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Presidente salvadoreño Bukele alardea de su alianza de «puño de hierro» con Trump

Nayib Bukele se ha convertido en un socio clave para la provocativa política de deportación de migrantes de Donald Trump

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El combativo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se ha convertido en un socio clave para la provocativa política de deportación de migrantes de su homólogo estadounidense Donald Trump, de la que ambos dirigentes esperan obtener rédito.

A través de una serie de videos hábilmente producidos, en los que aparecen hombres tatuados y encadenados bajando de aviones en medio de una fuerte vigilancia, Nayib Bukele se ha ganado la atención y admiración del presidente estadounidense.

«Gracias, presidente Bukele, de El Salvador, por llevarte a los criminales a los que la deshonesta administración de Joe Biden tan estúpidamente les permitió entrar en nuestro país, ¡y darles un lugar tan maravilloso para vivir!», publicó este lunes Trump en su plataforma TruthSocial.

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El mandatario acompañó el mensaje con el último video publicado por Bukele, unas imágenes con una fuerte puesta en escena, altamente militaristas y beligerantes, de migrantes llegando al país centroamericano.

La respuesta de Bukele, de 43 años, no tardó en llegar: «Agradecido por sus palabras, presidente Trump. ¡Adelante juntos!», publicó. 

Para consolidar la relación, ambos se reunirán en la Casa Blanca este mes, adonde Bukele prometió llevar «varias latas de Diet Coke» para su anfitrión, siempre sediento de soda. 

Pero detrás de esta camaradería de tipos duros está la política pura y dura. 

A Bukele, aceptar a cientos de deportados de Estados Unidos le ayuda a «consolidar su imagen de líder que transforma la seguridad en El Salvador», apuntó el analista del Migration Policy Institute, Diego Chaves-González.

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Guerra antipandillas

Desde que llegó al poder en 2019, Bukele ha sometido a la nación de seis millones de personas, otrora sumida en la violencia de las pandillas.  

A golpe de órdenes judiciales y procedimientos, ha encarcelado a casi el 2 % de la población y rebajado la tasa de asesinatos de más de 6,500 anuales a solo 114, según datos oficiales.

La seguridad es la piedra angular de la política de «puño de hierro» que ha hecho de Bukele uno de los políticos más populares del mundo, con una aprobación de más del 85 % en su país. 

Aceptar a los deportados de Trump en la megacárcel Cecot de El Salvador no sólo hizo que Bukele se convirtiera en un amigo en la Casa Blanca, sino que también le ha permitido hacer ostentación del centro penitenciario, con capacidad para 40,000 prisioneros. 

Los videos difundidos por el gobierno de Bukele destacan los austeros muros de hormigón y los guardias que vigilan las instalaciones, con la cara tapada.

La secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, Kristi Noem, incluso visitó el Cecot, posando frente a una celda con hombres muy tatuados.

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«Propaganda»

Para algunos analistas, lo más importante es la brutalidad de estas imágenes. 

Tanto Bukele como Trump han compartido imágenes de prisioneros encadenados, rapados y maniatados, y han rechazado las protestas de jueces y opositores. 

En este sentido, Trump parece hacerse eco del imaginario político de Bukele para captar la atención de sus propios votantes. 

«Esto es una señal de que Trump está interesado en la propaganda de ‘puño de hierro’ y de desobediencia de los fallos judiciales», indicó el analista salvadoreño Napoleón Campos.

Pero este enfoque de mano dura tiene sus riesgos y la Casa Blanca se vio forzada a admitir el martes que, a causa de un «error administrativo», un salvadoreño que vivía en Estados Unidos bajo protección legal se vio inmerso en el proceso de deportación y enviado a la prisión de Bukele. 

Y aún así, una encuesta reciente de CBS mostraba que el 53 % de los votantes, y una aplastante mayoría de los republicanos, respaldan la política migratoria de Trump; un apoyo mayor del que recibe en el plano económico.

Aparte del rédito político para ambos, existe un potencial beneficio económico y de seguridad para Bukele.

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Su gobierno recibió seis millones de dólares por hacerse cargo de los deportados, una «tarifa muy baja» para Washington pero «muy alta» para El Salvador, según Bukele.

También recibió a más de veinte presuntos miembros de alto rango de la pandilla salvadoreña MS-13, que estaban detenidos en Estados Unidos.

Bukele afirmó que esto ayudaría a «concluir la recopilación de inteligencia y a perseguir a los últimos remanentes de la MS-13, incluidos sus antiguos y nuevos miembros, dinero, armas, drogas, escondites, colaboradores y patrocinadores». 

Además, Estados Unidos prometió invertir en El Salvador, un país que tiene una renta per cápita comprable a la de Irak o a la de Ucrania, arrasada por la guerra.

En su visita a la Casa Blanca este mes, Bukele probablemente espere algo más que hermosas palabras a cambio de su apoyo al presidente Trump. 

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