Dictadura sandinista y manipulación religiosa

Sorpresa e indignación causó entre muchas personas cristianas y democráticas lo dicho por Daniel Ortega de que Hugo Chávez resucitó como Jesucristo. O sea que es Dios.

El codictador sandinista dijo eso en un acto oficialista realizado el lunes 28 de julio, en conmemoración del 71º aniversario del nacimiento del extinto caudillo dictador de Venezuela. “Chávez es de los que, como Cristo, después de ser crucificado, a los pocos días resucitó, y Chávez está vivo, está resucitado, está en todos nosotros…”, aseveró Ortega. Y agregó, entre otros ditirambos en loor de Chávez, que este tenía la “firmeza, ternura y un corazón tan grande, tan bueno como nuestro señor Jesucristo”.

La veneración del caudillo sandinista a Hugo Chávez es comprensible. Desde que recuperó el poder en enero de 2007, hasta 2016, el dictador de Venezuela le facilitó a su camarada nicaragüense recursos económicos hasta por 3,654 millones de dólares. Eso le permitió a Ortega jactarse de que Nicaragua había crecido económicamente hasta casi el 5 por ciento anual, mientras la economía venezolana —por el desastroso rumbo socialista que le dio Chávez— decreció en el mismo período hasta 18 por ciento.

Por otra parte, la manipulación religiosa no es algo nuevo en el sandinismo y con Daniel Ortega. Esa fue una de las vertientes principales de la estrategia ideológica de la dictadura sandinista de 1979 a 1990: Proclamó que Carlos Fonseca era de “los muertos que nunca mueren”; se apropió del lema de la Iglesia católica “Cristo ayer, Cristo hoy, Cristo siempre”, convirtiéndolo en “Sandino ayer, Sandino hoy, Sandino siempre”; declaró que “entre religión y revolución no hay contradicción”, etc.

En su manipulación política e ideológica de la religión los sandinistas convirtieron a varios sacerdotes católicos en cuadros políticos y gubernamentales de alto nivel. Y el sacerdote socialista Ernesto Cardenal hasta pretendió el absurdo de fusionar el cristianismo con el marxismo-leninismo.

Eso no lo saben los nicaragüenses que nacieron en los años noventa del siglo pasado y después, pero la verdad es que la manipulación de la religión y de  los símbolos religiosos es una vieja mala costumbre de los sandinistas.

Sobre este tema ya hemos escrito antes, pero obviamente es necesario insistir porque en la lucha ideológica no hay descanso ni debe de haber tregua. La historia enseña que la manipulación política e ideológica de la religión es parte de la estrategia del lavado de cerebro que practican y han practicado siempre las dictaduras totalitarias.

Por definición, el lavado de cerebro es “un proceso de manipulación psicológica que busca cambiar las creencias, actitudes o comportamientos de las personas a través de técnicas de persuasión extrema, presión social o control de la información. En el contexto político e ideológico, se refiere a estrategias utilizadas por gobiernos, grupos radicales o movimientos ideológicos para influir en la percepción y pensamiento de individuos o masas”.

En la Nicaragua de los años ochenta del siglo pasado la dictadura sandinista hizo del sistema educativo nacional (incluyendo la Campaña Nacional de Alfabetización de 1980), un instrumento para el lavado de cerebro de la niñez, juventud y en general de toda la población nicaragüense. Y lo mismo están haciendo ahora. Quisieron en aquella época, y pretenden de nuevo, vaciar la conciencia de los nicaragüenses de los valores de la libertad, la democracia y el cristianismo, e inculcarle la ideología sandinista que es una aberrante mezcla de marxismo, nacionalismo enfermizo, culto a la personalidad de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y obediencia ciega al Estado.

Además, en términos religiosos la expresión de Daniel Ortega acerca de que Hugo Chávez es igual que Jesucristo, es una blasfemia como se le llama al acto de injuriar a Dios.

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