En la información sobre la participación del subsecretario de Estado de Estados Unidos (EE. UU.), Christopher Landau, en la 55ª Asamblea General de la OEA que se realizó esta semana en Antigua y Barbuda, LA PRENSA destacó la vigorosa e inusual crítica que el alto funcionario gringo hizo a esa organización hemisférica de gobiernos. En efecto, el representante de EE. UU. acusó a la OEA de haber sido incapaz de resolver las crisis de Venezuela y Haití, por lo que “está en juego si Washington permanece en la organización”.
Como se sabe, la OEA existe desde 1948 cuando fue creada por iniciativa de EE. UU. y desde entonces ha sido su principal fuerza de sostenimiento material y de influencia política. Pero ahora, en la 55ª Asamblea General de la OEA el alto representante de EE. UU. dijo en su discurso oficial que “el presidente Donald Trump pidió al Departamento de Estado revisar qué organizaciones internacionales benefician a Estados Unidos, y cuáles no, para determinar si le conviene retirarse de alguna… Esta revisión sigue en curso —agregó— y la OEA es, obviamente, una de las organizaciones que estamos revisando”.
Sin duda que los dictadores de América Latina y el Caribe, y sus secuaces, han batido palmas por las palabras del subsecretario Landau; las que fácilmente se pueden interpretar como el preanuncio de un inminente y próximo fin del “ministerio de colonias gringo”, como la izquierda radical ha calificado a la OEA desde el triunfo de la Revolución cubana en 1959.
Sin embargo, algunos observadores diplomáticos de talante conciliador nos han dicho que el discurso de Landau se debe analizar en su integralidad. Es decir, considerando no sólo su crítica a la OEA sino también las propuestas positivas que presentó para la necesaria renovación de dicha organización.
Nos dicen que, a pesar de la retórica puntillosa y sus advertencias, el subsecretario de Estado “buscó tender puentes sin dejar de marcar sus líneas rojas”. Creen que la afirmación de que EE. UU. está “revisando su membresía en organizaciones internacionales”, incluyendo a la OEA, debe entenderse como un llamado de atención a que la organización intergubernamental hemisférica se modernice. Pues de lo contrario su principal valedor que ha sido EE. UU., “podría tomar distancia”.
Opinan también que el subsecretario de Estado de EE. UU. no sólo advirtió que podría retirarse de la OEA si esta no cambia y mejora. También puso sobre la mesa varias propuestas constructivas: 1) Promover economías resilientes e inclusivas; 2) avanzar en la transformación digital; 3) reforzar la cooperación frente a la migración; 4) apoyar a las pequeñas economías insulares de las Antillas Menores. Lo que, en resumen, fue un llamado a actuar unidos frente a los desafíos compartidos de los países de la región.
Sin embargo, el funcionario gringo no hizo ninguna propuesta de orden político, en lo que radica precisamente la clave de la impotencia de la OEA. En realidad, igual que todo el ordenamiento político internacional también la OEA está afrontando una crisis existencial. Y en este caso y sobre todo porque, como ha dicho el subsecretario de Estado estadounidense, no ha podido hacer nada efectivo para resolver las crisis de Venezuela y Haití. Y la de Nicaragua, que, aunque no fue mencionada por el subsecretario Landau es también una grave crisis sociopolítica y humanitaria
Es muy importante señalar que el subsecretario de Estado, Christopher Landau, omitió decir en la asamblea general de la OEA, y nadie de los presentes se atrevió a señalárselo, que EE. UU. por su poder y su influencia política determinante es el primero y principal culpable de la crisis de impotencia que sufre dicha Organización Hemisférica.
La verdad es que, si el presidente Donald Trump lo hubiera querido hacer, en su primer periodo presidencial (2017-2021) habría activado el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) para poner fin drásticamente a la dictadura chavista o bolivariana de Venezuela. Pero no se atrevió a dar ese paso decisivo, como se lo reprochó su entonces secretario de seguridad nacional, John Bolton.