María Amelia Coronel es una de las ministras en el gabinete de la dictadura cuyo rol ha sido clave para la represión generalizada.

Dictadura usa paridad de género para buscar legitimación internacional

Nicaragua sobresale en informes internacionales por la cantidad de funcionarias públicas, pero las cifras buscan maquillar la subordinación a un sistema dictatorial

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El reciente informe «Mujeres en la Política: 2025» de la Unión Interparlamentaria (UIP) y ONU Mujeres posiciona a Nicaragua como uno de los países con mayor representación femenina en el gabinete ministerial, lo que podría interpretarse como un avance significativo en la equidad de género, pero que esconde la instrumentalización de las mujeres para consolidar un poder dictatorial.

«Esto nos habla de números, no nos habla de cambio significativo en la sociedad ni en el Estado, no nos habla ni de más igualdad, equidad, violencia, sólo nos dicen que hay un partido que controla a un Estado y todos sus poderes», explicó la sociología María Teresa Blandón Blandón.

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De acuerdo con el Mapa en la Política 2025, con el que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha hecho alarde de sus supuestas políticas, Nicaragua aparece en el primer lugar de los países con más ministras, con 64.3 por ciento. 9 de cada 14 ministros son mujeres.

Seguido de Nicaragua están: Finlandia, Islandia, Liechtenstein, Estonia, Andorra, Chile, España y Reino Unido.

Mapa Mujeres en la Política: 2025.

«El mapa muestra que, mientras las mujeres dirigen importantes carteras de derechos humanos, igualdad de género y políticas de protección social, los hombres dominan áreas políticas como asuntos exteriores, asuntos financieros y fiscales, asuntos de interior y defensa», indican la UIP y la ONU Mujeres en la descripción del informe.

El régimen desde hace muchos años ha convertido la paridad de género en una estrategia de legitimación internacional y muchas de las mujeres que ocupan cargos de poder lo hacen no por su capacidad de liderazgo independiente, sino por su lealtad ciega a la pareja dictatorial. Esto se traduce en que no se trata de empoderamiento, sino de subordinación.

«En Nicaragua la dictadura decide cuántos hombres y cuántas mujeres van a ocupar cargos de elección popular o designación; el Frente Sandinista tiene casi 20 años de estar en el poder producto de fraudes sucesivos y producto del desmantelamiento del pluralismo político, de la libertad de expresión, asociación y movilización», denunció Blandón.

Mujeres sin poder

Las figuras femeninas, lejos de representar una voz crítica, funcionan como engranajes de un sistema político que persigue, encarcela y exilia a opositores, incluyendo a destacadas mujeres defensoras de derechos humanos. Si bien Nicaragua tiene mujeres en el poder, pero no tiene mujeres con poder, coinciden expertas feministas.

«Es el régimen quien quita y pone a conveniencia en cada uno de los lugares totalmente controlados por la pareja Ortega-Murillo, este es el dato que presentan, no hay nada más. Estas funcionarias que ocupan los cargos están completamente subordinadas a los mandatos y órdenes de la pareja Ortega-Murillo, no hay paridad donde no hay democracia, no hay igualdad donde priva un poder totalitario», valoró Blandón.

María Teresa Blandón, femicidios, violencia contra las mujeres, machismo, Daniel Ortega
María Teresa Blandón, socióloga, catedrática y directora de la ONG cancelada Programa Feminista La Corriente. LA PRENSA / Óscar Navarrete

Desde que Ortega regresó al poder de la mano de su esposa Murillo, en 2007, ha querido posicionar al país bajo la apariencia de que las mujeres sobresalen y ocupan cargos de poder. Pero en la realidad, el único rol de las funcionarias es defender al régimen que las puso en esos cargos y que las quita cuando dejan de serle útiles.

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«El que exista una representación casi paritaria en los órganos ejecutivo, judicial, electoral sólo nos habla de una clara utilización de los reclamos legítimos de paridad que hemos hecho las organizaciones feministas, esa participación contrasta con el desmantelamiento de la institucionalidad para promover los derechos de las mujeres, muestra de eso son los cambios permanentes que hacen en el Ministerio de la Mujer, al punto de que nadie conoce quién es la ministra, mucho menos qué hace la institución», afirmó.

La feminista remarcó que en la realidad, a pesar de que hay leyes que deberían implementarse contra la violencia hacia la mujer, «hay una impunidad generalizada en torno a los delitos que se comenten contra las mujeres, niñas, jóvenes y adolescentes», concluyó.

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