Eduardo Antonio Espinoza Aburto tiene 17 años y la vida llena de sueños. Quiere terminar la secundaria, entrar a la universidad y estudiar Contabilidad. Desde niño le gustaron los números y en los veranos, incluso en Estados Unidos, trabajaba en remodelaciones, convencido de que un día tendría su propia empresa.
Pero desde agosto su vida cambió de golpe. Los médicos le diagnosticaron Leucemia Mieloide Aguda (AML), uno de los tipos de cáncer más agresivos. Hoy pasa sus días en Children’s National Hospital, en Washington D.C., sometido a quimioterapias intensivas, mientras su madre, Nicole Aburto, no se separa de él.
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«Cuando me dijeron que mi hijo tenía leucemia fue un golpe bien duro. Eduardo me dijo: ‘Mamá, tengo miedo’. Y yo le respondí: ‘No te preocupés, aquí vamos a estar contigo'», cuenta Aburto, una ciudadana estadounidense que creció en Nicaragua.
Una vida marcada por la enfermedad
La historia de Eduardo es la de un guerrero, resalta su progenitora. A los ocho meses de nacido le detectaron tuberculosis, lo que obligó a largos tratamientos en el Centro de Salud Pedro Altamirano, en Managua.
Durante ocho meses, su madre y él acudieron a diario al centro de salud para recibir tratamiento. Superó la enfermedad. «Desde niño mi hijo viene siendo un guerrero», subraya su progenitora.
Más tarde, en su niñez, entre los 7 años, él desarrolló urticaria crónica y otras alergias que lo obligaron a seguir dietas estrictas y múltiples consultas médicas.
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«Le aparecían como picaduras de abeja en el cuerpo, en los ojos, en los labios y en todo el cuerpo. Fue diagnosticado con urticaria, una enfermedad que no se cura y que lo obligó a llevar una dieta estricta, no podía comer carne de cerdo», recuerda su madre.
A pesar de las limitaciones médicas, Eduardo siempre se destacó por su nobleza. «Las enfermeras siempre me dicen: ‘Su hijo es un caballero’. Él agradece todo, nunca quiere molestar, siempre dice gracias por cualquier cosa», cuenta su madre con orgullo.
Sueños interrumpidos
En 2016, Aburto decidió irse a a Estados Unidos con la esperanza de darles un mejor futuro a sus hijos, quienes quedaron un tiempo al cuidado de su hermana en Nicaragua. Recuerda que tuvo que prestar para poder renovar su pasaporte estadounidense, y una vez allá cayó en la realidad que no sólo era llevarse a sus hijos, sino brindarles una estabilidad.
Dos años más tarde, en 2018, Aburto decidió regresar a Nicaragua para continuar con los trámites para el proceso de sus dos hijos en Nicaragua. Se había casado con su actual esposo y procreado dos hijos más.
«Me dijeron que aunque fuera ciudadana mis hijos tenían que pasar un proceso normal, solicitar sus visas, nos fuimos, mi esposo, mis hijos y yo a Nicaragua. Allá solicitamos la visa para mis dos hijos, y fueron negadas por primera vez. Ese día me sentí decepcionada y frustrada, pero no me cansé, no me rendí, hice otra vez la cita, me tocó la entrevista con otro cónsul quien me pidió más requisitos», recuerda.

Tras años de trámites y negativas, finalmente en 2022 logró reunirse con ellos en Maryland. Pero ahí empezó otra batalla, nuevamente a Eduardo le detectan tuberculosis y de nuevo fue sometido a tratamiento.
Al tiempo comenzaron a aparecer las alergias, está vez acompañadas de unos bultos en el cuello y la cabeza. «Nos preocupó porque él le hizo el comentario a mi mamá de que las pelotas se iban haciendo cada vez más grandes y las alergias volvían a aparecer. Fuimos al médico, le mandaron exámenes y le detectaron que tiene Leucemia Mieloide Aguda. No fue nada fácil escuchar de la noche a la mañana que tu hijo tenga cáncer, es bien difícil», asegura Aburto.
Su familia en medio de esperanza y fe
Eduardo se había adaptado en EE. UU. Aprendió inglés con rapidez, cursa undécimo grado y sueña con estudiar Contabilidad. «Él siempre dice: ‘Mamá, quiero ser contador’. Desde niño decía que lo suyo eran los números. Y yo sé que lo va a lograr», asegura la madre.
En sus días libres Eduardo trabajaba en remodelaciones. Su jefe solía decirle que tenía visión y disciplina, virtudes que le auguraban un buen futuro. «Eduardo tiene visión, tiene ganas de aprender, de salir adelante», sostiene su progenitora.
Ahora, en lugar de aulas y trabajos de verano, Eduardo enfrenta largas jornadas de quimioterapia. El plan médico contempla al menos seis ciclos, cada uno de 25 días, con apenas una semana de descanso en casa si su salud lo permite.
«Cada síntoma en él es una emergencia. No podemos suministrarle nada en casa, porque lo mínimo puede ser grave», explica Aburto.


La familia atraviesa además un momento crítico en lo económico. Aburto tuvo que dejar su trabajo como asistente en un centro infantil para dedicarse a tiempo completo al cuidado de Eduardo. Su esposo asume solo los gastos de una familia de seis.
«Hay días buenos y días malos. A veces trabajo de madrugada en Amazon Flex para ayudar en algo, pero no es suficiente. Por eso abrimos una campaña en GoFundMe para recaudar 10 mil dólares, que nos ayude con los gastos del hogar y el tratamiento», dice Aburto. Si usted desea apoyar a la familia puede hacerlo por medio de este enlace https://gofund.me/e6017f1e6
También puede hacer llegar su aporte por medio de la cuenta bancaria Banpro dólares 10023910070729 a nombre de Heiry Anahí de García Díaz y billetera Móvil al 75543698.
Eduardo, dice su madre, no ha perdido la esperanza. Mantiene la misma nobleza y serenidad de siempre, aunque no oculta sus miedos. «Cuando supo que iba a perder el cabello con la quimioterapia se puso a llorar. Me dijo: ‘Mamá, tengo miedo’. Pero yo le recordé, que desde niño ha sido un guerrero, y esta vez también vas a vencer», sostiene.
Hoy, entre transfusiones de sangre, antibióticos y quimioterapia diaria, Eduardo sueña con lo que parecía rutinario antes de la enfermedad: volver a clases, graduarse del High School y estudiar contabilidad.
«Él venció la tuberculosis siendo un bebé. Ahora también vencerá la leucemia», dice su madre con convicción.