El relevo generacional en Nicaragua: una necesidad impostergable

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La lucha por la democracia en Nicaragua ha estado marcada por la resistencia de una juventud que, desde abril de 2018, dejó claro que el país no puede seguir siendo rehén de la vieja política. Nos levantamos no sólo contra una dictadura, sino contra un sistema corrompido por décadas de pactos, traiciones y errores que han costado sangre, exilio y sufrimiento a miles de nicaragüenses a lo largo de la historia.

Hoy, más de seis años después, seguimos viendo cómo algunos sectores de la política tradicional intentan perpetuarse en los espacios de poder, negándose a dar paso a una generación que ya ha demostrado estar lista para liderar. No porque nos falte preparación, sino porque hay quienes prefieren mantenernos en la sombra, temerosos de que el relevo signifique el fin de sus privilegios y de su influencia. Esto no pretende ser una generalización; es justo reconocer que no todos han actuado con mezquindad. Existen líderes coherentes, aquellos que han entendido que la lucha democrática no puede seguir siendo un círculo vicioso de los mismos de siempre, sino un proceso de apertura y renovación, permitiendo que fluya la fuerza y esencia de una nueva generación dispuesta a darlo todo por sacar al sandinismo del poder.

Es cierto que no podemos ignorar el pasado ni repetir sus errores, pero aprender de él implica asumirlo con responsabilidad. Si los actores tradicionales realmente quieren ser parte de la solución, deben hablar con la verdad, reconocer sus fallas y aciertos y, sobre todo, dejar de obstaculizar el avance de los nuevos liderazgos. Nicaragua ya no puede darse el lujo de seguir apostando por estrategias fallidas, ni por los mitos bélicos perpetuados por el adoctrinamiento político del FSLN, ni por liderazgos que han demostrado ser incapaces de generar una alternativa viable que no recuerde a la ciudadanía que el problema no es sólo culpa de Ortega-Murillo.

No se trata de una disputa generacional ni de una visión victimista en la que los jóvenes reclamemos privilegios. Muchos hemos construido nuestros propios espacios, arrebatado otros y denunciado lo que debía ser denunciado. Se trata de un imperativo político: si queremos una oposición fuerte, articulada y con visión de futuro, es hora de darle el protagonismo a quienes sí tienen la energía, la capacidad y la voluntad de transformar el país. La lucha no puede seguir en manos de quienes han fallado una y otra vez; es momento de que los jóvenes asumamos con firmeza nuestro rol en la historia.

El relevo generacional no es una opción, es una obligación para la supervivencia de la lucha democrática. No queremos ser convidados de piedra ni piezas decorativas en la oposición. La juventud ha demostrado que tiene el coraje, la inteligencia y la determinación para liderar. Es tiempo de tomar las riendas sin titubeos y con la certeza de que el futuro de Nicaragua nos pertenece. Y lo construiremos con o sin el aval de quienes insisten en aferrarse a un pasado que ya no tiene cabida en la nueva Nicaragua que estamos forjando.

El autor es activista político exiliado, directivo y vocero de Avanza Nicaragua.

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