La dirigente principal de la oposición democrática de Venezuela, María Corina Machado, dijo en una declaración divulgada por diversos medios que en su país “hay redes clandestinas” que luchan para poner fin a la dictadura bolivariana.
Recién cumplido un año de la contundente derrota electoral que la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) le propinó a la dictadura, pero que esta no reconoció y ha seguido aferrada al poder, María Corina Machado aseguró que “esta fase de organización subterránea (que es la clandestina) ya tiene tiempo avanzando y hemos hecho muchísimos adelantos”.
María Corina se fue a la clandestinidad desde recién pasadas las elecciones del 28 de julio de 2024, cuando la dictadura desató una feroz represión contra la oposición que había triunfado en las urnas. El mismo candidato presidencial opositor que ganó la elección con más del 60 por ciento de los votos, Edmundo González Urrutia, tuvo que asilarse en la Embajada de España en Caracas y el 7 de septiembre de ese año viajó a Madrid donde se encuentra exiliado.
María Corina Machado agregó en su declaración que en Venezuela “la gente está clara de que frente a la barrera de silencio que trata de imponer el régimen”, la PUD ha encontrado “formas de comunicación seguras, eficientes y evasivas”. Y dirigiéndose a los venezolanos del exilio y la diáspora les pidió que “griten con más fuerza que nunca. Denuncien y, quirúrgicamente, presionen donde en este momento es indispensable».
Acerca de la situación de María Corina Machado, es importante aclarar que la clandestinidad no es lo mismo que esconderse y andar huyendo. La clandestinidad es la cobertura de la resistencia política contra una dictadura cuando no es posible luchar de manera abierta, pública y legal.
“El concepto de resistencia es diferente del de oposición”, indica el enciclopedista de la política, Rodrigo Borja, y explica: “La oposición es una operación que se mueve dentro de la ley y en el marco de las prerrogativas democráticas que las normas jurídicas confieren a los ciudadanos. Implica una discrepancia de opinión política respecto de la que sustentan el gobierno, los partidos y otros actores de la vida pública. No busca derrocar al régimen ni aniquilar al adversario sino criticar sus errores y presentar propuestas alternativas constitucionalmente válidas”.
“En cambio, la resistencia es la negativa de un pueblo a soportar los desmanes de un gobierno arbitrario, admitir la ocupación extranjera o tolerar el colonialismo. Es la lucha activa o pasiva para la liberación de un pueblo. No tiene contemplaciones constitucionales ni legales: acude a todos los medios fácticos eficientes para dar término a la situación política imperante…”
En este sentido es obvio que las condiciones de Venezuela y Nicaragua son diferentes, a pesar de que en ambos países hay feroces dictaduras que se tienen como hermanas. Pero en Nicaragua no hay posibilidad, o no ha sido creada, para una resistencia clandestina interna como en Venezuela. La oposición nicaragüense sólo actúa en el exterior haciendo denuncias y gestiones ante la comunidad democrática internacional.
No obstante, el hecho de que la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo continuamente está encarcelando o secuestrando a personas, con o sin antecedentes políticos conocidos, así como a algunas que hasta hace muy poco tiempo eran parte de la cúpula del mismo régimen, podría indicar que en el país se está gestando alguna forma embrionaria de resistencia clandestina.
Sin embargo, hasta ahora no hay indicios y mucho menos evidencias que permitan asegurarlo.