El 1 de Mayo como Día Internacional de los Trabajadores se celebra de manera oficial en unos noventa países alrededor del mundo. Esta celebración tiene origen comunista y comenzó a finales del siglo 19, sin embargo, con el paso del tiempo y los cambios económicos, sociales y políticos la conmemoración se fue desideologizando para involucrar a los trabajadores de todas las creencias.
En algunos países, determinados grupos de trabajadores siguen celebrando el 1 de Mayo bajo las banderas del comunismo y coreando consignas marxistas sobre la lucha de clases y anticapitalistas. Pero en general la celebración es incluyente, reivindica lo que es de interés para todos los trabajadores; o se celebra como una fiesta en honor del trabajo que es la fuente de la riqueza y la prosperidad social.
En Nicaragua el 1 de Mayo se celebra desde hace 101 años. El año pasado, con motivo del centenario del 1 de Mayo en Nicaragua el historiador del movimiento obrero, Onofre Guevara López, escribió que la primera celebración del 1 de Mayo ocurrió en la ciudad de León, “por iniciativa de la Federación Obrera Nicaragüense dirigida por los obreros artesanos Tranquilino Sáenz y Eleázar Ayestas, asesorados por el poeta Salomón de la Selva.”
De manera que tiene lustre cultural el origen de esta celebración de los trabajadores en Nicaragua, por lo que significó el gran escritor, ensayista y poeta leonés que escribió en vigorosos versos: “La independencia fue para que hubiese pueblo/ y no mugrosa plebe,/ hombres, no borregos de desfile…” Como los que van, forzados la mayoría y voluntarios sólo unos pocos, a los desfiles montados por la dictadura.
Cabe aclarar que aquella primera celebración del 1 de Mayo en Nicaragua, y las siguientes, no tuvieron connotación comunista, pues no eran marxistas-leninistas los líderes gremiales que las organizaron. Las ideas comunistas comenzaron a impregnar al movimiento obrero nacional hasta el surgimiento del Partido Trabajador Nicaragüense, en 1931. Y se desarrollaron a partir de la fundación del Partido Socialista Nicaragüense (PSN), en 1944, que se proclamó marxista-leninista y fue el eslabón del movimiento comunista internacional en Nicaragua.
Desde entonces los socialistas organizaron cada año la celebración del 1 de Mayo, pero no la sectarizaron. Ellos tenían el concepto de que por su propia naturaleza el movimiento sindical debía ser independiente, aunque influido de manera solapada por las ideas socialistas.
En realidad, el sindicalismo de Nicaragua comenzó a perder su independencia gremial hasta que los sandinistas tomaron el poder, en 1979. Ellos de inmediato crearon con criterio político-partidista la Central Sandinista de los Trabajadores y otras asociaciones gremiales sectoriales, de campesinos y asalariados rurales, así como de maestros y empleados públicos en general, y convirtieron la celebración del 1 de Mayo en una jornada revolucionaria de corte sandinista.
Algunos sectores sindicales independientes lograron sobrevivir, pero reducidos y en condiciones muy desiguales. El movimiento sindical en general perdió su independencia y ahora está todavía peor, sometido absolutamente al poder dictatorial según el anacrónico concepto marxista-leninista, de que los sindicatos deben de ser correas de transmisión del poder político de “la vanguardia” revolucionaria o comunista. Dicho con otras palabras, que deben estar al servicio de la camarilla gobernante como es evidente en Nicaragua.
Inclusive, a principios de este año la dictadura sacó a Nicaragua de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que es el organismo funcional de las Naciones Unidas en el ámbito de las relaciones del Estado con los empresarios y los trabajadores. Y lo sacó porque la OIT decidió investigar las violaciones del régimen a los derechos fundamentales de los trabajadores, entre otros los de libertad de asociación, de independencia sindical y libre negociación de convenios colectivos.
De manera que el 1 de Mayo en Nicaragua ha venido a ser un infeliz día de los trabajadores. La dictadura se lo apropió para sus fines y lo celebra como fiesta oficial, pero falazmente, porque explota, manipula y somete sin misericordia a los trabajadores.