De Bolivia a Nicaragua: mucha caña que moler

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El dicho muy nica “falta mucha caña que moler” bien podría aplicarse a quienes a partir del ejemplo de lo que acaba de acontecer en Bolivia, pronostican un pronto cambio democrático en Nicaragua o una “implosión” del sistema que por definición es un proceso rápido, violento y no gradual, en cámara lenta.

En el último proceso electoral que tuvo lugar en Nicaragua en el 2021 todos los precandidatos opositores potables estaban presos el día de la elección, en cambio en Bolivia corrieron al menos 3 candidatos opositores potables que el domingo pasado ocuparon los tres primeros lugares en la votación.

El partido de gobierno Movimiento al Socialismo (MAS) sacó una ínfima cantidad de votos, algo que hubiera sido insólito en un sistema totalmente controlado, como es el caso de Nicaragua. Esto se debe a que las instituciones democráticas lograron sobrevivir a 20 años de socialismo y se permitió una amplia observación electoral que imposibilitaba un fraude electoral abierto como el de Venezuela en julio de 2024.

Entonces para algunos analistas políticos que comparaban e igualaban Bolivia con Nicaragua, Venezuela y Cuba la tesis se les vino al suelo el pasado domingo. En Nicaragua el Estado es totalitario, más parecido al de Corea del Norte, que al de Bolivia.

En contraste con Bolivia, en Nicaragua todas las instituciones democráticas están desmanteladas y al servicio del capricho de la dictadura, como en un estado feudal.

Cada vez hay más evidencia, que la que manda en la cúspide del poder está demasiado ocupada utilizando todos los medios del Estado disponibles, para vengarse y echar preso a todo aquel que en el pasado le haya representado una sombra, aunque por años haya estado cobijado bajo el poder de su marido, que hoy juega tan solo un papel decorativo.

El último caso explosivo de personalidades afectas a Ortega que han sido castigadas por Murillo es el del asesor presidencial para temas de seguridad nacional, Néstor Moncada Lau, quien según reportes periodísticos su pecado fue haber apañado las conexiones sentimentales de Daniel Ortega con la señora Arlen Aracelly Mairena Maradiaga quien está bajo arresto domiciliario y su empresa “La Pedrera” obtenida mediante una donación del Estado, ha sido confiscada.

La llamada lucha contra la corrupción que ha emprendido Murillo no es otra cosa que desatar su afán vengativo y su paranoia obsesiva usando todos los mecanismos del Estado contra los que percibe como amenaza. Si esta fuera genuina en sus intenciones, debería de comenzar por investigar el origen de los fondos para el palacete de mármol que construyó su propio hijo Laureano Ortega, recientemente denunciado por el periodista expatriado Miguel Mendoza.

No se necesitan pruebas para demostrar que su salario —que proviene del nepotismo y que también es corrupción— no da para semejante mansión y descarnada opulencia. Les debería de dar vergüenza perseguir la corrupción, cuando como dice el dicho “ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.

Lo único positivo que va dejando a su paso ese afán vengativo y absolutista de la codictadora es que a su paso va sembrando tormentas y como dice el sabio refrán: “El que siembra tormentas cosecha tempestades”.

Volviendo al caso de Bolivia, así las cosas, en Nicaragua no puedo augurar que ni remotamente podría seguir el mismo camino del país andino, al que sin distingo de colores políticos hoy congratulo por el ejemplo democrático que le han dado al continente americano.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”

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