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En un mensaje cargado de fe y amor mariano, Monseñor Rodrigo Urbina destacó la devoción de los nicaragüenses exiliados hacia la Virgen María, a través del dogma de la Asunción.
“Todo lo que respecta al amor de esta madre nos caracteriza en el concierto de las naciones. Donde va un nicaragüense, va el amor a la Virgen. De tal manera que, en el destierro o en la patria, ese amor lo llevamos profundamente en el corazón y allí lo hacemos sentir”, afirmó.
Las palabras del sacerdote se enmarcan en la celebración de la Gritería Chiquita celebrada este 14 de agosto en la parroquia Nuestra Señora de la Divina Providencia de Miami.
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El religioso advirtió sobre la presencia del mal en nuestra sociedad y la necesidad de mantenerse vigilantes: “Si hay alguien que odia a la Virgen es el demonio. Nosotros estamos alertados por parte de Cristo que tenemos enemigos que nos quieren quitar esto. Hay que estar atentos y pedir luces al Espíritu Santo para discernir cuando el lobo se acerca al rebaño a hacer estragos. La Virgen María aleja al demonio. Aunque él da coletazos y se hace sentir, no vencerá porque la Virgen ya lo tiene vencido”, indicó.

Monseñor Urbina también expresó la alegría que le provoca reencontrarse con los nicaragüenses: “Siempre es lindo venir y compartir con mi querida Nicaragua donde nos encontremos, porque Nicaragua, además de ser lo geográfico, es también sus personas, y eso lo llevamos en el torrente sanguíneo y en el corazón”.
“Fuera de la patria no me van a amordazar”
Con un mensaje de esperanza, pidió no desfallecer en la fe pese a la persecución del maligno hacia la Iglesia. “Que no se olviden que por mucho que rujan las tormentas, la virtud no ha de declinar porque la Virgen siempre cumple, nunca falla y ella nos ha de salvar”, sostuvo.
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Reafirmó su compromiso de mantener viva la devoción mariana dondequiera que se encuentre. «Allí donde Dios nos ha puesto, sea dentro de Nicaragua o fuera de la patria, tenemos que florecer. Y allí, fuera de la patria, no me van a amordazar nunca de cantarle a la Virgen. ¡Que viva la Virgen!», sostuvo en relación a la persecución hacia los sacerdotes y el cierre de medios católicos en Nicaragua.

Finalmente reconoció la intercesión de la Virgen Maria en la vida de los creyentes y los alentó a no desfallecer. “Le queremos reconocer su poderosa intercesión que nunca nos ha dejado solos, y aunque bien es cierto que las duras pruebas nos hacen llorar y sufrir, nunca dejemos de ser luz, nunca dejemos de ser personas que nos hacemos caridades unos a otros, porque eso nos identifica como verdaderos católicos, como verdaderos hijos de Dios”, expuso.