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México
Una rápida búsqueda en Google Maps, Google Earth y Nominatim, con las palabras clave “Calle Rubén Darío México”, arroja decenas de resultados. Sin contar a Nicaragua, México podría ser el país con más espacios dedicados a Darío. Calles, avenidas y corredores peatonales, además de escuelas, parques, monumentos e incluso escuelas y jardines de infantes llevan el nombre del poeta nicaragüense.
Aunque Darío no residió en México, su obra causó gran impacto en la literatura mexicana. En 1910 visitó ese país que tanto lo ha admirado, pero su estancia fue breve y tumultuosa.
Llegó invitado por el entonces presidente de Nicaragua, José Madriz, encabezando la delegación que haría acto de presencia en los festejos del centenario de la Independencia mexicana, organizados por el gobierno de Porfirio Díaz. “Entonces Rubén Darío era el escritor más relevante de América Latina y un grupo de jóvenes escritores, encabezados por Alfonso Reyes, soñaban con tenerlo en México”, relata un artículo del diario El Milenio.

Algunos jóvenes literatos mexicanos incluso fundaron la Sociedad Rubén Darío, con el único objeto de recibir al visitante con todos los honores. Homenajeado y vitoreado por multitud de admiradores, el poeta pasó “días gloriosos” en Veracruz; sin embargo, para gran frustración de quienes ahí lo esperaban, no pudo llegar a la capital, debido a una serie de acontecimientos políticos.
Días antes de la llegada de Darío, durante su viaje en vapor desde Francia, un movimiento apoyado por Estados Unidos derrocó al presidente Madriz en Nicaragua. En México los ánimos estaban caldeados. La comunidad universitaria era un hormiguero agitado y la visita del ilustre nicaragüense fue la ocasión perfecta para desahogarse contra los “yankis”, manifestándose en la ciudad de México e incluso apedreando la casa de Porfirio Díaz. No se consideró prudente que Darío se asomara por esos lares, donde además se hallaba una delegación estadounidense que no lo quería cerca.
Le organizaron encuentros con sus admiradores en Jalapa y Teocelo. “Hubo vítores y músicas” y “la municipalidad dio mi nombre a la mejor calle”, relata el propio Darío en sus memorias. Después de eso abandonó México.
En la actualidad la calle Rubén Darío en la exclusiva colonia capitalina de Polanco es una de las más conocidas del país azteca. En septiembre de 2024 el entonces presidente Manuel López Obrador declaró intenciones de renombrarla como “Calle Carlos Salinas de Gortari”, por considerar que el nombre del expresidente priista, cuyo gobierno fue uno de los más corruptos de la historia moderna de México, es más apropiado para esa zona que derrocha lujo.
“(…) Rubén Darío es un gran poeta nicaragüense, que fue maestro, sigue siendo maestro de la poesía, son de los poetas, de los hombres que nunca mueren, que siguen todavía enseñando con su ejemplo… Fíjate, una calle que le ponen Rubén Darío, y hay unos departamentos de superlujo”, ironizó durante una conferencia de prensa.
En la colonia Bosques de Chapultepec puede encontrarse un busto donado por el expresidente Arnoldo Alemán al pueblo mexicano. Ha despertado polémica desde 1997, porque se parece más a Anastasio Somoza García que a Darío.

España
Darío tuvo una profunda relación con España, por lo que no es de extrañar que tantos sitios lleven su nombre en ese país. Uno de los más populares es la glorieta Rubén Darío, una placita redonda ubicada en la capital española.
Anteriormente se llamaba glorieta del Cisne, pero la rebautizaron en 1922, como homenaje “al gran poeta modernista y diplomático nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento (1867-1916), verdadero nombre del autor de obras inmortales como Prosas Profanas, Azul o Cantos de Vida y Esperanza, y embajador de su país en nuestra capital entre 1907 y 1909”, explica la web del Ayuntamiento de Madrid.
Durante cuarenta años hubo en la glorieta sólo una placa homenaje, hasta que en 1962 se acordó construir un gran monumento, solicitado un año antes por Ramón Serrano Suñer, exministro de Asuntos Exteriores de España. Por una serie de reveses, que incluyeron la muerte del escultor encargado del proyecto original, en los primeros días de enero de 1967 terminaron instalando un monumento improvisado que acabó quedándose de forma definitiva, con el agravante de que el primer busto de bronce fue “sustraído” y el que ahora encabeza la obra es una copia.
La glorieta se halla en la zona más distinguida del hermoso barrio de Chamberí. Cerca de ahí se ubica la estación de metro Rubén Darío, que fue inaugurada en febrero de 1970 y es otro de los más conocidos homenajes a Darío.

Pero España está llena de calles y avenidas llamadas Rubén Darío. Las hay en Madrid, Toledo, Sevilla, Barcelona, Cádiz, Valencia, Zaragoza, Castellón y hasta en las Islas Baleares, territorio insular español en el Mediterráneo. También son sitios importantes las casas que el poeta habitó en Madrid y Barcelona, debidamente marcadas con una placa.
El nicaragüense llevó a España su estilo fresco y vital cuando los españoles estaban anhelando una renovación. Su modernismo fue recibido como un soplo de aire fresco por jóvenes escritores, como Juan Ramón Jiménez, autor de Platero y yo. También tuvo influencia en la Generación del 98 (Unamuno, Machado, Valle-Inclán, Azorín, Maeztu…) y estableció relaciones tanto amistosas como tensas con la intelectualidad española, así como una convivencia amorosa de 17 años con la española Francisca Sánchez.
Argentina
Rubén Darío también tuvo una significativa conexión con Argentina. Vivió en Buenos Aires entre 1893 y 1896, y ahí publicó obras importantes como Los raros y Prosas profanas y otros poemas. También se convirtió en corresponsal y redactor del diario La Nación.
Como un recordatorio del paso del Príncipe de las Letras Castellanas por tierras argentinas, en la capital hay una estación de tren que lleva su nombre y, “volando” en Google Earth, pueden verse varias calles, pasajes, una plaza cerca de la Escuela Nacional de Bellas Artes y hasta una escuela primaria Rubén Darío en la provincia de Buenos Aires.

También hay calles Rubén Darío en las regiones de Córdoba, Paraná, Tucumán y Rosario.
Centroamérica
En las naciones centroamericanas igualmente se han erigido homenajes a Darío. En San José, Costa Rica, existen el Paseo Rubén Darío, el Parque Rubén Darío y la Escuela Rubén Darío. En Heredia también hay una calle llamada Rubén Darío.
En San Salvador, El Salvador, hay una larga vía bautizada en honor al poeta; en Tegucigalpa, Honduras, existe una colonia Rubén Darío y hay un busto en el costado sureste del estadio de Siguatepeque, Comayagua; en Guatemala varios colegios e incluso una cancha de futbol se llaman Rubén Darío; en Panamá han nombrado algunas calles en honor al poeta y hay un busto en el parque Urracá.

Darío, ciudadano del mundo, viajero incansable y centroamericanista, residió por un tiempo en Guatemala, Costa Rica y El Salvador, visitó Panamá en varias ocasiones y Honduras dos veces. Su estilo tuvo influencia en toda la región.
Sudamérica
Además de Argentina, hay otros países sudamericanos que recuerdan en sus mapas al Padre del Modernismo. En Chile también estuvo y actualmente muchas calles chilenas se llaman como él y en Valparaíso existe un espacio cultural con el nombre Sala Rubén Darío.
En Caracas, Venezuela, está el paseo Rubén Darío. En Ecuador se halla la Unidad Educativa Rubén Darío; en Cochabamba, Bolivia, la Avenida Rubén Darío, y en El Alto boliviano, la calle Rubén Darío; en Uruguay y Paraguay lo mismo hay calles bautizadas en honor al poeta.

En Lima, Perú, existen calles Rubén Darío, un paseo, un parque y una escuela, también un monumento en el distrito limeño de Lince, donde se le destaca como máximo representante del Modernismo.
Miami
En Miami, Florida, Estados Unidos, varios monumentos rinden honor a Darío. Una estatua monumental inaugurada en enero de 1993; un busto en el centro turístico del Yambo; un busto en el Miami Senior High School, donado en 2003. También existe la Rubén Darío Middle School, que posee un enorme mural con el rostro del gran poeta nicaragüense.

Francia
En otros países Darío ha recibido homenajes de otra clase. Por ejemplo, en Francia existe una ruta que recorre 19 lugares que muestran la relación del poeta con París, que en aquel tiempo era La Meca de los intelectuales del mundo. El circuito pasa por sus diferentes residencias, el Consulado de Nicaragua donde fue nombrado cónsul en 1903 y los cafés que el autor de Cantos de vida y esperanza frecuentaba, como el Bar Calisaya, donde conoció al escritor irlandés Oscar Wilde.
En colaboración con las embajadas de Nicaragua, también suele recibir homenajes en países como Inglaterra, Italia, Brasil y Polonia.