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La noche del sábado 5 de abril de 2025 el debilitado corazón de la nicaragüense Alexandra Martínez Picado, a quien los médicos le detectaron un soplo, fue sometido a una dura prueba, cuando esta mujer de 41 años escuchó el detonar de un arma de fuego.
Las detonaciones provenientes de la casa del adolescente identificado por las iniciales F.D.M.T., de 17 años, novio de la joven nicaragüense Amaly Nicole Rodríguez Martínez, de 18 años, hicieron pensar lo peor a la desesperada madre.
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«Cuando yo oí los balazos como a las 9:30 (de la noche), me levanté de donde estaba viendo televisión y bajé rápido las gradas llevando en la mente a mi hija», relata Alexandra Martínez.
La casa de la familia de Amaly Rodríguez, ubicada en uno de los bordes de una estrecha calle de tierra en el barrio Los Diques, en Taras de Cartago, Costa Rica, está a cuatro viviendas de la del acusado, lugar donde ocurrió el crimen la noche del 5 de abril.
En medio de la desesperación, la angustiada madre marcó al celular de su hija y respondió F.D.M.T., quien a gritos le pedía que llamara a una ambulancia.

La primera en llegar al lugar donde ocurrió el crimen fue Leyla Rodríguez, una de las dos hermanas mayores de la víctima, quien la encontró sobre una cama con el rostro ensangrentado, relata su progenitora.
Con la ayuda de los vecinos, Amaly Rodríguez fue sacada de la casa para montarla en el carro de su papá, quien la llevó al Hospital Max Peralta en Cartago, donde minutos después de ingresar los médicos la declararon fallecida.
Mató sueños
Amaly Nicole trabajaba para ayudar a sus padres con la manutención de sus dos hermanos menores.
La joven originaria de Managua y tercera de cinco hermanos, llegó para reunirse con sus consanguíneos a Costa Rica en el 2018.

Amaly Nicole trabajaba con su hermana mayor en una empresa procesadora de material reciclable en Cartago.
«Mi hija soñaba con ser estilista y poner un salón de belleza con su hermana, por eso se había matriculado en una academia», refiere su madre.
Alexandra Martínez, quien recuerda a su hija como una muchacha «alegre» y «servicial», conserva en su celular la última comunicación con la joven.
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En ese audio que la apesarada madre atesora en su celular, Amaly Nicole detalla a su mamá cómo gastó el dinero que ella le dio para comprar una comida para cenar que paradójicamente compartió con su verdugo.
Futuro tenebroso
Alexandra Martínez recueda que ella y su esposo hace un año, cuando inició el noviazgo de su hija con el sujeto apodado Bigote, le expresaron que no estaban de acuerdo con esa relación, porque el ahora imputado es un joven de mala reputación entre los habitantes del barrio Los Diques.
«Yo siempre le preguntaba a mi hija qué futuro le esperaba con ese hombre», refiere la entrevistada, agregando que el sujeto señalado de quitarle la vida a su hija, además de ser violento no le gusta trabajar y es adicto a las drogas.

«En una ocasión nos apedrearon la casa por culpa de él, porque la gente cansada de las cosas que les hacía (robarle y golpearlas), se unieron para cobrárselas y cuando lo venían siguiendo se metió a nuestra casa», recuerda Martínez.
Le impidió estudiar
Siendo novio de Amaly Nicole, Bigote no sólo se oponía a que ella trabajara, también le prohibió que estudiara de noche, aunque se lucraba del dinero de la víctima.
La joven, quien cursó hasta octavo grado (segundo año de secundaria), no pudo seguir en el colegio porque F.D.M.T. se opuso a que ella siguiera sus estudios en el turno nocturno, subraya la entrevistada.

Al agresor tampoco le gustaba que Amaly Nicole Rodríguez trabajara y en una ocasión en presencia de su hermana le mordió los labios.
«El jueves 3 de abril (dos días antes del crimen) él no quería que mi hermana fuera a trabajar, la siguió y la quiso tomar del pelo, pero como yo estaba viendo, no lo hizo, pero entonces simuló que la iba a besar y le mordió los labios», relató a LA PRENSA Leyla Rodríguez, quien recuerda que ese día su hermana no pudo ingerir alimentos.
Viven en zozobra
El sujeto fue capturado por la Policía en Nicaragua, en una calle de Masaya, el pasado 14 de abril.
La captura del adolescente de origen costarricense, acusado por el femicidio de la joven nicaragüense, no necesariamente ha significado el retorno de la paz al hogar de la familia doliente.
Esto porque en el barrio Los Diques, la familia de Amaly Rodríguez y sus vecinos viven a la expectativa de alguna acción de venganza por parte de la familia del presunto femicida capturado en Nicaragua.

«Después de sucedido el crimen de mi hija, el padrastro de F.D.M.T. llamó el 11 de abril para amenazar con matarnos si se entregaba al OIJ (Organismo de Investigación Judicial) de Costa Rica el video donde sale el asesino corriendo con la pistola en la mano», añadió.
«Un día después (12 de abril) el acusado llamó tres veces a mi celular, pero como no decía nada, yo le exigí que hablara y entonces él dijo dos veces: ‘Los voy a matar a todos'», recuerda Alexandra Martínez.
En medio del dolor causado por la muerte violenta de su hija y la incertidumbre generada por la amenazas de muerte hechas por el imputado y su pariente, Alexandra Martínez y su familia no claudican en su legítimo derecho de exigir justicia.
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«Como familia pedimos que sea condenado a la pena máxima de 20 años por femicidio (pena máxima para los adolescentes en Costa Rica)», según lo explicado por la Fiscalía a la familia doliente.
Sin embargo, le han aclarado que si el reo decide acogerse a la figura del juicio abreviado declarándose culpable, la condena podría ser de siete años, pero sin beneficios legales para salir antes de la cárcel. El menor está cumpliendo tres meses de prisión preventiva que vencen el próximo 16 de julio.