Este 28 de julio se ha cumplido un año de la histórica elección presidencial de Venezuela, cuando Nicolás Maduro fue contundentemente derrotado por la oposición. Pero la dictadura no reconoció el resultado de la elección y ha seguido imponiéndose mediante el uso de la fuerza bruta, militar y policial.
Estados Unidos (EE. UU.) —y prácticamente toda la comunidad democrática internacional— reconoció como legítimamente electo y verdadero presidente de Venezuela a Edmundo González Urrutia, el candidato ganador de la oposición venezolana liderada por María Corina Machado.
Al cumplirse este aniversario, ha llamado mucho la atención que el Gobierno de EE. UU. se ha referido a la dictadura venezolana en términos particularmente enérgicos y significativos. “Venezuela sigue enviando gente que rechazamos en nuestras fronteras y sigue enviando drogas a nuestro país. Han sido muy sucios. No podemos dejar que eso pase”, declaró el presidente Donald Trump en Escocia, a donde fue para negociar acuerdos arancelarios con la Unión Europea, aliada de EE. UU.
Tres días antes, EE. UU. había clasificado al Cartel de los Soles como una organización criminal terrorista “encabezada por Nicolás Maduro y otros individuos de alto rango del régimen de Maduro”. «Administrado por el dictador Nicolás Maduro —precisó una vocera del gobierno—, este grupo apoya a terroristas que invaden nuestro país para traficar narcóticos, enriquecerse e infligir violencia contra las comunidades”.
El propio secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que “Maduro, que ni siquiera es presidente —es un narcotraficante— está imputado por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, aquí en Estados Unidos”. Rubio expresó que “Maduro no es el presidente de Venezuela y su régimen no es el gobierno legítimo. Maduro es el líder del Cártel de los Soles, una organización narcoterrorista que se ha apoderado de un país. Y está acusado de introducir drogas en Estados Unidos”. Y advirtió que “Washington ‘empleará todos los recursos a su disposición’ para frenar el chavismo como actor desestabilizador regional”, según informó LA PRENSA este lunes 28 de julio.
Sin embargo, el jueves 24 de julio se conoció que la compañía petrolera norteamericana, Chevron, había sido autorizada por EE. UU. para reanudar operaciones en Venezuela, después de que el presidente Trump le había cancelado la licencia para hacerlo. Eso ocurrió inmediatamente después de una negociación exitosa entre la dictadura venezolana y EE. UU. que permitió la liberación de varios ciudadanos estadounidenses que estaban cautivos en Venezuela, como rehenes. Según la información, la Chevron no pagará por el petróleo en dinero, sino con parte del mismo crudo extraído, pero aun así sería un gran alivio económico para la dictadura.
Es por eso que algunos adversarios de la dictadura venezolana han visto como una gran incongruencia del gobierno estadounidense, por un lado, autorizar la reanudación de las operaciones de la Chevron y por otro declarar que Maduro no es el presidente de Venezuela y que lidera una organización y un Estado criminal que agrede a EE. UU. y atenta contra su seguridad nacional.
Pero Trump siempre es impredecible, como aseguran algunos analistas bien informados, y no se debe valorar sus acciones por las apariencias. Cabe mencionar al respecto que la lúcida y evidentemente muy bien informada dirigente opositora venezolana, María Corina Machado, no ha visto esa supuesta incongruencia y, por el contrario, valora positivamente la situación. En efecto, reaccionando a las declaraciones de Marco Rubio, Machado señaló en un mensaje enviado desde la clandestinidad donde se encuentra, que “la libertad de Venezuela será el golpe histórico más certero contra el crimen organizado, el narcotráfico y el terrorismo en nuestro continente”. Y en un segundo mensaje llamó al pueblo venezolano a estar listo para “algo grande”.
La verdad es que no sería raro que el Gobierno de EE. UU. estuviera tramando algo extraordinario para tratar de sacar del poder a Maduro. La dictadura de Venezuela parece ser el eslabón más débil de la cadena de enemigos de EE. UU. en las Américas. De manera que quizás por allí busque cómo romperla y lo demás podría venir después por añadidura. Veremos.