Dos imágenes que registran las dos últimas procesiones de la Sangre de Cristo entrando a la catedral metropolitana un Viernes Santo. La de la izquierda fue el 19 de abril de 2019, antes de la pandemia del Covid-19 y del atentado que sufrió la imagen. La de la derecha fue el 15 de abril de 2022, con la imagen calcinada sobre una urna de cristal y junto a una pintura de la misma. LA PRENSA/ ARCHIVO / ÓSCAR NAVARRETE

La última procesión de la Sangre de Cristo

Hace casi cinco años, la imagen fue calcinada por un hombre que le arrojó una bomba molotov y ahora el Cristo crucificado también es víctima de la persecución religiosa que sufre la Iglesia en Nicaragua.

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La última vez que la imagen de la Sangre de Cristo recorrió en procesión las calles de Managua fue el Viernes Santo de 2019. Ese día era 19 de abril. El país cumplía un año de crisis, a raíz de las protestas en contra de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Durante la peregrinación, muchos católicos llevaban cruces de color negro y encima banderas azul y blanco, como señal de luto por las personas asesinadas por la dictadura en las manifestaciones.

La romería inició frente al Colegio Teresiano, en Carretera a Masaya. Ese era el tradicional punto de concentración para dicha actividad religiosa. Se formaron varias cuadras de feligreses, a pesar de que ya existía temor a la represión que venía ejerciendo la Policía, que en todo momento asedió a los católicos.

La imagen, rodeada de millares de devotos, llegó sin sufrir percances a la entrada de la Catedral metropolitana, donde recorrió sus patios antes de ingresar al templo a través de las puertas principales. Con pañuelos en las manos, los parroquianos se despidieron de la imagen.

Al lado derecho de la entrada a la Catedral se colocaron las madres y familiares de las víctimas asesinadas en la rebelión de abril de 2018 a manos de la Policía y los paramilitares del régimen Ortega Murillo. Los deudos, que también portaban cruces negras con banderas azul y blanco, lanzaron confetis del mismo color y exigieron paz y justicia, mientras se despedían de la Sangre de Cristo. Nadie de los presentes sospechaba que esa sería la última vez que verían intacta a la imagen.

Un año después el mundo entero fue sacudido por la pandemia de covid-19, que obligó a suspender todo tipo de aglomeraciones, incluidas las actividades religiosas de la Semana Santa de 2020.

La Iglesia y los católicos nicaragüenses sufrieron poco después otra estocada a su devoto corazón. El 31 de julio de 2020, un hombre lanzó una bomba artesanal, conocida como molotov, dentro de la capilla de la Sangre de Cristo, provocando un incendio que consumió a la imagen casi en su totalidad, pues la misma resultó severamente deteriorada.

La silueta de la Sangre de Cristo, bastante calcinada, quedó siempre sostenida a la cruz, pero el rostro se desprendió. Actualmente se conserva en una urna de cristal.

En la Semana Santa del 2021, la imagen quedó confinada por la pandemia y fue hasta 2022 que, dañada, pues no se ha podido restaurar, salió a los alrededores del monumento Alexis Argüello, donde miles de católicos la esperaron ansiosos hasta que la vieron aparecer dentro de la urna sobre una gran peaña de madera, transportada en una rastra.

Con mucho esmero bajaron la peaña de madera, cargada por unas 30 personas. La imagen estaba al pie de una pintura de la Sangre de Cristo enmarcada en madera fina y tallada de forma artesanal.

Los feligreses doblaron rodilla ante el paso de la calcinada imagen. Hubo llantos, oraciones y vivas a la Sangre de Cristo, en demostraciones de fe y cristiandad. Esa fue la última procesión, ya con la imagen destruida.

Desde entonces los dictadores han prohibido todo tipo de manifestación religiosa en el país, robándole al pueblo las tradiciones cristianas, pero no han podido robar ni doblegar la fe de los católicos nicaragüenses.

Una multitud de fieles católicos acompañan la tradicional procesión de la Sangre de Cristo, el Viernes Santo de 2019. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Un par de cruces negras con una bandera de Nicaragua como símbolo de luto por las víctimas asesinadas en la rebelión de abril de 2018. Al fondo, la imagen de la Sangre de Cristo antes de iniciar su recorrido frente al Colegio Teresiano. LA PRENSA/ ARCHIVO/ÓSCAR NAVARRETE
La última procesión de la Sangre de Cristo aún intacta y que los católicos acompañaron el viernes 19 de abril de 2019. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Durante la procesión del Viernes Santo de 2019, familiares de las víctimas asesinadas por los dictadores participaron con banderas de Nicaragua, a pesar del asedio policial. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Una promesante de la Sangre de Cristo porta una bandera blanca como símbolo de la necesidad de paz en Nicaragua. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Una mujer, representando un pastor con su oveja, espera la llegada de la procesión de Viernes Santo en las puertas de la Catedral metropolitana, mientras otra mujer ora por las víctimas de la rebelión de abril de 2018. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Una panorámica de los católicos acompañando la procesión de la Sangre de Cristo el viernes 19 de abril de 2019. LA PRENSA/ ARCHIVO / ÓSCAR NAVARRETE
Susana López, madre de Gerald Vásquez, asesinado por la Policía y paramilitares orteguistas, junto a familiares de víctimas asesinadas por la dictadura, exigen justicia y reparación durante la llegada de la imagen de la Sangre de Cristo a la Catedral metropolitana, el viernes 19 de abril de 2019. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Después de la procesión de la Sangre de Cristo, la Policía confrontó a los asistentes en los patios de la Catedral por más de dos horas, tras haberlos asediado durante todo el trayecto de la romería. LA PRENSA/ ARCHIVO / ÓSCAR NAVARRETE
La imagen de la Sangre de Cristo a su llegada a la Catedral metropolitana después de recorrer la vía sacra el viernes 19 de abril de 2019. LA PRENSA/ ARCHIVO / ÓSCAR NAVARRETE
La imagen de la Sangre de Cristo puesta en el altar mayor de la Catedral y celebrada el Viernes Santo de 2020 por el cardenal Leopoldo Brenes y un reducido grupo de sacerdotes, debido a las medidas preventivas de salud durante la pandemia de covid-19. LA PRENSA/ ARQUIDIÓCESIS DE MANAGUA/ LÁZARO GUTIÉRREZ
La imagen de la Sangre de Cristo tras el atentado perpetrado por un hombre el 31 de julio de 2020. La imagen de Cristo crucificado se sostuvo siempre en la cruz, a pesar de quedar totalmente carbonizada, al igual que el rostro que se desprendió y que se conserva en una urna de cristal. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
En su reaparición en la Semana Santa de 2022, lo que quedó de la imagen de la Sangre de Cristo, el rostro calcinado dentro de una urna de cristal, apareció junto a una pintura de ella en un arco de madera fina, labrada y tallada de forma artística. Los fieles católicos que acompañaron los restos de la imagen en su recorrido lloraron por la impresión de tener nuevamente a su sagrada imagen entre ellos, manteniendo intacta su fe. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
La peaña con el rostro calcinado de la imagen, junto a una pintura de la Sangre de Cristo, ingresa a la Catedral metropolitana el viernes 15 de abril de 2022, la última vez que la imagen hizo su recorrido tradicional debido a las persecuciones y prohibiciones de los dictadores en contra de la iglesia y el pueblo católico de Nicaragua, sometiéndolos a sus caprichos de odio, pero sin poder doblegar su fe. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE.

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