La crisis de la cooperación externa

El 24 de octubre del presente año 2025, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) celebrará el 80º aniversario de su fundación. Fue constituida en la ciudad de San Francisco, California, Estados Unidos (EE. UU.), el 24 de octubre de 1945.

Como parte de los preparativos de la celebración, la ONU está promoviendo entre los más de 190 Estados miembros la Iniciativa ONU80, con el propósito de mejorar su funcionamiento y reducir sus gastos administrativos, que son muy elevados. Esta medida se estima indispensable para superar la grave crisis material y existencial que sufre la organización actualmente.

Sin embargo, según el presidente de la Unión de Empleados de Naciones Unidas en la sede de Ginebra, Suiza, Ian Richards, “el plan de reformas ha sido hecho con prisa y secretismo, y no hace frente a la crisis de liquidez ni da apoyo a las personas que llevan a cabo la misión de la ONU”.

En realidad, el problema más grave que afronta la ONU, después de la incapacidad de cumplir sus principales funciones políticas, es el déficit de financiamiento no sólo para la ejecución de sus programas globales sino también para sostener su costoso aparato burocrático y operativo.

Ante esta situación, el secretario general de la ONU, António Guterres, nombró un grupo de trabajo para proponer “cambios estructurales”. Tales cambios implicarían, entre otras cosas, la fusión de costosas organizaciones internacionales como la Acnur y la OIM que atienden los problemas de los refugiados y de las migraciones, así como la FAO y el PMA que operan en los ámbitos de la agricultura global, la alimentación y la atención de urgencia a las poblaciones hambrientas que hay en diversos países del mundo.

Otro de los grandes y graves problemas de la ONU es que, según el Barómetro de Cooperación Global, del Foro Económico Mundial, los niveles de cooperación internacional se han estancado por las tensiones geopolíticas. Y advierte que contraer la ayuda internacional significa, entre otras cosas, que no habrá capacidad suficiente para enfrentar los problemas globales (migración irregular, cambio climático, epidemias, narcotráfico y más).

La consecuencia de eso es que pueden aumentar los conflictos y la inestabilidad social en muchos países, aparte de que, según el Comité Internacional de la Cruz Roja en la actualidad “más de cien conflictos armados y violentos continúan sin tregua”.

El problema estructural de la ONU se ha agravado a partir del regreso de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos (EE. UU.). Los recortes masivos de financiamiento a la cooperación internacional que ha hecho EE. UU., por órdenes de Trump, en los seis meses que lleva al frente del gobierno de ese país que siempre ha sido el principal financiador de las Naciones Unidas, está forzando a cerrar agencias de cooperación, suprimir programas de ayuda y, en fin, hacer ajustes de toda clase y en todos los ámbitos de la organización mundial.

Aparte de eso, la guerra de agresión contra Ucrania y el peligro de que Rusia agreda también a otros países de Europa Oriental que formaron parte del imperio comunista de la URSS, para anexarlos al nuevo imperio putinista, ha obligado a las democracias occidentales a incrementar sus presupuestos militares. Y en consecuencia, a restarle recursos a la cooperación internacional igual que EE. UU., aunque por distintos motivos.

Consideran los expertos que la reducción de la cooperación internacional de EE.UU. y Europa Occidental está socavando la democracia en el mundo, además de que condena a la hambruna y a la mortandad por enfermedades no atendidas debidamente, a millones de familias pobres alrededor del mundo, e inclusive en los mismos países desarrollados.

Definitivamente estos no son buenos tiempos para la gente que quiere vivir en libertad y democracia.

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