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La historia parece sacada de una novela de ciencia ficción y, para muchos, eso es exactamente lo que es: una ficción. En el mundo de los misterios no resueltos, el Cronovisor ocupa un lugar curioso entre los secretos del Vaticano.
La leyenda del Cronovisor comenzó en mayo de 1972, cuando el padre Marcello Pellegrino Ernetti, un monje benedictino italiano, afirmó haber participado en la creación de este aparato junto a doce prestigiosos científicos de la época. Según Ernetti, el dispositivo compuesto por una combinación de antenas, metales especiales y componentes desconocidos podía captar y proyectar ondas de energía residuales del pasado, permitiendo “ver” eventos históricos como la crucifixión de Jesucristo o discursos de emperadores romanos.
En un lenguaje más sencillo, según palabras del propio Ernetti: “El Cronovisor es como un telescopio, pero en lugar de ver cosas distantes, nuestro dispositivo se podía enfocar en imágenes y sonidos específicos del pasado. Pudimos contemplar el pasado vivo”, afirmó en una entrevista para la revista italiana Tempus en 1972.
Ernetti, quien era profesor de Prepolifonía, aseguraba que las ondas sonoras y también las visuales, una vez emitidas no se destruyen sino que permanecen eternamente y por lo tanto, pueden ser reconstruidas como cualquier forma de energía. Es aquí donde el Cronovisor desempeñaría su función: captar estas ondas, convertirlas y reproducirlas como una fotografía o un video, según explicó el monje.
Según la historia, tras la construcción y las primeras pruebas exitosas del Cronovisor, el Vaticano habría ordenado su desmantelamiento, temiendo las implicaciones éticas y religiosas de su existencia. Esta narrativa, cargada de conspiraciones y secretos, alimentó aún más el mito. Para algunos, la falta de evidencia sólida sería, paradójicamente, una prueba de su veracidad: “Lo ocultaron porque era demasiado poderoso”.
Sin embargo, nunca se presentó un esquema técnico, una fotografía auténtica ni una réplica funcional del dispositivo. Todo lo que existe son testimonios indirectos, relatos vagos y una intensa cantidad de especulaciones.
Desde el primer momento, el mundo académico y científico trató el caso del Cronovisor con un alto grado de escepticismo. La física moderna no respalda la posibilidad de captar “imágenes del pasado” como si fueran ondas de radio almacenadas en el éter. En la física del siglo XIX, se había desarrollado la teoría del éter como un medio necesario para explicar la propagación de las ondas electromagnéticas, ya que se creía que estas requerían un medio para transmitirse, de forma similar a cómo las ondas sonoras se propagan por el aire.
Además, el propio concepto suena más a fantasía retrofuturista de mediados del siglo XX que a un desarrollo tecnológico viable.
Incluso la fotografía más famosa asociada al Cronovisor, una supuesta imagen de Cristo en la cruz fue desmentida ya que se descubrió que era una modificación de una estatua conocida que se encuentra en una iglesia italiana.
Aunque carece de fundamentos reales, la historia del Cronovisor sigue fascinando porque refleja el deseo humano de dominar el tiempo y creer en tecnologías imposibles, aun cuando la lógica indique lo contrario.










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