LA PRENSA ha publicado en su edición de este jueves 31 de julio un artículo informativo de primera plana, titulado “Cómo Arce y Baltodano ayudaron a construir la dictadura de Ortega que hoy los persigue”.
El artículo es muy interesante, da mucha información y ojalá pudiese ser leído por todas las personas interesadas en este tema, que sin duda es uno de los más gruesos y apasionantes en la problemática actual de la dictadura sandinista.
El enfoque de LA PRENSA se remonta a los orígenes revolucionarios de los dos prominentes personajes sandinistas ahora caídos en desgracia. Y narra la participación protagónica que ambos tuvieron, uno más que el otro, en la construcción de las relaciones del poder sandinista con la cúpula empresarial privada de Nicaragua, así como en la creación o el incremento de su inmenso y multifacético poder económico.
Pero además, el artículo menciona el “detalle” muy interesante para entender mejor el caso, de que “a partir del estallido de la crisis socioeconómica de 2018, ambos comenzaron a perder poder, mientras la vocera oficial (Rosario Murillo) avanzaba hacia el control del gabinete económico”.
En realidad, la rebelión nacional democrática de abril de 2018 fue un parteaguas en la historia política contemporánea de Nicaragua. Fue un fenómeno que impactó tan fuerte en el interior de la misma dictadura, que sólo recurriendo a la violencia policial y paramilitar extrema, hasta el grado de cometer crímenes de lesa humanidad, pudo salir de la crisis y sobrevivir.
De Bayardo Arce se supo, por sus propias imagen y voz en la inauguración del primer diálogo nacional que fue convocado por la Iglesia católica a petición de la dictadura, que criticó la reforma del Seguro Social que había sido la chispa que encendió la hoguera del conflicto nacional. Además se manifestó en desacuerdo con la despiadada represión del “vamos con todo” que la dictadura había desatado para aplastar las protestas populares; y dijo que había que dejar en libertad a las personas detenidas por las fuerzas policiales.
Desde entonces fue visible que Bayardo Arce perdió presencia y protagonismo en la dictadura, o sea que comenzó a caer en desgracia ante Ortega y Murillo. Y al parecer ocurrió lo mismo con Álvaro Baltodano, y con muchos otros sandinistas de alto nivel, como el mismo general sandinista retirado Humberto Ortega, e incluyendo a algunos que se pasaron a las filas de la resistencia y la oposición.
Eso ha ocurrido en todos los regímenes totalitarios, lo cual desmiente el mito de la unanimidad y la adhesión total permanente que los líderes e ideólogos del totalitarismo pretenden hacer pasar como una realidad.
Es más, por lo general las disidencias en el interior de los regímenes totalitarios suelen ser reprimidas con más ferocidad por las cúpulas. Lo que se entiende porque los disidentes son personas que conocen muy bien las entrañas del sistema, sus fortalezas y debilidades, de manera que pueden causarle más daño a la dictadura que la oposición propiamente democrática.
En realidad, las disidencias internas en los regímenes totalitarios demuestran que, a pesar de todos los esfuerzos que hacen para mostrar la imagen de unidad monolítica total, esta no existe en absoluto y siempre se puede presentar la posibilidad de que los desistimientos se amplíen hasta convertirse en grietas políticas que a la larga pueden conducir a cambios, desde reformas internas hasta el colapso del sistema totalitario.
Hasta ahora no hubo ni un solo régimen totalitario que no tuviera en su interior disidencias en distintos tonos y grados. Y la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo no tiene por qué ser la excepción.