El Gobierno de España ha concedido la nacionalidad española a otros 23 nicaragüenses desterrados y exiliados. Estos otros nicaragüenses, entre los cuales hay excarcelados políticos, periodistas y activistas democráticos, se suman a los 148 compatriotas que, según informó LA PRENSA, fueron beneficiados con la nacionalidad española en los años 2023 y 2024.
Los 171 nicaragüenses víctimas de la dictadura que ahora gozan de la protección y los privilegios de la nacionalidad española, son muy pocos, entre los más o menos ochocientos mil nicaragüenses que se fueron del país, desde el estallido político y social de 2018 y la crisis humanitaria provocada por la letal represión del régimen.
Sin embargo, la generosidad de España hace un enorme contraste con la actitud del Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.), que en vez de dar garantías a los nicaragüenses víctimas de la dictadura que viven en ese país, los amenaza con la deportación, incluso a muchos que llegaron legalmente. Y en Costa Rica, como se sabe muy bien, viven bajo la amenaza de la represión transnacional de la dictadura.
De manera que, aunque sean pocos los nicaragüenses españolizados, en comparación con la inmensa masa de connacionales deportados y exiliados por motivos políticos, económicos y sociales, la solidaridad de España merece el agradecimiento no sólo de los favorecidos directamente, sino de todos los nicaragüenses dignos y democráticos.
Es necesario señalar que la solidaridad de España tiene más realce porque este país europeo tiene también complicaciones de inmigración, como todos los demás países desarrollados que son destino de las migraciones actuales.
Se conoce por las estadísticas que alrededor de un veinte por ciento de la población de España es de inmigrantes. Según las encuestas, más del treinta por ciento de los españoles opinan que la inmigración es una de sus tres mayores preocupaciones. Y para el Gobierno, la inmigración ilegal es un grave problema muy difícil de resolver, sobre todo por la gran afluencia de inmigrantes irregulares que llegan a España procedentes de países africanos muy golpeados por la violencia, la inseguridad y la miseria.
El problema de la inmigración en España incluso es uno de los principales temas de la competencia política. Como reporta el centro español de investigación social, económica y política, el Instituto Elcano, “la llegada de grandes cifras de inmigrantes en pateras (balsas), cayucos, a nado o saltando las vallas de Ceuta y Melilla (ciudades españolas en la costa norte de África) provocan ‘alarma social’ por diferentes razones… y causan la impresión de vulnerabilidad de las fronteras estatales, que se muestran abiertas a las llegadas de los que desean entrar”.
Esa situación motiva el aumento de la xenofobia en algunos sectores de la sociedad y el fortalecimiento de la extrema derecha política, que exige aplicar en España medidas represivas como las de Trump en EE. UU.
En ese complicado ambiente sociopolítico y cultural de España creado por la inmigración es más meritoria la solidaridad del gobierno español con los nicaragüenses a los que ha concedido la protección, seguridad y privilegio de la nacionalidad española.