El exmandatario Ricardo Martinelli y el presidente panameño José Raúl Mulino. LA PRENSA
Caso Martinelli genera varias hipótesis
La situación ha desatado una ola de especulaciones y tensiones diplomáticas: mientras el régimen de Daniel Ortega alega una “emboscada” por parte de Panamá, el propio Martinelli afirma que no salió por temor a un supuesto intento de asesinato
El pasado 3 de abril venció la extensión del salvoconducto otorgado por el presidente panameño José Raúl Mulino al expresidente Ricardo Martinelli, asilado en la Embajada de Nicaragua en Panamá. Sin embargo, en torno al salvoconducto y a la negativa de Nicaragua de recibir al exmandatario han surgido diversas especulaciones. Algunas apuntan a que Martinelli en realidad no deseaba salir de la embajada nicaragüense, donde ejerce influencia política en la administración de Mulino, mientras que otras interpretaciones lo consideran una “traición” del régimen sandinista hacia el exmandatario.
El pasado 27 de marzo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Panamá anunció que había otorgado un salvoconducto a Martinelli, condenado a 10 años de prisión por blanqueo de capitales. Este documento fue extendido el 31 de marzo por 72 horas más.
El 4 de abril, aunque inicialmente había aceptado el salvoconducto, Martinelli afirmó que no salió rumbo a Nicaragua porque, según él, lo querían matar, refiriéndose a las autoridades panameñas.
“Era una vil trampa la que me estaban tratando de hacer. Por un lado me estaban dando una supuesta salida y, por otro, me querían joder inventándome una serie de cosas. Con esta gente no se puede confiar. Como no tienen palabra, tampoco son leales. Son gente que te la hace a la entrada o a la salida. Lo que me querían hacer era matarme”, dijo Martinelli.
LA PRENSA envió consultas a la Cancillería de Panamá, pero hasta el cierre de este artículo no se había recibido respuesta.
Mi humilde opinion y mil gracias al hermano pueblo de Nicaragua . Sigo asilado politicamente esperando que algun dia haya justicia en Panamá @somosrmpapic.twitter.com/rTLtpA2qVt
A criterio del especialista en relaciones internacionales, Carlos Murillo Zamora, detrás de la negativa del régimen Ortega-Murillo de aceptar a Martinelli podría haber una confabulación para que el exmandatario no salga de Panamá y continúe ejerciendo influencia política.
“Yo siempre he dicho que la intención de Martinelli, desde que entró ahí, fue esperar el cambio de presidente en Panamá, con la esperanza de que el nuevo mandatario lo perdonara y pudiera salir. Yo no concibo que Martinelli realmente quiera refugiarse en Managua”, dijo Murillo Zamora.
El analista añadió que Martinelli parece contar con todas las comodidades dentro de la embajada nicaragüense en Panamá, lo que facilitaría su permanencia.
“Yo creo que ahí hay otros intereses en juego que no están claros. Y, por lo menos, yo no he visto a Martinelli exigiendo públicamente respeto a su integridad ni reclamando que, si ya le habían dado el salvoconducto, debieron dejarlo salir. Por eso digo que esto se parece más a una novela política que a otra cosa”, añadió.
Carlos Murillo, exdiplomático costarricense. ARCHIVO
Segunda posibilidad: ¿traición de Nicaragua a Martinelli?
Para el analista panameño Euclides Tapia, Martinelli no desea quedarse en Panamá, y considera que lo ocurrido es una “traición” por parte del régimen Ortega-Murillo.
“Entonces, ¿quién ha fallado aquí? Ortega. Mulino cumplió: le dio el salvoconducto. El que está incumpliendo es Ortega. El que lo está traicionando es Ortega. Pero Martinelli se presta al juego, porque no quiere enfrentarse públicamente con Ortega. Si lo hace, la pelea sería directa contra él, y eso es lo que está evitando”, dijo Tapia.
Tapia también señaló que, aunque el presidente Mulino ha negado que Nicaragua esté chantajeando a Panamá con el asilo a Martinelli, el régimen estaría presionando por la representación en la Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).
Euclides Tapia. Foto: Cortesía.
Mulino niega chantajes
El pasado 30 de enero, en conferencia de prensa, Mulino afirmó que su gobierno sostendría conversaciones con la nueva embajadora de Nicaragua en Panamá, Jessica Padilla Leiva, para tratar el tema del salvoconducto a Martinelli.
En esa ocasión, analistas como Edwin Cabrera dijeron a LA PRENSA que era muy probable que el presidente panameño otorgara el salvoconducto.
“Martinelli comienza a convertirse en un estorbo o una piedra en el zapato para el gobierno de Mulino. La respuesta del presidente Mulino me da a entender que hay toda la intención de discutir con la nueva embajadora el salvoconducto, para que se lo lleven a Nicaragua. Creo que es lo que puede pasar”, dijo Cabrera.
El pasado 3 de abril, Mulino reiteró que el régimen Ortega-Murillo no ha planteado ningún chantaje en relación con el salvoconducto.
“Desde entonces, los únicos requerimientos que hemos recibido de manera formal tienen que ver con Interpol y con un documento de la Corte Suprema de Justicia que indica que esta es una decisión estrictamente del Órgano Ejecutivo, sin participación del Órgano Judicial. Todo lo que se ha pedido de forma directa y formal, se ha entregado. ¿De qué depende? No lo sé. Honestamente, no lo sé”, dijo Mulino, descartando también que el régimen esté utilizando el asilo como presión para que Panamá acepte sus candidatos a la Secretaría General del SICA.
Fotografía cedida por el Gobierno de Panamá que muestra al presidente panameño, José Raúl Mulino, hablando durante una rueda de prensa este jueves, en Ciudad de Panamá (Panamá). EFE/ Gobierno de Panamá
Lo dicho por Nicaragua y Panamá sobre el caso Martinelli
El 31 de marzo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua emitió un comunicado en el que aseguró que las autoridades judiciales de Panamá habían emitido una alerta roja de Interpol contra Martinelli, luego de que el poder ejecutivo panameño le otorgara el salvoconducto. Por esta razón, el régimen nicaragüense sostuvo que mientras esa situación no se resolviera, no podría aceptar el traslado del exmandatario, y calificó el hecho como “una emboscada”.
No obstante, el gobierno panameño aseguró que la orden de Interpol no afectaba el salvoconducto. Además, la Policía Nacional informó esa misma mañana que había descartado incluir a Martinelli en una alerta de Interpol.
Al mismo tiempo, el régimen nicaragüense arremetió contra Panamá, acusándolo de bloquear “el asiento” que le correspondería a Nicaragua en la Secretaría General del SICA. Sin embargo, lo que realmente le corresponde a Nicaragua es proponer candidatos —que han sido rechazados por los demás países—, no ocupar automáticamente un puesto en dicha instancia.
El salvoconducto a Martinelli tenía una vigencia inicial de cuatro días y fue prorrogado por 72 horas más. Finalmente, caducó el 3 de abril, y Panamá responsabilizó al régimen Ortega-Murillo por permitir su vencimiento.
“Como consecuencia de la falta de respuesta, a pesar de que se envió por canales formales toda la documentación solicitada por el Gobierno de la República de Nicaragua, el salvoconducto ha llegado a su término de vencimiento”, señaló el Ministerio panameño de Relaciones Exteriores.
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