En Nicaragua se percibe cada vez con más intensidad el aumento de la influencia de China comunista. No sólo por los acuerdos de cooperación con la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo, sino también por la expansión acelerada del comercio minorista chino que está desplazando —y arruinando— a muchos comerciantes nicaragüenses.
Algunos analistas aseguran que la influencia de China en Nicaragua se debe a la afinidad ideológica y política de los regímenes de ambos países. Otros advierten que hay también otras razones de mayor dimensión.
En realidad, el expansionismo chino es global. La influencia económica, técnica-científica, cultural y política de China se extiende por todo el planeta. Demuestra el afán de China por crear un nuevo orden mundial hegemonizado por ella, aunque de alguna manera compartido con algunos de sus aliados y afines políticos.
El doctrinario político Fernando Mires dice en un reciente artículo publicado en su blog personal, que “el siglo XXI ha estado marcado, y lo seguirá estando, por una competencia sin cuartel entre los Estados Unidos y China, una cuyo objetivo es alcanzar una nueva hegemonía en el marco de una globalización que ellos mismos han contribuido a crear”.
Y se pregunta el maestro Mires: “¿Quién será el amo de esa globalización? ¿Cuál será la nación que dictará las condiciones económicas al resto del globo? O formulado de otro modo: ¿cuál será la parte más grande y más productiva del globo donde cada una de esas potencias ejercerá la hegemonía, y así llegar a la posibilidad de una tensa coexistencia pacífica o, como algunos autores llaman, una ‘nueva guerra fría’”?
En realidad, es evidente que el presidente estadounidense, Donald Trump, quiere ganarle a China la carrera por la hegemonía mundial. Pero, así como Trump quiere “hacer grande a América otra vez”, su colega y rival chino Xi Jinping también tiene el propósito de “hacer grande” a China de nuevo. Más grande que EE. UU. y que cualquiera otra potencia mundial.
Al respecto, el analista Alonso E. Illueca opina en un artículo de opinión publicado en LA PRENSA este lunes 21 de julio, titulado La pax sínica y la OIMed: la diplomacia al estilo Pekín, que “ante la inminente reconfiguración del orden liberal internacional y el ascenso de China, se puede visualizar el amanecer de la pax sínica y su colisión con la pax americana”.
Illueca explica que el concepto de pax americana alude a los de la pax romana y la pax britannica, “términos utilizados para describir momentos similares en la historia del Imperio Romano y del Imperio Británico, en donde su poderío parecía no tener igual”. Como ahora China pretende que su poderío no tenga igual y una pujante pax sínica se imponga a la decadente pax americana. (Entre paréntesis cabe aclara que la palabra sínica deriva en este caso de sino, un vocablo que en la antigüedad usaban los griegos y los romanos para nombrar a China).
Según Illueca, para sustentar filosóficamente las aspiraciones de hegemonía mundial de China se ha actualizado el término Tianxia, que en español se traduce como “Todo bajo el cielo” y representa un antiguo concepto chino de orden mundial centrado en un reino unificado por un soberano.
En la época actual, la Tianxia china se entiende como un concepto a la vez geográfico, filosófico y político, que se refiere a un orden universal gobernado por China, un modelo de gobernanza global inspirado teóricamente en la fusión del confucionismo (por Confucio) con el marxismo-leninismo adaptado a las condiciones modernas.
Illueca asegura que estamos ante “un esfuerzo revisionista de China que acompaña su ascenso como superpotencia… que a lo largo de los años ha ido desarrollando herramientas de poder blando, combinándolas con otras de poder duro e incisivo”.
Acerca de esto, cabe mencionar que la Oficina de Responsabilidad del Gobierno de los Estados Unidos (GAO, por sus siglas en inglés), ha reportado que “China es el mayor inversor mundial en otros países, financiando la construcción de infraestructuras como carreteras y ferrocarriles, suministro de energía, telecomunicaciones y más. Gracias a estos esfuerzos, China ha expandido su influencia globalmente, lo que plantea importantes desafíos a los intereses económicos, políticos y de seguridad de Estados Unidos”.
Lo que no dice la GAO es que por el aflojamiento de las responsabilidades de EE.UU. como líder del Occidente democrático, y en el mundo en general, China avanza con más seguridad y rapidez para tratar de imponer la pax sínica, o sea un nuevo orden mundial no sujeto a reglas de derecho sino a la hegemonía económica y política global de la nueva gran China.
En ese proyecto global de China, su influencia y predominio en la pequeña Nicaragua debe ser importante para los estrategas y dirigentes chinos. Pero de mayor importancia es para los nicaragüenses que anhelan la libertad y necesitan volver a vivir en democracia.