La clausura de la radio Voz de América

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El pasado sábado 15 de marzo la radioemisora internacional Voz de América (VOA) apagó sus transmisores. Esperamos que no sea para siempre.

Decenas de miles de personas en Latinoamérica y el Caribe han dejado de oír sus informaciones de calidad, y de impregnarse con los valores de libertad, democracia y derechos humanos que transmitía todos los días.

Por supuesto que la VOA no ha desaparecido voluntariamente, ni porque la gente quería dejar de oírla en las muchas partes donde la escuchaban.

No. La VOA desapareció porque el gobierno de Donald Trump la mató con la siniestra motosierra de Elon Musk, que lo mismo corta gastos burocráticos innecesarios y hechos de corrupción, que cercena empleo público necesario y deja sin salarios a mucha gente necesitada de ellos. Y con una ferocidad despiadada cancela programas sociales, humanitarios y de promoción de los derechos humanos y la democracia.

Al parecer Trump odia la libertad de expresión y de información que siempre ha sido un faro de EE. UU. Y la que al menos de manera formal protege la Declaración Universal y demás convenciones internacionales de derechos humanos.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en su carácter de principal institución de las Américas que practica y defiende la libertad de información, ha protestado enérgicamente por esa torpe decisión del gobierno de Trump. La califica como “un acto de censura e intimidación que vulnera la libertad de prensa consagrada en la Constitución de Estados Unidos”.

El presidente de la SIP y presidente director de La Prensa Gráfica de El Salvador, José Roberto Dutriz, ha señalado que la decisión de Trump “no solo afecta a los periodistas de estos medios (todos los clausurados por los recortes de la motosierra de Musk), sino a millones de ciudadanos que dependen de estos servicios para acceder a información importante que sus gobiernos quieren ocultar”.

Por su parte, Michael Abramowitz, quien era director de la ahora liquidada VOA, expresó que esta radioemisora ha promovido “la libertad y la democracia contando la historia de Estados Unidos y proporcionando noticias e información objetivas y equilibradas, especialmente para aquellos que viven bajo tiranía”.

Hay que saber que la acción liberticida de Trump no ha sido sólo contra la VOA. Él ha cerrado la Agencia Estadounidense para los Medios Globales (USAGM, por sus siglas en inglés), que junto con la VOA agrupa o agrupaba también a Radio Free Europe (Radio Europa Libre) que transmitía para Europa central y del este; Radio Free Asia (Radio Asia Libre), destinada al este asiático y especialmente a países como China y Corea del Norte; y Martí Noticias, que difundía en español información general y especializada para Cuba.

Según la agencia de prensa Associated Press (AP), más de 420 millones de personas, en los países de todo el mundo sojuzgados por regímenes autoritarios que no permiten la libertad de expresión y de prensa, escuchaban todos los días las informaciones objetivas y orientadoras de la VOA y las otras radioemisoras mencionadas. Toda esa gente ha sido castigada por Donald Trump a vivir ahora en la absoluta oscuridad informativa.

Como ha dicho también Carlos Jornet, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP y director de La Voz del Interior, de Argentina, “es alarmante ver cómo una democracia consolidada como la de Estados Unidos decide restringir a una agencia de medios que brinda información independiente y plural en países con regímenes autocráticos”.

A nosotros, víctimas directas de la represión de una dictadura implacable, nos indigna que Trump con sus medidas contra la libertad de expresión y de prensa legitime de hecho las políticas represivas de regímenes autoritarios como los de Nicaragua, Cuba y Venezuela. Y nos preguntamos qué pensará sinceramente de esto el secretario de Estado, Marco Rubio, quien no hace mucho calificó como “enemigas de la humanidad” a las tiranías ahora favorecidas por las acciones contra la libertad de su presidente Donald Trump.

Editorial
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