Murillo y Ortega saludan a los jefes del ejército, en el acto del 19 de julio este sábado. Los dictadores tienen temor de que haya una rebelión entre los militares, afirman analistas. LA PRENSA/ TOMADA DE EL 19 DIGITAL

La desesperación y la soledad de los Ortega Murillo demostradas en el acto del 19 de julio

Analistas consideran que Ortega y Murillo mostraron varias flaquezas: deterioro físico, temor a una rebelión en sus bases, y en el Ejército y la Policía, y la falta de paz en sus conciencias

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El evidente deterioro físico de Daniel Ortega y también mental, el temor a una rebelión desde dentro de sus filas, el miedo a todo el mundo, la falta de paz en sus conciencias, desesperación y mucha soledad, son algunas de las flaquezas que a criterio de analistas, como Dora María Téllez y Eliseo Núñez, mostraron los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo, durante el acto de celebración del 46 aniversario de la Revolución el sábado 19 de julio.

Ortega y Murillo llegaron al acto flanqueados por «dos enormes líneas de policías», con escoltas especiales que portaban mamparas antibalas, pero en las imágenes televisivas se veían «más las filas de policías que la gente saludándolos», expuso Dora María Téllez, exprisionera política desterrada.

La entrada de los Ortega Murillo demostró que tienen «miedo a un atentado», a pesar de que circularon en una vía «hipercuidada» por los policías del régimen, un temor que se sintió más palpable cuando Ortega posteriormente habló de «terroristas» y «conspiradores».

Téllez indicó a través de un video que posteó en su cuenta de Youtube, que Ortega no tiene paz desde 2007, cuando se instaló como dictador, ni desde el 2018, cuando su dictadura mató a más de 300 personas, ni después de haber encarcelado, exiliado y perseguido a miles de personas, a la par que ha destruido a Nicaragua. «Tiene cuentas que pagar, la justicia le pisa los talones», asegura Téllez.

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¿Mensaje de Ortega sonó a despedida?

Aunque siempre han existido conjeturas alrededor de la salud de Daniel Ortega, en esta ocasión la imagen del dictador mostró un evidente deterioro. Durante su ingreso a la actividad eso fue evidente, se le vio caminar de manera estropeada y su deterioro físico fue más obvio cuando habló, porque no se escuchó a alguien que estuviera con gripe, sino a alguien «muy cansado, enfermo», expuso el exdiputado opositor Eliseo Núñez.

A pesar de su estado enfermo, Núñez no considera que el mensaje de Ortega sonara a despedida. «Cuando Ortega muera, lo sabremos cuando Rosario quiera que lo sepamos. Rosario tiene el poder ahora», indicó Núñez.

En cambio Téllez sí percibió una posible despedida de Ortega en su mensaje, especialmente cuando dijo: «Todos somos Daniel», algo que nunca había dicho. Para Téllez, fue significativo que él mismo se dijera «todos somos Daniel», porque nadie se lo dijo y con ello mostró temor a la muerte.

Esas palabras de Ortega le recordaron a Téllez cuando el dictador Anastasio Somoza Debayle, en 1979, pocos días antes de caer derrocado por una rebelión popular encabezada por los guerrilleros del Frente Sandinista, se colocó detrás de una vitrina blindada y dijo: «Ni me van, ni me voy». «Fue más o menos la misma tónica de lo que Ortega dijo ayer», explicó Téllez.

La soledad de los Ortega Murillo, según Téllez, también se palpó en el hecho de que Ortega tuvo que jugar «el triste papel de propagandista oficioso» de Rusia y China, y también porque los asistentes al acto «ni le aplaudían» a Ortega, «más que la barra de adelante». Además, considera que la actividad fue «un acto escuálido».

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Los Ortega Murillo temen a su propia gente

Tanto Téllez como Núñez destacaron que los Ortega Murillo celebraron el 19 de julio en soledad, pues, aparte de que no asistió ninguna personalidad extranjera importante para acompañarlos, tampoco estuvieron algunos de sus allegados que sí lo han estado en el pasado, ya que algunos de ellos están incluso encarcelados por los mismos Ortega Murillo.

Según Téllez, muchos de los que estuvieron en la tarima, en la celebración del 19 de julio en 2024, están presos, y esa soledad de los Ortega y Murillo es la muestra de que «estos son los últimos tiempos de la dictadura», no sólo de Daniel Ortega, a quien se le vio desesperado diciendo «todos somos Daniel» en un intento de «mantenerse vivo más allá de los límites físicos». «Lo único que los rodea son sus hijos, todo el resto de la comparsa ha sido desplazada», manifestó Téllez.

Núñez señaló que desde hace algún tiempo los Ortega Murillo han estado «limpiando de supuestos conspiradores a sus propias filas» porque tienen temor de una rebelión interna en sus propias bases, así como «en su propio Ejército, en su propia Policía», lo cual explica por qué los Ortega Murillo han creado las fuerzas paramilitares, una especie de guardia personal, para que, en el caso de una rebelión dentro de la Policía o el Ejército, tener como «echar mano de los paramilitares».

«Es un juego de mantener dividido y crear un paraguas de lo que él cree una rebelión, no de los opositores, sino de sus propias filas, ahí tiene el mayor temor», apuntó Núñez.

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La sucesión de los Ortega Murillo

Núñez considera que durante el acto Ortega se dirigió a la juventud porque ellos, Ortega y Murillo, son personas de casi 80 años, que eliminaron a todos los liderazgos del sandinismo menores que ellos, para no tener «competencia inmediata en el relevo».

De esa manera, todos los liderazgos inmediatos andan entre los 35 y los 45 años de edad.

«Todos los liderazgos maduros que puede tener un partido, que deberían estar listos para la sucesión, las edades debajo de ellos, ellos los eliminan, y así consiguen una sucesión imposible, terminan depositándolo en su propia familia y en sus hijos», manifestó Núñez, quien cree que «el sandinismo tiene que estar claro que su nueva líder es Rosario Murillo» y que Ortega «solo es un fantoche, una figura, para garantizar el poder de Rosario».

El opositor y analista político finalizó diciendo que Murillo seguirá purgando a todos los que han sido leales a Ortega, porque ella necesita «generar nuevas lealtades para ella».

«Por eso (Álvaro) Baltodano está preso, Alba Luz Ramos está destituida. (Murillo) seguirá golpeando al círculo de Daniel, pero es algo autorizado por él, porque él está garantizando que su familia quede al mando y no le importan sus leales. Él está siendo leal a sus hijos y a su mujer, Rosario Murillo seguirá purgando», puntualizó Núñez.

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