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Al estilo del colombiano Pablo Escobar, el narcotraficante costarricense Alejandro Arias Monge, alias Diablo, amenazó en un audio con mandar a matar policías, en septiembre de 2020 y ofreciendo cinco millones de colones (unos 8,600 dólares de la época) por el asesinato de cada uniformado.
“Para cualquiera que quiera jugar de héroe, para eso sí hay platica y bastante. Cualquier investigadorcito que quiera pasarse de listo, haciendo cosas que no tengan que hacer, para eso sí hay platica, claro, y bastante. A mí no me van a cazar nunca, que yo soy el que mando, hago lo que me da la gana. Puedo mandar a quien sea a matar, no me interesa”, se escucha decir al Diablo.
Entre 1989 y 1992, se estima que Escobar pagó por los asesinatos de unos 500 agentes colombianos. Entregaba a sus sicarios un millón de pesos colombianos (aproximadamente dos mil dólares de la época) por un agente, dos millones por un suboficial, tres millones por un oficial y hasta cinco millones por cualquier miembro del Bloque de Búsqueda, los agentes especiales que lo buscaban, según se lee en los archivos periodísticos de la época.
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Arias Monge quiere replicar a Pablo Escobar, pero, al igual que al capo colombiano en su momento, el costarricense está en la mira de Estados Unidos.
El Departamento de Estado ofreció, el pasado 30 de abril, una recompensa de hasta medio millón de dólares, equivalentes a unos 250 millones de colones, para quienes brinden información que conduzca al arresto del Diablo.

Hasta la Embajada de Estados Unidos en Managua se sumó, el pasado 13 de mayo, a la alerta indicando que Arias Monge podría estar escondido en Nicaragua, específicamente en la Reserva Biológica Indio Maíz, una zona selvática cercana al río San Juan, próxima a la frontera de ambos países.
Según reportes de medios costarricenses, el Diablo se esconde en Indio Maíz cuando es buscado en Costa Rica, pero, cuando deja de ser buscado, sale de su refugio para regresar a sus centros de operaciones, que, según la Policía costarricense, “se mueve en una zona muy complicada, al fondo del cantón de Pococí, cerca del sector fronterizo con Nicaragua”.
“Cuando generamos un dispositivo, se le filtra la información y cruza hacia el lado nicaragüense. Luego regresa”, explicó recientemente el subdirector del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) costarricense, Michael Soto.
Carrera criminal
Originario de Santa Rosa de Ticabán, en Pococí, Alejandro Arias Monge nació el 19 de septiembre de 1984. Empezó a delinquir desde muy joven en Guapiles, generando bastante violencia en la zona.
La primera vez que fue detenido ocurrió en 2015. Sin embargo, quedó en libertad un año después. La causa sigue activa, pero podría prescribir pronto, a menos de que las autoridades logren una interrupción del plazo legal.
Su historial delictivo abarca desde asesinatos con lujo de violencia hasta narcotráfico y lavado de dinero. A la banda que dirige el Diablo se le achacan al menos 100 homicidios.
Ha formado alianzas con otros delincuentes, lo que le ha permitido expandirse hacia otras zonas, como Sarapiquí, San Carlos y algunos puntos de Guanacaste.
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Parte de la intervención de Estados Unidos en el caso se debe a que el Diablo ahora también pretende acaparar las rutas de tráfico de drogas para el consumo local, transportando marihuana y cocaína desde Colombia hasta Costa Rica. Desean evitar que se expande hacia otros países, a como ya lo está haciendo con Nicaragua.
Estados Unidos lo busca por tráfico de drogas, lavado de dinero y asesinatos en Costa Rica, así como por conspirar para también traficar drogas hacia ese país norteamericano.
La DEA lo describe como el jefe de una violenta organización y como el fugitivo más buscado de Costa Rica.
El alias del Diablo se ha convertido en una especie de “franquicia” que otros grupos criminales costarricenses han comenzado a usar, incluso sin que él esté físicamente presente para infundir temor, lo que representa una amenaza para las autoridades.
Difícil de capturar
Según el subdirector del OIJ, Michael Soto, a las autoridades costarricenses se les ha dificultado la recaptura del delincuente debido a que paga a policías y a otros funcionarios públicos para que le informen cuando será perseguido, lo que le permite contar con información importante y privilegiada.
“Uno de los elementos que más ha dificultado la captura es un tema de corrupción importante”, aseguró Soto, quien también afirmó que a lo largo de las pesquisas se ha determinado que hay al menos 10 oficiales que tienen vínculos con alias Diablo, y otros que están en proceso de investigación.
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Además, la cercanía con Nicaragua le permite moverse en zonas rurales de difícil acceso.
Durante el 2024, la policía Judicial realizó más de 10 intentos fallidos para detenerlo, según confirmó su director, Randall Zúñiga. A pesar de los operativos intensos y el despliegue de una vasta red de inteligencia en el territorio costarricense, Arias Monge ha logrado evadir a las autoridades, consolidando su influencia criminal.
“Es como un Pablo Escobar en pequeño: compra lealtades, se siente seguro porque ayuda a la gente y sabe que eso reduce el riesgo de ser traicionado”, afirmó Michael Soto.

Para hacer más difícil su captura, personas vinculadas al Diablo han estado proporcionando información falsa sobre su paradero con el objetivo de confundir a las autoridades, según confirmó Soto, en una práctica que también utilizó el colombiano Pablo Escobar.
Las autoridades costarricenses han capturado a una serie de allegados al Diablo, pero eso no les ha ayudado a dar con el principal objetivo.
Aunque han circulado rumores de que podría estar muerto o haberse hecho cirugías para cambiar su rostro, el OIJ lo descarta casi por completo.
“Se nos ha dicho que podría haber hecho modificaciones, pero al revisar fotografías recientes, luce prácticamente igual. Además, tenemos un alto grado de certeza de que sigue con vida”, manifestó Soto.
La recompensa que ahora ofrece Estados Unidos tiene muy optimistas a las autoridades costarricenses, esperando que alguien cercano lo traicione para recibir el medio millón de dólares.
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