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Sebastião Salgado nació en Aimorés, Minas Gerais (Brasil), el 8 de febrero de 1944. Se mudó a Francia en 1969, mientras su país atravesaba una cruenta dictadura militar. En ese país comenzó su carrera como economista antes de dedicarse a la fotografía en la década de 1970.
Salgado relató durante una entrevista en 2022 con National Geographic cómo fue su primer encuentro con la cámara: «Describo la fotografía como una invasión total de mi vida. Estaba haciendo un doctorado en economía en París cuando mi esposa, Lélia, que estudiaba Arquitectura, compró una cámara para sus proyectos. Miré por primera vez a través de un visor y mi vida cambió por completo. Lo que me gustaba, lo que me interesaba, lo que me disgustaba… podía capturarlo todo. La fotografía ocupó tanto espacio en mi vida que no quedó lugar para ninguna otra actividad».
Sus impresionantes imágenes se caracterizan por su trabajo exclusivamente en blanco y negro, con una formidable expresión de gamas tonales en escala de grises que producen bordes nítidos y definidos. Estas copias fotográficas han sido expuestas en todo el mundo y han cautivado a los espectadores por más de 30 años.
Salgado fue un gran fotodocumentalista y fotoantropólogo. Se dedicó a proyectos de largo plazo centrados en temas humanitarios, migratorios y naturales. Entre sus obras más destacadas figuran Éxodos (dedicada a documentar desplazamientos humanos de refugiados y exiliados por pobreza o conflictos armados), Amazonía, Trabajadores y Génesis.
En estas series se pueden observar desde paisajes vírgenes y culturas tradicionales de pueblos originarios hasta condiciones laborales extremas y escenas impactantes de vida silvestre, especialmente en Génesis.
Tras documentar el genocidio de Ruanda en 1994, Salgado vivió un punto de inflexión personal. Haber sido testigo de tanta crueldad lo sumió en una profunda depresión. Decidió entonces alejarse de la cámara para sanar su salud emocional, regresando a Brasil y dedicándose a la agricultura.
Ese contacto renovado con la naturaleza lo llevó a trabajar por la restauración del bosque. En 1998, junto a su esposa Lélia Wanick, fundó el Instituto Terra, una organización dedicada a la restauración ambiental del valle del río Doce. Plantaron alrededor de tres millones de árboles, construyeron un vivero, un laboratorio de semillas y crearon un centro de capacitación para técnicos ambientales.
Salgado no sólo dejó un legado artístico, sino también una herencia ecológica. Transformó tierras erosionadas en frondosos bosques secundarios. Su amor por el medioambiente lo impulsó a realizar Génesis, un proyecto de ocho años (2004–2012) en el que viajó por el mundo para retratar la belleza y diversidad del planeta en sus formas más puras, con el objetivo de rendir homenaje y respeto a la naturaleza.
Sebastião Salgado falleció el pasado 23 de mayo a los 81 años. Durante la realización del proyecto Génesis en Indonesia, en 2010, contrajo una extraña forma de malaria que afectó su salud provocándole una leucemia que finalmente le costó la vida 15 años después.















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