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A principios del siglo pasado, José Dutriz, un hombre llegado de Sanlúcar de Barrameda, España, encontró una vieja máquina impresora en un vecindario de la ciudad de Santa Ana, la segunda más importante de El Salvador. La compró por mil pesos salvadoreños (equivalentes a unos 500 dólares de la época) y junto con un hermano comenzaron a imprimir una revista informativa semanal y luego, el 10 de mayo de 1915, don José decidió fundar un periódico que bautizó como La Prensa.
Cien años más tarde, José Roberto Dutriz dirige ese periódico que fundó su abuelo. Ya es la tercera generación Dutriz, y el periódico, el más importante de El Salvador, se llama La Prensa Gráfica.
Dutriz además es, desde octubre del año pasado, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el organismo que aglutina a unos 1,300 medios y que está tras la postulación del Diario LA PRENSA, de Nicaragua, para el Premio Mundial a la Libertad de Prensa Unesco/Guillermo Cano, que mereció este año.
En esta entrevista, Dutriz habla de las razones que tuvieron para proponer al diario nicaragüense, la situación del periodismo en América Latina y, la particular e incómoda relación que hay entre los medios independientes y el presidente salvadoreño Nayib Bukele.
“Todos los medios estamos viviendo momentos difíciles. Nosotros admiramos mucho la resiliencia, la capacidad de organización y respuesta que ha tenido el colega LA PRENSA de Nicaragua, porque en condiciones tan adversas están logrando hacer un trabajo realmente admirable”, dice
¿Por qué la SIP decidió postular a LA PRENSA, de Nicaragua, para el premio Guillermo Cano, de la Unesco, que es uno de los premios de periodismo más importantes del mundo?
LA PRENSA encarna resiliencia y coraje a lo largo de casi un siglo, y hemos visto en los últimos tiempos, bajo el régimen, ya no autoritario, sino totalmente totalitario, de los Ortega Murillo, a LA PRENSA volver a sufrir lo que hace muchos años antes también sufrió en época de don Pedro Joaquín (Chamorro), cuando lo asesinaron y cuando el periódico fue bombardeado y lo allanaron. Son héroes. La embestida y el asedio económico que le han hecho a la empresa, y la persecución contra sus periodistas, el trato que les han dado, el encarcelamiento de dos de sus directores, que son miembros de la familia propietaria, a quienes personalmente conozco, nos llevaron a proponer al periódico LA PRENSA a este este premio. No solamente es la empresa y sus directivos, sino que todos los periodistas han sufrido tantísimas cosas en Nicaragua. Realmente es muy heroico. LA PRENSA no ha cedido y combate día a día. Lo vemos. Lo admiramos, y por ello, la Sociedad Interamericana de Prensa decidió postularla.
¿Cuál es la percepción que hay de este Diario en el círculo de empresarios de medios que usted se mueve?
El periódico es más que un medio de comunicación. Es una institución. LA PRENSA es una institución en Nicaragua y es un símbolo de resistencia y es un extraordinario ejemplo para todo el hemisferio y, por qué no decirlo, para todo el mundo. De cómo se lucha cuando verdaderamente lo que se pretende es difundir la verdad, defender los valores de una república, defender los valores democráticos de un país. Luchar por ellos, porque ya no hay nadie que lo pueda hacer. Por todas estas razones realmente admiramos el trabajo de todos ustedes y creo que se merecen muchas cosas buenas. Son un faro de luz ante tanta oscuridad que estamos viendo hoy en día.
La Prensa Gráfica, que usted dirige en El Salvador, comparte una historia parecida.
Sí, hemos vivido problemas de alguna forma similares. Este periódico también ha sido dinamitado, bombardeado. Dos de sus directores, uno de ellos, mi padre, estuvo encarcelado, en la dictadura de (Maximiliano) Hernández Martínez. De no haber sido por el derrocamiento de 1944, él hubiera sido fusilado por publicar la verdad y ser el director del medio más importante del país, similar a lo que ha pasado en Nicaragua. En 1984 fue objeto de un atentado de bala que se salvó de milagro, porque aquí la familia utilizaba vehículos blindados. No corrió con la misma suerte mi tío Rodolfo Dutriz, quien también fue director del diario y lo trataron de asesinar dos veces. A él casi lo matan, lo balearon dos veces y siguió trabajando y siguió luchando también, así como los Chamorro han luchado por LA PRENSA de Nicaragua.
¿Vislumbraron que llegaría una situación como la que vive el periodismo en Nicaragua?
Le pasó a El Nacional, de Caracas, Venezuela. O sea, una situación similar de expropiación y militarización. Eso ha ocurrido tanto en Nicaragua como en Venezuela. Eso sí, no pensábamos que fueran a llegar a eso. Ya el boicot que había sufrido LA PRENSA de Nicaragua con retenerles el papel en Puerto Corinto y en las aduanas y de repente, ustedes vieron la forma digital de poder seguir informando. Y la desesperación del régimen Ortega lo decidió a allanar y confiscar los bienes físicos del periódico y, a partir de ahí, admiramos esta nueva etapa que ustedes están viviendo. El hostigamiento ha sido tremendo, sin duda, histórico.
El autoritarismo y las dictaduras son sólo una parte del problema que viven los medios en América Latina. ¿Reconoce otras amenazas?
No es ningún secreto que el medio impreso está viviendo momentos difíciles en todas partes y que hay que reconvertirse, hay que transformarse y hay que fortalecerse digitalmente y buscar otros nichos de lectura, porque la lectura tradicional de información se está diseminando en todos los diferentes grupos de lectores, de gente joven que busca también otro tipo de información, no necesariamente información hard (dura). Un medio exitoso como el New York Times, por ejemplo, es una marca del tamaño de una catedral, pero también puede ser una institución de museo para los jóvenes.
¿Cómo viven esta crisis en su periódico?
Afortunadamente aquí tenemos todavía la plataforma de papel y sigue siendo muy importante. De hecho, nuestro periódico es un modelo muy interesante porque aquí todavía la publicidad impresa subsiste. Tenemos una revista económica centroamericana exitosa y rentable por sí sola. La empresa en general está monetizando con otro tipo de audiencias, porque la información general, hard (dura) está más amenazada que nunca en todas partes. Todavía la televisión y la radio son importantes medios de comunicación tradicionales en países del tercer mundo como Centroamérica. El impreso habrá que reconocer que ha retrocedido un poco, pero que también tiene su audiencia digital desde su sitio web.

¿Las redes sociales son un aliado del periodismo o una amenaza al periodismo?
Las dos cosas. Son aliados, son herramientas que hay que utilizar y tratar de buscar en ellas un andamiaje de monetización. Y al mismo tiempo son una amenaza claro, porque van socavando, porque son plataformas mucho más cómodas. No hace mucho acabo de ver un estudio que hicimos por tres meses con una universidad especializada en comunicaciones, y nos dimos cuenta de que los jóvenes, la generación millennial y centennial, no es Facebook ni X lo que ven, es TikTok. Impresionante.
¿Cómo es su relación con el gobierno del presidente Nayib Bukele?
Nuestra relación actual con el gobierno es, digamos, incómoda. Somos un medio incómodo, pero tenemos la suficiente credibilidad como para que también se nos respete. El trabajo periodístico se vuelve difícil desde el momento que no hay acceso a las fuentes públicas. Con el fenómeno de que tenemos un país más seguro, pues ahora hay mucho turismo y hay mucho de qué hablar y mucho que investigar y mucho que comentar de parte de las autoridades, por ejemplo. Entonces, lo que nos toca aquí es hacer un periodismo de investigación, que es muy acucioso, muy profesional. Los periodistas han sufrido acoso, insultos, algunos están en el exilio.
Con el gobierno sencillamente no hay comunicación. Nosotros no tenemos interlocutor. Como presidente de la SIP, presidente de La Prensa Gráfica, no le puedo pedir una cita a un funcionario alto, ya no digamos al Ejecutivo, porque en este momento no hay interés de sentarse y escuchar. La secretaria de Comunicaciones de la Presidencia de la República, que es una persona de suma confianza del presidente Bukele, debería de tener esta comunicación y en ningún momento hemos tenido una reunión, en ningún momento hay el más mínimo acercamiento o el más mínimo comentario. La relación es nula. No hay relación.
¿Los medios independientes tienen espacio para trabajar?
Recordemos que El Salvador es un país en donde todas las esferas de poder actualmente están controladas por un partido, que es el partido oficialista que ganó y el presidente tiene la mayoría en el Congreso y tiene todos los demás poderes. Hemos dejado de ser una democracia donde hay contrapesos y estamos viviendo un liderazgo autoritario. Sin embargo, hay que decirlo, el actual mandatario no ha arremetido a cerrar medios. O a perseguir periodistas o encarcelar periodistas. O a dedicarles guerras públicas en redes sociales. Eso lo hizo en su periodo anterior. Yo veo un presidente Bukele muy diferente al del primer periodo. En este período, el presidente Bukele, sencillamente deja que los medios hagan su trabajo. No estamos viviendo una persecución.
¿Encuentra semejanzas entre el estilo de Bukele y el estilo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump?
Bukele es muy diferente a Trump. Más bien Trump está emulando, de alguna manera, a Bukele. Y no lo tengo que decir yo, lo dijo el exeditor del Washington Post, Martin Baron. Trump está haciendo como Bukele, en su primer período. Y Bukele ha madurado y tiene una actitud como estadista. Hay que reconocer que el presidente Bukele es el político más astuto del mundo.
¿Usted ha conversado alguna vez personalmente con el presidente Bukele?
Sí, he conversado con él. He conversado con él cuando fue candidato a alcalde de San Salvador. Estuvo en mi despacho. Luego conversamos cuando fue presidente electo, en su primer mandato. A partir de ese momento no he vuelto a hablar con él. Yo no tengo absolutamente ningún problema como presidente de la SIP y como director general de La Prensa Gráfica en reunirme con él y conversar muchos temas importantes del país. No tendría ningún problema si él quiere hablar conmigo en el momento que él quiera. Yo encantado de la vida de reunirme con él. Creo que hace falta. Sería muy bueno que lo haga, no sólo conmigo. Bueno, yo soy ahora un representante de un organismo de 1,300 medios. Debería de reunirse, debería de tener una reunión con los medios independientes. Pero no lo hace.

¿Y en esos encuentros que tuvo, qué impresión le causó Bukele?
A mí me parece una persona, por supuesto, joven en el primer mandato. Ahora ya es una persona con más experiencia. Y se nota. Creo que está bien asesorado. Es una persona muy creativa, muy jovial. Tiene una comunicación bien fluida, tiene una buena narrativa, es respetuoso. No es agresivo. Obviamente somos incómodos, pero es importante que se entienda que nuestra misión no es estar fastidiando a un gobierno o a un gobernante. Nosotros hemos tenido problemas con gobiernos de derecha. Muchos jóvenes que simpatizan con Bukele piensan que nosotros tenemos ganas de molestar al presidente o al gobierno y ellos no tienen la memoria para entender que nuestra misión es objetivamente fiscalizar con un periodismo responsable. Que está bien fundamentado y que nosotros en ningún momento estamos queriendo ir contra el jugador, sino que siempre vamos a la pelota y andamos buscando una orientación a la población, una orientación independiente, seria, constructiva, incómoda, tal vez, pero constructiva. Nuestros editoriales pueden ser una clase de consejos gratis para el gobierno salvadoreño, porque son editoriales de altísima calidad y hechos por una estructura muy sólida.
¿Siente que La Prensa Gráfica u otros medios van caminando hacia una situación como la que viven los medios en Nicaragua?
Yo pienso que no vamos caminando hacia eso. No lo veo así, honestamente, ni con La Prensa Gráfica ni con los demás medios. Creo que la solo existencia de tener medios independientes le da robustez al gobierno, le da transparencia, le da legitimidad, por decirlo así. Hasta ahí eso es un buen mensaje. Lo que está mal es que no hay comunicación. Y pudiéramos hacer muchísimo más por el país si tuviéramos acceso a las fuentes, si tuviéramos ese ejercicio democrático. Lastimosamente no se tiene. Pero, de que eso pase a que nos vengan a allanar aquí cien soldados y que se lleven preso a algún periodista o a mi persona o a otros colegas, por de pronto, yo no lo estimó así. Creo que hay una etapa de madurez en ese sentido y qué bueno. Eso lo puedo aplaudir.
¿Qué diferencia establecería entre un Daniel Ortega y Nayib Bukele?
No hay punto de comparación. Son personas diametralmente diferentes en sus valores, en sus principios. El Salvador tiene un modelo diferente. Sí es un modelo autoritario, sin duda. Eso es evidente. Es un modelo autoritario con rasgos de querer parecerse a una democracia. Entre los dos gobernantes, uno es un líder con capacidad y tiene un capital político fuerte, tiene una popularidad fortísima, creo que es la más alta del mundo, que es Bukele. Y no así este dictador Ortega, porque no hay otra palabra más que decirle que es un dictador criminal.