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Laureano Ortega Murillo, hijo de los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo, continúa sumando protagonismo como operador internacional del régimen familiar.
En su visita a Moscú, el día de hoy 26 de mayo sostuvo un encuentro con el presidente de la Duma Estatal de Rusia, Viacheslav Volodin, con quien “reafirmó el compromiso” entre ambos regímenes autoritarios de seguir fortaleciendo su “asociación estratégica”.
Esta reunión forma parte de una serie de viajes que Laureano ha realizado en nombre de la dictadura, asumiendo de facto funciones de canciller, diplomático y representante plenipotenciario, sin tener este cargo oficial.
Su creciente presencia en foros internacionales en los últimos años lo han consolidado como pieza clave en el engranaje de poder de la dictadura.
Proyectos con Rusia
Más allá del gesto protocolario, este viaje profundiza una relación bilateral que ha traído beneficios puntuales al régimen, aunque muchas veces bajo condiciones opacas.
Algunos de los acuerdos alcanzados o promovidos por Laureano Ortega incluyen, la obtención de un crédito ruso por hasta 300 millones de dólares para proyectos controlados por el Estado, entre los que se encuentran la ampliación del aeropuerto internacional, adquisición de aeronaves, construcción de silos y radares, todos anunciados con poca transparencia. Este acuerdo fue anunciado como uno de los mayores logros de Ortega Murillo, fue firmado en abril de 2016 y hasta la fecha no se sabe casi nada de su ejecución.
También es famoso el proyecto del Instituto Mechnikov, destinado a la producción de vacunas, y el anunciado complejo farmacéutico Bionica, cuya utilidad real aún es incierta pese a los millones invertidos.
Otro proyecto de ambas dictaduras es la creación de un centro de medicina nuclear promovido con Rosatom, que podría tener fines civiles, pero también estratégicos, en un contexto de creciente militarización del Estado.
Entre los “logros” también están las importaciones de trigo ruso, autobuses y cooperación en temas de seguridad y ciberdefensa, muchas veces enmarcadas en pactos que refuerzan el control social interno en Nicaragua.
Aislados del resto
La narrativa oficial promueve esta relación como parte del alineamiento del régimen con un “mundo multipolar”, aunque en los hechos responde a la necesidad de la dictadura de aferrarse a aliados que no exijan democracia ni rendición de cuentas.
Laureano ha sido el rostro visible de esta estrategia. Ya no solo gestiona acuerdos: encabeza delegaciones, pronuncia discursos y se sienta con figuras de poder extranjeras como un jefe de Estado en “formación”.
También es visible como su nombre aparece con más frecuencia en actividades claves de la dictadura, mientras Ortega y Murillo se van replegando o aparecen únicamente en eventos controlados.
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Con este nuevo viaje a Rusia, Laureano Ortega no solo busca afianzar la alianza con el Kremlin, sino también consolidar su imagen como figura internacional y se presta a perfilar su imagen como “heredero” del poder absoluto en Nicaragua.
Mientras tanto, la dictadura sigue acercándose al bloque ruso y chino, pero también continúa profundizando su aislamiento del bloque democrático occidental.