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A un año exacto del fraude electoral del 28 de julio de 2024, que despojó de la victoria a Edmundo González Urrutia y sumió a Venezuela en un nuevo ciclo de represión, el gobierno de Donald Trump ha elevado drásticamente el tono y las acciones contra el régimen de Nicolás Maduro.
En palabras del secretario de Estado, Marco Rubio, “Maduro NO es el presidente de Venezuela y su régimen NO es el gobierno legítimo”. El mensaje, publicado este domingo en el portal del Depatamento de Estado y diferido en X (antes Twitter), marca un punto de inflexión en la política estadounidense hacia Caracas.
En menos de una semana, la administración Trump ha lanzado una batería de medidas que incluyen la designación del Cártel de los Soles como organización narcoterrorista internacional, la intensificación de investigaciones federales sobre sus redes financieras, y amenazas abiertas de que Washington empleará “todos los recursos a disposición” para frenar el ascenso del chavismo como actor desestabilizador regional.
La postura oficial ya no se limita a la diplomacia de sanciones. El discurso de Trump y su gabinete viraron en torno a la seguridad nacional, el terrorismo trasnacional y la “complicidad directa del régimen con el tráfico de drogas y de personas”.
El discurso de Estados Unidos se radicalizó mientras Venezuela celebraba el fin de semana «elecciones municipales» bajo un escenario de control absoluto del chavismo, centros de votación vacíos y oposición anulada por detenciones, amenazas y abstención masiva.
Marco Rubio: «Maduro no es el presidente»
A un año del cuestionado proceso electoral en Venezuela, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, afirmó este domingo que Nicolás Maduro “no es el presidente de Venezuela” y que su régimen “no es legítimo”.
En un comunicado oficial, Rubio acusó a Maduro de liderar el Cártel de los Soles, calificado como organización narcoterrorista responsable del tráfico de drogas hacia Estados Unidos y Europa.
Además, señaló que el mandatario venezolano ha “corrompido las instituciones” del país para facilitar ese esquema criminal.
El gobierno estadounidense, a la vez, reafirmó su compromiso con la “restauración del orden democrático” en Venezuela y acusó al chavismo de utilizar las recientes elecciones municipales como herramienta para “reprimir la voluntad del pueblo” mediante el uso de las fuerzas armadas.
“Quienes roban elecciones y usan la fuerza para alcanzar el poder socavan los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos”, concluye el comunicado.
La embajada estadounidense en Caracas también endureció su tono ayer domingo. En un mensaje público difundido durante la jornada electoral de este domingo, advirtió: “Maduro y su régimen criminal no durarán para siempre”.
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Trump, la frontera y Venezuela
Desde Escocia, donde sostuvo una reunión bilateral con Ursula von der Leyen, Trump insistió ayer mismo en vincular directamente la crisis venezolana con la seguridad interior de Estados Unidos. “Venezuela ha sido muy desagradable y no podemos permitir que eso suceda. Siguen enviando drogas y personas a nuestro país”, dijo.
Trump ha retomado su estrategia de construir un enemigo externo como soporte de su discurso interno. Bajo esta lógica, Venezuela representa una triple amenaza: fuente de narcotráfico, incubadora de bandas criminales como el Tren de Aragua y origen de flujos migratorios que —según su retórica— desestabilizan el orden estadounidense.
“Venezuela actúa de forma diferente. Siguen enviando personas que rechazamos en nuestra frontera. Siguen enviando drogas a nuestro país. Venezuela ha sido muy desagradable y no podemos permitir que eso suceda”, aseveró el presidente norteamericano.
La Administración ya ha aplicado la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 para justificar deportaciones masivas de venezolanos con presuntos vínculos criminales.
En marzo, más de 130 personas fueron expulsadas a El Salvador, pese a órdenes judiciales en contra. En julio, los deportados comenzaron a llegar a Maiquetía, reabriendo el debate sobre derechos humanos, debido proceso y racismo institucional.
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El Tren de Aragua y el Cártel de los Soles
Washington ha vinculado públicamente al régimen de Maduro con dos de los grupos criminales más poderosos del continente: el Cártel de los Soles y el Tren de Aragua. La designación del primero como grupo terrorista sella una narrativa que se construye desde hace más de una década.
El Cártel de los Soles, bajo investigación desde 1993, ha mutado de una red de sobornos en la Guardia Nacional a una estructura militarizada y política, asociada a altos funcionarios como Hugo “el Pollo” Carvajal y Diosdado Cabello.
En 2020, el Departamento de Justicia formalizó acusaciones contra Maduro, Cabello y Tareck El Aissami por narcotráfico y lavado de dinero. Hoy, ese expediente sirve de fundamento para aislar internacionalmente al régimen.
El Tren de Aragua, por su parte, opera en más de 12 estados norteamericanos y ha sido identificado como un brazo operativo del chavismo en actividades como extorsión, tráfico de armas y trata de personas.
Su expansión por América Latina y el sur de Estados Unidos le ha dado una notoriedad que Washington no quiere subestimar.
El fraude de 2024 en Venezuela
Las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 marcaron el punto de ruptura. Pese a todos los sondeos y observadores informales que proyectaban una clara victoria del candidato opositor Edmundo González, el Consejo Nacional Electoral, controlado por el chavismo, proclamó a Maduro vencedor.
Las denuncias de manipulación, coacción y censura fueron ignoradas por el régimen, que clausuró las vías de impugnación judicial y encarceló a decenas de líderes opositores.
La Plataforma Unitaria Democrática calificó el proceso como “una farsa de Estado”, mientras María Corina Machado denunció un “golpe electoral con traje legalista”.
La comunidad internacional se dividió. Mientras organismos como la OEA y países como Colombia, Chile y España reconocieron a González como presidente legítimo, otros —como Brasil, Turquía y Rusia— validaron el resultado oficial.
Estados Unidos mantuvo una postura ambigua durante los meses iniciales, debido a disputas internas entre el Departamento de Estado y actores ligados al sector energético.

Chevron, Grenell y la fractura dentro del trumpismo
Una de las críticas más severas a la política estadounidense ha surgido dentro de su propio círculo. El empresario exiliado Pedro Mario Burelli criticó con dureza el nombramiento de Richard Grenell como enviado especial para Venezuela, acusándolo de priorizar intereses petroleros sobre la restauración democrática.
“Fue capturado con inusitada facilidad por corruptos intereses que poco tienen que ver con el interés nacional”, escribió Burelli, aludiendo a los vínculos de Grenell con Chevron y otros lobbies estadounidenses que aún mantienen operaciones bajo la Ley Antibloqueo del chavismo.
“¿Cómo carajo ayuda eso a la seguridad nacional de los Estados Unidos?”, preguntó, en un mensaje que se viralizó en redes.
Estas tensiones reflejan la pugna interna entre el ala ideológica dura del trumpismo, representada por Rubio y sectores del Tea Party, y los intereses corporativos que buscan mantener negocios con Caracas a cualquier costo.
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Elecciones municipales: una repetición de la farsa
Mientras tanto, el régimen celebró este domingo elecciones municipales para elegir 335 alcaldes y más de 2,400 concejales.
El resultado fue previsible: una jornada marcada por el ausentismo, el despliegue militar y la sustitución arbitraria de autoridades locales opositoras.
El CNE, presidido por aliados de Maduro, extendió la jornada dos horas debido a la baja participación. Al menos diez alcaldes opositores habían sido arrestados en las semanas previas, y se impidió la postulación de candidatos independientes en zonas clave como Maracaibo, Valencia y Barinas.
María Corina Machado lo resumió así: “El chavismo se quedó solo en las urnas. Ya no gobiernan con votos, gobiernan con miedo”.

El futuro de Venezuela
En su comunicado conmemorativo del 27 de julio, Rubio reiteró que la administración Trump no reconocerá ninguna autoridad surgida del proceso de 2024 ni de las elecciones municipales recién celebradas.
“Seguiremos trabajando con nuestros aliados para exigir responsabilidades al régimen corrupto, criminal e ilegítimo de Maduro”, afirmó.
La Casa Blanca se prepara para un endurecimiento progresivo que incluiría nuevas sanciones al sector petrolero, restricción de visas a funcionarios y familiares del régimen, y coordinación con países vecinos para blindar las fronteras.
En la práctica, el conflicto entre Caracas y Washington ya no es sólo diplomático: es judicial, económico, simbólico. Y, como anticipó el propio Trump, “Maduro no durará para siempre”. La pregunta que queda por responder es cómo, cuándo y a qué costo.