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El dictador Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo expresaron su solidaridad a su par venezolano, Nicolás Maduro, luego que la administración de Donald Trump ofreciera 50 millones de dólares por la captura de Maduro, por sus nexos con el narcotráfico.
El Consejo de Comunicación y Ciudadanía de la dictadura sandinista, difundió este viernes, ocho de agosto, un mensaje teñido de “fervor revolucionario” dirigido al dictador venezolano Nicolás Maduro Moros, firmado por los dictadores, Daniel Ortega Saavedra y Rosario Murillo.
El texto es de puro contenido simbólico y apela a la “mística sandinista”, recurre a retórica bélica y a gráficas poéticas cargadas de épica histórica. El comunicado arranca ensalzando una “Nicaragua invicta” que conecta, mediante un lenguaje exaltado, con una “Venezuela ejemplar, inspiradora, liberadora” y se adereza con referencias a Hugo Chávez y a Sandino, convertido en figura mitológica mediante versos que evocan una resistencia perpetua frente a toda forma de “imperio”.
Recompensa millonaria
Esta semana Estados Unidos duplicó a 50 millones de dólares la recompensa por información que conduzca a la captura de Nicolás Maduro, acusándolo de nexos con el narcotráfico internacional y organizaciones criminales como el Cártel de Sinaloa y el Tren de Aragua.
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Según el Departamento de Justicia de Estados Unidos, más de 30 toneladas de cocaína y bienes valorados en 700 millones de dólares estarían vinculados a esta red, lo que refuerza la narrativa de Washington sobre Maduro como una amenaza para la seguridad nacional. Caracas ha rechazado las acusaciones, tildándolas de propaganda y de “cortina de humo” destinada a presionar políticamente a la dictadura venezolana.
Texto sin sustancia
El planteamiento oficial parece menos una muestra de solidaridad concreta y más una construcción de identidad narrativa. La carta no menciona acciones diplomáticas o políticas concretas, ni se refieren a ayudas, gestiones o acuerdos bilaterales. En lugar de ello, se enfoca en metáforas y consignas: “Somos la misma raza, somos la misma sangre… ni nos vendemos, ni nos rendimos, jamás”.
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El comunicado se convierte más en un acto de propaganda que en una comunicación estatal. La retórica cargada de épica —con referencias dramáticas a Sandino, Sacasa, vendepatrias y estimaciones de cabezas de “yankees”—, parece diseñada para alimentar un imaginario combativo, más que aportar contenido.