar y a planchar ajeno en el barrio Francisco Meza, a la par del Dimitrov, para alimentar y educar a sus cuatro hijos.
“En Nicaragua, mi madre era una lideresa. Tenía poder de convocatoria porque si publicaba en las redes que iba a haber una reunión o una marcha, la gente llegaba”, indica Ronald Córdoba.
Por ello, el régimen Ortega Murillo la persiguió y ella tuvo que salir al exilio hacia Costa Rica, en 2021, un año en el que hubo mucha represión, porque los Ortega Murillo encarcelaron a precandidatos presidenciales y otros opositores, además de cometer otros abusos.
La persecución contra los opositores no cesó en Costa Rica. En ese mismo 2021, en septiembre, sicarios atentaron contra la vida de Joao Maldonado, líder de tranques en Carazo. En octubre de ese mismo 2021, la exiliada Rayza Hope fue atacada en su negocio en San José y el hecho está impune hasta hoy. Hope fue al OIJ a poner la denuncia, pero fue inútil.
Debido a ello, a que Yadira Córdoba no encontró seguridad en Costa Rica para continuar pidiendo justicia para su hijo y las demás víctimas de los Ortega Murillo, decidió irse a Estados Unidos, adonde llegó el 5 de enero de 2022.
Miedo creíble
Las normas han cambiado, pero, en el momento en que Yadira Córdoba entró a Estados Unidos tuvo que haber cumplido con el requisito que se llama “miedo creíble”, una especie de entrevista en la que el solicitante de asilo expresa por qué tiene miedo de regresar a su país.
Sin embargo, los funcionarios estadounidenses no le aplicaron esa entrevista.
Ahora, explica su hijo Ronald Córdoba, Yadira Córdoba está obligada siempre a cumplir ese requerimiento.
Como tenía cita programada para el pasado 20 de agosto, ella se presentó, acompañada de Ronald, en la delegación de Migración de la ciudad de San Antonio, Texas, para ver si su caso quedaba cerrado definitivamente en Migración y solo debía enfrentar proceso en la Corte, pues ya tiene permiso de trabajo, el que otorgan en otra oficina del proceso de asilo, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS).
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Entró a Migración cerca de las 7:40 de la mañana y dos horas después todavía no había salido. A las 9:40 de la mañana, llamó a su hijo para decirle que sería trasladada a un centro de detención porque su caso tiene que ser estudiado y se le tiene que aplicar el “miedo creíble”.
Al centro de detención fue trasladada a las 12:30 del pasado 20 de agosto y ahí permanece hasta hoy.
La primera audiencia que tendrá se realizará el próximo 22 de septiembre.

“Mi primer abogado es Dios”, dice Yadira Córdoba dentro del centro de detención.
Sin embargo, Ronald Córdoba dice que muchas personas se han puesto a ayudarla en el proceso, empezando por el abogado estadounidense, pero de padres nicaragüenses, Arno Lemus. El líder campesino Medardo Mairena y el defensor de derechos humanos, Pablo Cuevas, también están apoyando.
Muchas otras personas se han abocado a apoyar a Yadira Córdoba, como el congresista de Texas, Juan Castro, quien pidió a su gobierno protección para ella.
El meollo del asunto estará en demostrar por qué Yadira Córdoba transgredió primero las leyes migratorias de Costa Rica y posteriormente las de Estados Unidos, dice su hijo, quien agrega que a las autoridades estadounidenses hay que demostrarles con hechos cronológicos y con pruebas, ya que ellos no se dan por enterado de lo que ocurre en Nicaragua, a pesar de que Yadira Córdoba está bien identificada como una de las madres de abril.
Activismo y exilio
El partido político de Yadira Córdoba es “Nicaragua”, dice su hijo. La bandera de ella es la Azul y Blanco de Nicaragua.
Tres días antes de morir a manos de los paramilitares de los Ortega Murillo, su hijo Orlando Córdoba empezó a mostrar tristeza por las madres que habían perdido a sus hijos desde el 19 de abril de 2018.
“Ya viene el 30 de mayo y pobrecitas esas madres”, decía el adolescente Orlando, recuerda su hermano Ronald. Así pasó diciendo hasta que llegó el 30 de mayo y el joven se fue a la marcha buscando “darle un abrazo” a las madres.
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Ese día, por la mañana, le dijo a su mamá: “Vamos a la marcha mamá. Pobrecitas esas madres, no tienen nada que celebrar”.

La madre, que acababa de lavar 11 docenas de ropa, no tuvo el ánimo para ir.
La noche de ese mismo día, Yadira Córdoba estaba convertida en otra de esas madres que no tenían nada que celebrar en el Día de las Madres.
A Orlando Córdoba le propinaron dos balazos en la costilla derecha, cuando participaba de la marcha de las Madres frente al nuevo estadio de beisbol, cerca de la UNI.
Los médicos le dijeron que una de las balas le había perforado un pulmón y que el joven no resistió la operación. Sin embargo, ella ya sabía la verdad. Su hijo no había recibido la atención debida porque existía la orden de que no atendieran a los heridos en los hospitales públicos.
Por eso ella, se volcó al activismo para pedir justicia, un activismo que primero la llevó a huir de la represión de los Ortega Murillo hacia Costa Rica y luego hacia Estados Unidos, donde está en peligro de ser deportada.
Su hijo Ronald dice que no piensan en la posibilidad de que sea enviada a Nicaragua y que tienen la fe en Dios que todo se resolverá a favor de ella.
Eso se sabrá a partir de la audiencia del próximo 22 de septiembre.
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