Pacem in Terris y la paz verdadera

El obispo nicaragüense, monseñor Silvio Báez, quien vive el exilio por la persecución de la dictadura, recibió personalmente el Premio Pacem in Terris que otorga una alianza ecuménica de organizaciones religiosas de Iowa e Illinois, en Estados Unidos (EE. UU.).

El honroso premio le fue entregado a monseñor Báez en una emotiva ceremonia realizada el miércoles 9 de julio en la Catedral del Sagrado Corazón, en Davenport, estado de Iowa.

Pero ¿por qué se otorga un premio como el Pacem in Terris (Paz en la Tierra) al obispo nicaragüense que, si bien es una persona de paz, no es un activista contra las guerras que se libran actualmente en el mundo.

La explicación la dio el propio obispo nicaragüense al recibir el Pacem in Terris: “Este premio —dijo monseñor Báez— es un reconocimiento a la lucha incansable de muchos nicaragüenses valientes y dignos que han trabajado —y continúan trabajando— por la paz, la libertad y la defensa de los derechos humanos en nuestro país”.

Ciertamente, el sentido profundo y la dimensión inmensa de la paz proclamada en la encíclica Pacem in Terris, no es sólo la ausencia de guerra, el silencio de las armas, el fin de las matanzas en los campos de batalla y por los bombardeos contra la población civil con aviones y drones mortíferos.

Sin duda que sería grandioso que ya no hubiera enfrentamientos bélicos entre países, pueblos y bandos de gente armada. Lograr eso sería un paso enorme en el progreso de la civilización.

Pero la paz no significa solamente ausencia de guerra militar. La paz, según la definió sabiamente el papa Juan XXIII en la encíclica Pacem in Terris, es “un estado de convivencia social basado en la verdad, la justicia, el amor y la libertad”.

Eso significa que la paz sólo puede ser verdadera y sostenible si se le sustenta en el respeto a la dignidad humana; en la verdad, la justicia y la libertad; en la solidaridad y la colaboración entre las personas, comunidades y pueblos; en la solución pacífica de los conflictos entre los países y los Estados; y en el cuidado del medioambiente, que es la casa común de todos los seres que pueblan la Tierra. Esta paz es algo que parece un hermoso sueño, pero que algún día tendrá que ser una grandiosa realidad.

La encíclica Pacem in Terris —dijo monseñor Báez al agradecer el premio— “es un llamado universal al entendimiento entre los pueblos y las naciones, basado en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Es un mensaje que hoy resuena, con más urgencia que nunca, en Nicaragua y en muchos países donde persisten la violencia, la represión, el encarcelamiento y el exilio forzado”.

Por eso —agregó el obispo auxiliar de Managua exiliado— ese premio debe de ser apreciado como un reconocimiento al pueblo de Nicaragua, que con todo derecho aspira a vivir en libertad, democracia y justicia, en la paz que el papa santo Juan XXIII proclamó en su encíclica maestra Pacem in Terris.

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