Derrochando el poder que se agota

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El poder no es un activo permanente, por más absoluto que en un determinado momento histórico parezca, el poder se erosiona, sobre todo si se administra mal, si se derrocha.

Se puede gobernar a base de simpatías o a base del miedo, cuando se gobierna a base del miedo, como es el caso de doña Rosario Murillo, el poder se erosiona y se agota.

Entre más reformas constitucionales aprobadas por unanimidad para complacer sus ocurrencias, más rápidamente se agota el poder, entre más presos políticos en condición de desaparecidos y ya no digamos entregados muertos a sus familiares, más rápidamente se agota el poder.

Las dictaduras gobiernan con una combinación de encanto y terror, la administración correcta de estos dos componentes resulta en su longevidad o su corta vida.

En Nicaragua, Rosario Murillo no está lista para heredar el poder, porque ya lo heredó en vida, lo que no está lista es para preservarlo. Prueba de ello es que lo derrocha diariamente atropellando por igual, a moros y cristianos.

Lo derrocha también cuando acomoda el marco constitucional a sus caprichos y temores en un Estado donde no hay discusión, solo sumisión. Pero el abuso del poder tiene su costo y es que tarde o temprano el poder total desaparece totalmente.

¿Qué pasará entonces?

Propuesta para un marco legal democrático

Como el origen del poder ejecutivo y legislativo actual en Nicaragua es ilegítimo e inconstitucional, quedan derogadas todas las leyes derivadas de este desde la reelección inconstitucional de Ortega en el 2011, prohibida expresamente en el artículo 147 de la Constitución Política.

Ya no digamos en las reelecciones subsiguientes en el cuarto gobierno 2017-2022 y en el quinto gobierno del 2022 hasta la fecha. Dado que estos gobiernos fueron derivados de la violación a la Constitución, el fraude, el encarcelamiento de los precandidatos opositores, se declara nulo todo lo actuado.

La única Constitución vigente será la que estaba vigente previa a las reformas del 2014 en que, entre otras cosas, se hipotecó la soberanía nacional y se estableció la reelección indefinida. Esta Constitución deberá ser reformada, o reemplazada completamente por una Asamblea Constituyente, la que será electa democráticamente una vez que caiga la dictadura dinástica Murillo-Ortega.

Cuando mandaba Ortega, supo administrar mejor las dosis de los dos componentes del poder, el encanto y el terror, quizás por ello duró tantos años antes de ceder el control total del Estado a su esposa, que no gobierna para nada en base a su encanto, sino en base al terror.

Se dice que las decisiones de las purgas, desapariciones y otras, la codictadora aún las consulta con el codictador, yo no creo, pero eso no le exime de culpa, él es igualmente responsable de todos sus desmanes y derroche de poder que inexorablemente conduce a su caducidad.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”.

Opinión Dictadura Ortega Murillo Nicaragua Terror archivo
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