VOA

Logotipo de la voz de América en sus inicios en los años 40. LA PRENSA/ARCHIVO

El paso de la VOA por Nicaragua: atravesó montañas y desafió la censura orteguista

Donald Trump silenció a la VOA, una agencia de noticias que tiene su historia en Nicaragua. Desde hace décadas se escuchaba en las zonas remotas del país y dio cobertura a la crisis política, lo cual le costó el exilio a sus periodistas.

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Siempre lo tuvo claro: el periodismo era un oficio de peligro. Y Donaldo Hernández lo comprobó por experiencia propia. En Nicaragua supo que ser periodista era caminar en la cuerda floja entre el deber de informar y el riesgo de desaparecer. O terminar en el exilio, como él.

Desde 2018, cuando estalló la crisis sociopolítica que dejó más de 350 asesinatos y miles de exiliados por la represión de la dictadura Ortega Murillo, Hernández se convirtió en la voz de la Voz de América (VOA) en su país.

Junto a su colega Houston Castillo cubrió las protestas. Entrevistó a las víctimas, consultó a las autoridades, caminó entre los tranques, vio cadáveres, sangre, fuego, humo, balazos, escribió y transmitió el horror sandinista al mundo.

Hoy, por primera vez en siete años, la VOA está en silencio. Y Donaldo también.

Pero antes de Hernández, antes de los micrófonos digitales y las transmisiones en redes, esa voz poderosa cruzaba montañas y llegaba a lugares recónditos de Nicaragua.

Luis Adán Fley era apenas un niño cuando su padre lo despertó en la oscuridad de una madrugada gélida para llevarlo a conocer la radio.

Caminaron una hora entre cafetales humedecidos y caminos de piedra hasta llegar a Fila Grande, al rancho de Justo Arceda, el vecino más próximo, a cinco kilómetros montaña adentro de la finca familiar El Guapotal, en las serranías profundas de Matagalpa.

Allí, en ese rancho humilde donde no llegaba la electricidad, Justo poseía un artefacto prodigioso: una radio de baterías. De ella brotaban voces, música y anuncios de productos que Luis Adán, nacido en 1951, nunca había visto, oído y menos conocido. Hablaban de guerras en países que no sabía que existían, de cosas del mundo que no imaginaba que pudieran ocurrir.

Don Federico Fley, el padre de Luis iba religiosamente cada sábado, después de faenar en sus tierras de El Tuma-La Dalia, a escuchar las noticias de la VOA que la radio de Justo Arceda captaba en una frecuencia internacional.

Luego regresaba al rancho familiar y contaba lo escuchado como quien trae relatos de otro universo: estalló una guerra en Corea; inventaron un vehículo con hélices que es más ágil que un avión; hubo un terremoto en Irán; en China los niños están muriendo de hambre.

Aquella radio del vecino era, para don Federico y su familia, la ventana que lo conectaba con el mundo.

Una tarde, el señor le dijo a su hijo que había oído que en Cuba, una isla cercana y a la vez distante de Nicaragua, se había instalado una revolución comunista. “Eso no me gusta”, murmuró. “Presiento que de ahí vendrán cosas malas”.

Su temor fue una premonición. Años más tarde, Nicaragua viviría su propia revolución con influencia cubana y una sangrienta guerra civil marcaría a una generación entera, incluyendo a la familia Fley.

Luis Fley creció junto a la guerra. Y cuando le tocó elegir bando, se fue a la montaña, como lo hizo su padre con él aquella madrugada. Pero esta vez, lo hizo con un fusil al hombro y un pequeño radio transistor del tamaño de una cajetilla de cigarrillos en el bolsillo.

Durante casi 10 años de guerra, aquel pequeño radio Panasonic de nueve bandas y antena integrada, fue también la ventana por la cual Luis Fley, para entonces comandante Johnson, se enteraba de las noticias del mundo.

Desde las montañas del norte de Nicaragua, como jefe combatiente de la Contra, escuchaba por la noche la señal de la VOA cuando había oportunidad de relajarse un rato en los campamentos, lejos de las emboscadas y bombardeos del ejército sandinista.

Esperaba con ansias los noticieros pues quería saber si el mundo hablaba de Nicaragua, si en Washington se discutía la paz, si alguien, en algún lugar del mundo, los apoyaba. Primero oía radio 15 de Septiembre, la voz de la Resistencia de Nicaragua que operaba clandestina desde Honduras para informar al campesinado en territorio nica y luego, cerca de las 7:00 de la noche cuando el silencio de la montaña era casi total, buscaba la señal de la VOA.

Aquella emisora era su único puente con el mundo, su consuelo y su brújula, recuerda. “Escuchar que allá afuera alguien decía la verdad nos hacía sentir menos solos”, recordaría años más tarde Fley.

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VOA años 50
Durante más de ocho décadas la VOA ofreció diferentes servicios noticiosos al mundo, en diferentes idiomas. LA PRENSA/ARCHIVO

El cierre de la VOA

La administración del presidente Donald Trump ordenó este mes el cierre de la Agencia de Estados Unidos para los Medios Globales (USAGM, por sus siglas en inglés), organismo que supervisa la VOA y otras plataformas de medios financiadas por el gobierno estadounidense, como Radio Europa Libre, Radio y Televisión Martí, y Radio Libertad.

La decisión, emitida mediante orden ejecutiva, forma parte de un plan más amplio para desmantelar siete agencias federales bajo el argumento de ahorrarle recursos al Estado.

Aunque presentada como una medida administrativa, el cierre de la VOA —una emisora con más de 80 años de trayectoria— ha generado preocupación internacional por el impacto que puede tener en regiones donde el acceso a la información libre es restringido o inexistente. Como en Nicaragua.

Con emisiones en 49 idiomas y una audiencia estimada en 361 millones de personas a la semana, la VOA había sido una fuente clave de noticias para todos esos oyentes alrededor del mundo, particularmente en países con regímenes autoritarios.

Fundada en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, la Voz de América nació como una herramienta de diplomacia pública y comunicación estratégica para contrarrestar la propaganda nazi.

Su lema, “decir la verdad”, guió décadas de transmisiones durante la Guerra Fría y más allá, consolidando su papel como canal informativo en contextos de censura, represión o conflicto armado.

En América Latina, y especialmente en países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, la emisora había mantenido una cobertura constante de los desafíos políticos y sociales, incluyendo denuncias de violaciones a los derechos humanos, represión contra periodistas y procesos electorales irregulares.

Sus corresponsales en el terreno —como Donaldo Hernández y Houston Castillo en Nicaragua— han documentado desde protestas hasta desastres naturales, ofreciendo una visión alternativa a la narrativa oficialista.

La USAGM empleaba a más de 2,000 personas en todo el mundo, entre periodistas, técnicos y personal de producción.

Además de su sede en Washington, contaba con corresponsales y colaboradores en múltiples regiones y mantenía una red de emisoras locales asociadas. Sus contenidos, disponibles en radio, televisión y plataformas digitales, eran utilizados por medios nicaragüenses sin costo alguno, dada la precariedad económica del sector independiente.

Fachada del edificio de la VOA
La administración de Donald Trump alega que el cierre de la VOA y varias agencias, obedece a un recorte de gastos del Estado. LA PRENSA/CORTESÍA

El impacto en Nicaragua

Según analistas y organizaciones, como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el cierre de la VOA —aunque temporal— representa un golpe al flujo de información en contextos autoritarios. La SIP calificó la medida como un retroceso en materia de derechos informativos y alertó sobre sus repercusiones en la lucha por la libertad de prensa.

“El cierre de la VOA en Nicaragua tiene un impacto directo en el ya reducido espectro de los medios de comunicación independientes, este golpe no sólo limita el acceso a información veraz y plural, sino que también puede favorecer el monopolio informativo del régimen Ortega Murillo”, dice Guillermo Medrano, director ejecutivo de la Fundación por la Libertad de Expresión y la Democracia (FLED).

Según él, con el cierre de la VOA, ocurren tres situaciones: uno es la reducción del pluralismo informativo, con la censura, el cierre forzado y confiscaciones de medios de comunicación en Nicaragua, la persecución y el exilio de periodistas. “Su cierre deja un vacío en la diversidad informativa de Nicaragua”, lamenta.

El otro aspecto es que al cerrarse este canal informativo, en Nicaragua puede fortalecer el control de la narrativa oficialista en el país: “La VOA era una alternativa noticiosa con una visión crítica, el régimen de Nicaragua ha usado la censura para fortalecer su hegemonía mediática y la salida de la Voz de América puede facilitar que esa narrativa oficial tenga menos contrapeso al desaparecer una propuesta informativa más veraz”, dice.

Para Medrano, el cierre de la VOA tiene mayor impacto en Nicaragua que cuando la dictadura ordenó cerrar la transmisión de CNN en la parrilla de canales de cable y bloqueó su acceso en internet.

Es peor, dice, porque las audiencias con algunas maniobras podían acceder al portal de CNN y ver sus noticieros o monitorearlos en redes sociales, pero en el caso de la VOA, su cierre significa la falta de producción de contenido. Es decir, un silencio total.

Y así se puede ver en su portal. Las últimas noticias actualizadas son del 14 y 15 de marzo. Igual que en sus redes sociales: totalmente apagadas.

Lea además: La clausura de la radio Voz de América

Compañía en el sur

“Yo crecí en un pueblo muy pequeño en San Juan del Sur, y la única radio que llegaba a ese puerto era la Voz de América, a través de un radio de onda corta. Y yo me acuerdo todos los días de mi mamá oyendo la VOA y otras estaciones, pero la Voz de América era lo que más se escuchaba, además del periódico LA PRENSA que obviamente llegaba a nuestra casa”, recordó Juan Lorenzo Holmann, gerente general de LA PRENSA, en entrevista a NTN24 en Virginia, Estados Unidos.

Para algunos, la señal de la VOA era algo más que noticias: era compañía, era resistencia y en algunos casos, un aliado estratégico de la guerra.

Lo sabe “Berto”, un campesino canoso del sur de Nicaragua que combatió contra la Guardia Nacional de la dictadura familiar de los Somoza en los años setenta y luego como guerrillero de la Contra en los años ochenta, esta vez contra los sandinistas, en la frontera con Costa Rica.

En sus noches de guardia, con una radio National de baterías AA, «Berto» sintonizaba la onda corta para escuchar a la VOA, igual que los sandinistas lo hacían en las montañas del norte cuando luchaban contra Somoza.

Era la única manera de saber qué pasaba en el mundo, qué se decía afuera, qué futuro era posible imaginar.

“En las ciudades Somoza censuraba a la radio, a LA PRENSA, sólo las radios de los somocistas se permitían escuchar y la VOA en cierto modo era una opción para estar informado del mundo y de Nicaragua”, dice desde Costa Rica, donde vive en anonimato su segundo exilio.

Combatiente bajo las órdenes del otrora respetado “comandante Cero”, Edén Pastora, “Berto” se volvió un conocedor de las comunicaciones en clave y desde la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE), cuyos campamentos se ubicaban en Costa Rica al otro lado del río San Juan, enviaba notas de prensa a los corresponsales de la VOA en San José para “camuflar” algún mensaje clave a sus tropas atrincheradas en el sur de Nicaragua.

“En ese entonces teníamos un departamento de prensa que monitoreaba las noticias nacionales e internacionales a modo 24/7, y una amplia red de medios a quienes les enviábamos nuestras notas de prensa y comunicados”, recuerda.

“Edén era bien vivo en ese sentido, sabía que los corresponsales internacionales que estaban en Costa Rica cubriendo la guerra de Nicaragua se entusiasmaban por entrevistarlo, y en varias ocasiones aprovechó a la VOA para encriptar mensajes y enviarlos a sus tropas desperdigadas en el Sur”, recuerda “Berto”.

Estudios de la VOA en Estados Unidos en los años 60.
Estudios centrales de la VOA en Estados Unidos en los años 60. LA PRENSA/ARCHIVO

VOA y 2018

Donaldo Hernández era reportero del canal de televisión 100% Noticias en Managua allá por 2017, cuando la VOA envió un equipo de periodistas a Nicaragua para investigar las primeras denuncias de abusos de la dictadura de los Ortega Murillo, atornillados al poder desde 2007.

Los periodistas extranjeros buscaron apoyo con 100% Noticias y su jefa de prensa, Lucía Pineda, asignó a Donaldo para que acompañara a los enviados de la VOA en su cobertura y desplazamiento por Nicaragua.

Esa cercanía germinó en una colaboración que rindió frutos cuando estallaron las protestas de abril de 2018 y la dictadura ordenó ejecutar masacres y operaciones de represión con policías, paramilitares, soldados y fanáticos sandinistas.

La VOA consideró abrir una plaza para un equipo de corresponsal y reportero gráfico, para darle cobertura a la crisis; tras una competencia con otros aspirantes, Donaldo Hernández y su colega Houston Castillo comenzaron a trabajar para el servicio en español de la VOA en Nicaragua, en septiembre de 2018.

Fueron los primeros corresponsales de la VOA en Nicaragua en décadas. Y los últimos.

Desde el estallido de la crisis, la VOA se convirtió en una voz constante al grado de abrir una sección exclusiva, dentro de las noticias internacionales, para cubrir Nicaragua.

“Nosotros no llegábamos con militancia ni agenda. Llegábamos con la libreta, con el micrófono y con la obligación de contar lo que veíamos, con el rigor profesional de la VOA. Éramos de los pocos que le llamábamos presidente a Ortega”, dice Hernández.

Esa cobertura le costó amenazas, persecución y finalmente el exilio a Donaldo y Houston, quienes hicieron su última cobertura en Nicaragua en diciembre de 2021. Ese mes fue el último que estuvieron en su país.

Quizás por eso, el cierre de la VOA a Donaldo le duele tanto. Porque se apaga algo más que una frecuencia: se apaga una tradición que nació en la guerra fría, que cruzó los años de la revolución y la contrarrevolución, que sobrevivió al colapso del periodismo tradicional y a los algoritmos de las redes sociales.

Donaldo Hernández no sabe qué vendrá. Tal vez la VOA vuelva. Tal vez no. Pero lo que sí sabe es que, mientras existió, fue mucho más que un trabajo. “Fue una manera de decirle al mundo: aquí seguimos contando”.

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COMENTARIOS

  1. Hace 1 año

    En total desacuerdo de que se haya cancelado La Voz de America. Esta estacion radial era un faro de esperanza para aquellos individuos que se encuentran bajo botas dictatoriales como Nicaragua, Cuba y Venezuela. Es como si se hubiera cancelado la transmision de medianoche de la BBC desde Londres para todo el planeta durante la Segunda Guerra Mundial. La BBC comunicaba esperanza a todos los seres humanos bajo la bota de la Alemania Nazi.

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