Abandono de Estados Unidos y crisis de los organismos internacionales

La directora editorial asociada de la Fundación para la Educación Económica (FEE), Daphne Posadas, ha publicado en la revista en línea de dicho centro de pensamiento un interesante comentario sobre la crisis de las instituciones internacionales.

Se refiere a las organizaciones intergubernamentales especializadas de las Naciones Unidas (ONU), como la Unesco, que se ocupa de los asuntos de la educación, la ciencia, la cultura y los patrimonios de la humanidad; la FAO, que atiende los problemas de la alimentación y la agricultura; la OIM, que gestiona los asuntos de las migraciones, y las otras que forman parte del actual orden internacional.

Dice Posadas que los “líderes autoritarios” o dictadores están poniendo a prueba los límites del sistema internacional, y se pregunta: “¿Hasta dónde pueden llegar? ¿Qué consecuencias, si las hay, tendrán que afrontar?” Alude directamente a “la tiranía de Nicaragua”, como ella la llama, que comenzó —dice— con abusos internos y siguió “en la arena internacional (con) un retirada deliberada de organismos internacionales: OIM, OIT, Unesco, FAO e incluso el Consejo de Derechos Humanos de la ONU”.

Según la autora del escrito que comentamos, “Ortega y Murillo han roto los lazos de Nicaragua con instituciones que antes ofrecían supervisión, enviando un mensaje claro: ‘Ya no necesitamos el club’. En su lugar se inclinan por redes alternativas, alineadas con China, que ofrecen recursos y reconocimiento sin la carga de la rendición de cuentas”.

En relación con la política de la dictadura de Ortega y Murillo, de sacar a Nicaragua de los organismos internacionales de las Naciones Unidas, los opositores políticos y mediáticos nicaragüenses dicen que es para eludir la fiscalización internacional y la denuncia de las atrocidades que comete contra la población nacional.

Pero la mirada de Daphne Posadas va más allá, su enfoque es global y ubica esa decisión de la dictadura de Ortega y Murillo en el contexto de la crisis del sistema de relaciones internacionales representado por la ONU. Reflexiona al respecto que “en su día”, o sea después de la creación de los organismos mundiales de la ONU, la pertenencia de los países a ellos “conllevaba beneficios tangibles: acceso preferencial al comercio, menos barreras y relaciones diplomáticas más sólidas. Por lo general, más comercio significa más vínculos, y más vínculos (al menos en teoría) significan menos conflictos”.

Agrega Posadas que los mecanismos para resolver los conflictos dejaron de funcionar, a pesar de ellos siguieron estallando las guerras, las disputas comerciales se volvieron habituales y las quejas quedaron sepultadas bajo el papeleo. “Y lo más importante —señala— el artífice del orden de posguerra, Estados Unidos, ya no está tan comprometido con esas normas fundacionales”.

En esta situación —sigue analizando Posadas— “potencias emergentes como China están construyendo redes internacionales alternativas de Estados clientes leales y bloques regionales (como la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda). Estas afiliaciones podrían pronto rivalizar o superar a la ONU en relevancia y atractivo para los regímenes autoritarios”.

En realidad, es bien conocido que como regla general el vacío que deja una fuerza política es llenado inmediatamente por otra fuerza emergente. Lo cual se aplica no sólo en el ámbito interno de los países sino también en la esfera internacional. Es decir, que si Estados Unidos abandona su liderazgo mundial, costoso pero indispensable, las potencias autoritarias lo asumirán sin falta y rápidamente.

De manera que la estrategia del régimen de Nicaragua de abandonar las organizaciones internacionales de las Naciones Unidas la podrán ir siguiendo otros países cuyos gobernantes se sienten agraviados o abandonados por EE. UU. Y son seducidos por las grandiosas oportunidades que supuestamente les ofrece su asociación con China, Rusia, Irán y las otras potencias emergentes de los Brics.

Editorial China EE.UU. ONU organismos internacionales archivo
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