Este 9 de agosto de 2025 se cumple el 80º aniversario del día cuando un avión bombardero de Estados Unidos (EE. UU.) dejó caer una bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Nagasaki. Dos días antes, otro bombardero de EE. UU. había lanzado una bomba atómica igual sobre la ciudad de Hiroshima.
En Nagasaki murieron 40,000 personas en el momento de la explosión y una cantidad similar en los meses siguientes, como consecuencia de las heridas y la radiación. Y en Hiroshima la bomba atómica mató en el acto a unas 70,000 personas y otras tantas murieron antes de finalizar aquel año funesto.
EE. UU. estaba en guerra con Japón desde diciembre de 1941, cuando los japoneses atacaron la base naval norteamericana de Pearl Harbor, en Hawai. En Europa la II Guerra Mundial había terminado en mayo de 1945, con la rendición incondicional de Alemania. Pero la guerra de EE. UU. con Japón continuaba porque el imperio japonés se negaba a rendirse.
Los altos mandos militares estadounidenses planeaban una invasión masiva inicial al territorio de Japón para noviembre de 1945, y la invasión final en marzo de 1946. O sea que el conflicto bélico con Japón terminaría casi un año después del fin de la guerra en Europa. Sin embargo, el presidente de EE. UU., Harry Truman, optó por ordenar el bombardeo atómico sobre las mencionadas ciudades de Japón.
La revista Magazine de LA PRENSA relata en su edición de agosto que Truman tomó aquella terrible decisión con base en la recomendación de un comité estratégico especial, de atacar a Japón con las bombas atómicas para poner fin a la guerra de una sola vez.
Según Magazine, el comité especial estaba encabezado por Henry L. Stimson, el mismo que en 1927 el entonces presidente de EE. UU., Calvin Coolidge, envió a Nicaragua para forzar a los liberales y los conservadores a que pusieran fin a la guerra civil que libraban en su lucha por el poder.
Stimson impuso la famosa “paz del Espino Negro” que el general Augusto C. Sandino rechazó porque dejaba en el poder al conservador Adolfo Díaz. Y comenzó una guerra de guerrillas contra la marinería yanqui que había invadido Nicaragua hasta que se fue del país al comenzar el año de 1933.
Por cierto que según el mismo reportaje, habría sido Stimson quien dispuso el asesinato de Sandino, porque este no aceptó sus condiciones yanquis de paz en 1927. Y Anastasio Somoza García habría sido el organizador de la conjura para fusilar a Sandino.
Volviendo al bombardeo atómico contra Japón, el reportaje de Magazine explica que “Stimson seleccionó cuatro objetivos para lanzar las bombas atómicas, dos de los cuales finalmente fueron atacados; Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y Nagasaki tres días después”. A lo cual hay que adicionar el dato de que los dos objetivos rechazados por Truman eran lugares deshabitados, propuestos sólo para que los japoneses vieran el terrible poder de las bombas atómicas. Pero el presidente estadunidense decidió que fueran Hiroshima y Nagasaki las bombardeadas, porque eran las dos únicas ciudades japonesas que no habían sido devastadas por los bombardeos yanquis convencionales.
El mismo día que la primera bomba atómica causó la mortandad humana en Hiroshima, o sea el 6 de agosto de 1945, Truman emitió un comunicado en el que dijo: «Hemos usado la bomba para acortar el sufrimiento de la guerra, en un intento de salvar las vidas de miles y miles de jóvenes estadounidenses».
Obviamente, para el presidente Truman las vidas de los japoneses civiles, desarmados e indefensos, entre ellos muchísimos niños, mujeres y ancianos, no tenían el mismo valor que las de los combatientes estadunidenses.
Cabe mencionar que cuando ocurrió el genocidio atómico de Hiroshima y Nagasaki sólo EE. UU. tenía esa arma de exterminio humano y destrucción masiva. Cuatro años después, en 1949, ya la tenía la Unión Soviética, ahora Rusia, y en la actualidad la poseen nueve países, mientras que otros, como Irán, se esfuerzan por tenerla. Rusia es el que tiene más armas atómicas, con 1,718 desplegadas y 2,591 almacenadas, seguido de EE. UU. que posee 1,770 desplegadas y 1,930 almacenadas.
En ocasión del 80º aniversario de Hiroshima y Nagasaki el papa León XIV ha dicho que “las armas nucleares ofenden nuestra humanidad compartida y traicionan la dignidad de la creación”. Lo que es muy cierto, pero la mayor amenaza es la de algunos hombres insensatos que gobiernan países con armas atómicas y que por sus delirios de poder en cualquier momento podrían provocar una catastrófica mortandad y destrucción mundial.